¿Por qué seguir leyendo hoy “Las flores del mal”? Más aun… ¿por qué seguir editando hoy “Las flores del mal”?

La primera pregunta tiene respuesta fácil, amigos… porque son uno de los mayores poemarios que se hayan escrito nunca. Para quien esto firma directamente el mejor. Maravilla tras maravilla, una nueva forma de expresión, una precisión absoluta con el lenguaje, una forma de contar las cosas, los aires, los sentimientos, que aun nos llega (y ojalá llegase más, a ver si se callaban por pura vergüenza esos que se hacen llamar “poetas de redes sociales”). La obra de Baudelaire sigue viva, porque nunca dejará de estarlo. Sumen a eso la incorporación de ciertos clichés y elementos propios que incluso aparecen en el lenguaje del día a día (esos spleen) y símbolos que hasta reconocen los youtuber (es un decir, ojo, no hagan la prueba o acabarán llorando), como ese albatros rey del azur…

(Ah, además hay gatos… muchos gatos. Y los gato están de moda).

Aclarado esto nos queda la segunda cuestión. Por qué editarlo de nuevo. Porque anda que no hay ediciones de “Las flores del mal”, Servidor tiene sus buenas dos docenas, en distintos idiomas, oigan. Luego que si no entro en casa, pero esa es otra cuestión. A lo que íbamos. Que solo hay una causa válida para reincidir en el asunto… hacer algo nuevo, atractivo y diferente. A los amigos de Nórdica Libros les ha quedado genial, ¿eh?

Traducción de Carmen Morales y Claude Dubois. Traducción respetuosa, por cierto, nada de hacer cuadrar rimas forzando y dejando el tema como si fuesen ripios de cualquier cantautor canallita. No, no… cariño y… eso, respeto. Por Baudelaire (que lleva muchos años muerto pero calzaba mala hostia, así que lo mismo vuelve en forma fantasmal) y por el lector, que no es tonto. Ah, al final del volumen aparecen los originales, que es también cosa muy así, como de agradecer, y debería ser algo totalmente obligatorio en depende qué libros, pero no se ve tanto como uno desea, y por eso, mira, aquí queda por escrito. Gracias.

«Dibujos sutiles, apenas brochazos que en ocasiones recuerdan a los contemporáneos de Baudelaire, ese grupo de franceses y adosados que se empeñaron en reconstruir la pintura occidental desde su misma base»

Claro que no es lo que más destaca, para qué engañarnos. No, eso son las ilustraciones. “Las flores del mal” ilustradas, amigos. En rojos, y negros, y ocres, y amarillos de amanecer sobre la cubierta del barco. Dibujos sutiles, apenas brochazos que en ocasiones recuerdan a los contemporáneos de Baudelaire, ese grupo de franceses y adosados que se empeñaron en reconstruir la pintura occidental desde su misma base. Una auténtica maravilla que suma misterio al misterio, reflexión a la reflexión. Obras que dialogan, charlan y ríen, como dos viejos amigos que llevaban demasiado sin verse…

Por qué seguir editando a Baudelaire hoy en día… para no perdernos maravillas como estas, amigos…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here