En esta reveladora entrevista, Mónica de Cristóbal nos lleva a un viaje a través de su última novela, donde explora temas de culpa, responsabilidad y la complejidad de las relaciones familiares. Reflexiona sobre la importancia de la corresponsabilidad en la crianza y cómo esto se relaciona con el sentimiento de culpa de su protagonista. Mónica también comparte su experiencia en la promoción de su libro, su conexión con los lectores, y sus emocionantes proyectos futuros, que incluyen la continuación de la historia de Celia y un nuevo trabajo que aborda el suicidio. A lo largo de la conversación, Mónica nos invita a considerar la magia de las palabras y la luz que pueden traer a nuestras vidas.
Imagina que miras libros en la librería y alguien te pide alguna recomendación, ¿por qué dirías que tienen que comprar tu novela?
Pues porque es un libro que trata un tema muy actual y, al mismo tiempo, bastante desconocido. Por un lado, todos estamos expuestos a procesos judiciales o somos susceptibles de tener juicios a lo largo de nuestra vida. ¿Quién no se separa, quién no tiene un destino complicado, quién no enfrenta un problema con un alquiler que sale mal? Es algo que puede pasarnos a cualquiera. Y, bueno, el mundo del abogado con toga, como yo digo, es bastante desconocido.
El abogado que va a juicio, lo que le sucede, todo lo que tenemos que investigar, cómo debemos trabajar con el cliente… También a nivel emocional. Para un abogado, los casos no son iguales, pero para él no son algo extraordinario. Sin embargo, una persona suele separarse una vez, o ser despedida una vez, o tener un juicio una vez en la vida. Entonces, por esa razón, creo que el libro es muy atractivo porque ofrece la visión del abogado de toga, del día a día, y es una visión muy real.
Mencionas que es un tema muy real, ¿puedes profundizar un poco más?
Sí, es un tema muy real, a pesar de que en ocasiones es durísimo. Por ejemplo, que te asignen el caso de una madre que mata a sus hijos… Es un tema muy real, aunque sea estremecedor. Y también diría que deberían comprarlo porque, además de todo esto, en el libro hay misterio y muchas otras que invitan a la reflexión.
Al final, el libro tiene una denuncia sobre algo en lo que nadie, absolutamente nadie, está poniendo atención, y sin embargo está ahí. He utilizado el libro como una especie de arma legal, fíjate. En vez de interponer una demanda para denunciar una situación, he usado la literatura. Y creo que eso también lo hace muy interesante y llamativo.
¿Crees que la literatura puede aportar cambios en la sociedad?
Totalmente. La literatura es un arma cargada de futuro, como suelo decir, y también cargada de esperanza.
En tu novela combinas a una protagonista fuerte con una trama llena de sorpresas. ¿Cómo has trabajado estos aspectos para mantener el suspense a lo largo de toda la historia?
Bueno, cuando decidí empezar a escribir esta novela, ya tenía bastante clara toda la historia en mi cabeza. A medida que iba escribiendo, me iban surgiendo otras historias secundarias que enriquecían la trama, no sé si llamarlo inspiración o las musas, pero lo que sí tenía claro es que todo debía quedar bien cerrado. No me gusta dejar historias abiertas, porque como lectora eso no me agrada. Me gusta que las cosas vayan cerrándose.
El proceso de creación fue muy bonito. Tenía la historia, la trama y el final, pero conforme escribía, iba incorporando otros personajes con sus propias historias, y al final todo terminó conectado. Fue un proceso creativo muy gratificante.
He notado que en el libro te gusta mucho reflexionar y, en algunos momentos, te he visto un poco filosófica. ¿Cómo combinas esa reflexión filosófica con una narrativa accesible?
Sí, eso es algo que también ocurre en mi profesión. Tenemos que comunicarnos en un lenguaje no jurídico, en un nivel más accesible, para que las personas entiendan lo que hablamos. Además, hay mucho componente emocional en lo que hacemos. A veces no se trata solo de convencer al cliente sobre qué pruebas necesita para ganar un juicio, sino también de ayudarle a entender que, aunque gane, quizás no se sienta mejor porque el proceso es muy emocional.
Al escribir me ocurre algo parecido. Quiero hacer reflexiones y hacer pensar a la gente, pero intento hacerlo con un lenguaje sencillo y dinámico, para que no sea aburrido ni pesado. Por eso algunos me dicen que la novela tiene un ritmo rápido, porque busco que sea fácil de leer y que, al mismo tiempo, invite a la reflexión. Creo que es muy bueno que, al terminar un capítulo o un libro, el lector se quede pensando.
Todos los libros que he escrito buscan dejar ese poso, invitar a la reflexión sobre lo que estoy denunciando. Y, como dices, quizás con eso se pueda aportar un granito de arena para cambiar un poco la sociedad o el mundo.
¿Para qué escribe Mónica de Cristobal?
Yo escribo, ante todo, por satisfacción personal. Quizás también lo hago para evadirme un poco de mi día a día como abogada. Mi trabajo es complicado porque tratamos con personas para quienes su caso es único en la vida, y absorbes mucho de sus emociones, su desazón, su depresión. Todo eso también lo vivimos nosotros.
Escribir me permite desfocalizarme, cambiar de escenario. Aunque esta novela trata temas jurídicos, al ser ficción, me permití el lujo de que a la protagonista le pudieran pasar cosas que no suceden en la realidad. Escribir es mi manera de entrar en otro mundo.
Y, ¿para quién escribes?
En este caso, escribí para un público que busca suspense, pero también realismo, alguien que puede estar leyendo en el metro y que disfrute tanto de una trama intrigante como de casos que reflejan la realidad. Además, escribo para quienes disfrutan de la lectura en general, porque el libro tiene ciertos recursos literarios que, si te gusta leer, apreciarás. Creo que a ese tipo de lector le puede gustar lo que he hecho.
Aprovechando que hoy es el Día de las Autoras, ¿quiénes son tus escritoras de referencia y de cabecera?
Pues mira, Lucía Berlín es una de ellas. Me han comparado con ella y estoy de acuerdo, porque me encanta Lucía Berlín. Luego, tendría que pensarlo un poco porque son muchas las que me gustan. A veces leo tanto que se me olvidan los nombres. Por ejemplo, la autora de Retratos de una mujer casada de Maggie O’Farrell me encanta, es contemporánea y leo todo lo que escribe. También he leído recientemente a Lucía Rodríguez, me parece fascinante. Así que esas serían mis autoras favoritas en este momento.
Uno de los temas de tu novela es la identidad propia y la evolución personal. ¿Te has sentido reflejada en algún personaje?
Sí, por supuesto, me he sentido muy reflejada en el personaje de Celia, la abogada. Hay momentos muy autobiográficos, especialmente en lo relacionado con el desamor. Me identifico con cómo ella sobrevive, evoluciona y sale adelante. También en el personaje de Zuima, la asesina, veo algo de mí. Ella no quiere hablar de lo que le sucede al principio, y detrás de todo hay un trauma. Aunque lo que ha hecho es gravísimo y tiene que afrontar las consecuencias, hay algo mío en esa parte en la que te encierras en ti misma cuando algo te impacta tanto que no quieres hablar de ello. A veces, abrirse a través de una carta, un mensaje o cualquier otra actividad puede ayudar a salir de ese autoencierro. Así que, en ambas protagonistas, hay mucho de mis propios procesos personales.
También tocas el tema de la maternidad y el trabajo. ¿Dirías que esto es un reflejo de lo que sucede actualmente en España con las mujeres?
Totalmente. Hay una reivindicación que muchas mujeres de mi generación, aquellas de más de 40 años, entenderán perfectamente. Todas estamos trabajando y tratando de conciliar nuestras vidas. Aunque las parejas han cambiado mucho y aportan más, las «listas mentales» de todo lo que hay que hacer —como las vacunas, el disfraz de Halloween, el trabajo, las citas médicas— suelen estar en nuestras cabezas. Llevamos todas esas responsabilidades además de nuestras obligaciones laborales, y eso genera una sobrecarga mental tremenda.
Eso está haciendo que muchas mujeres vivamos con la sensación de que «no nos da la vida», y creo que es una de las principales causas de divorcio en España. Esa sobrecarga genera desánimo en la relación de pareja, porque la otra persona no ve ni hace las cosas con la misma intensidad, y al final muchas mujeres piensan que prefieren estar solas y organizarse por su cuenta, porque ya no pueden más.
Sin embargo, creo que las generaciones más jóvenes están cambiando. En mi despacho, veo que las parejas más jóvenes que llegan por divorcios o mediaciones familiares ya comparten estas «listas mentales» de manera más equilibrada. Pienso que en unos años, esto será algo del pasado, y será tema de películas o libros, pero no una realidad.
Aun así, esta reivindicación la mantengo, porque es lo que veo en mi entorno y lo reflejo en la novela a través de la voz de los personajes, aunque también es mi propia voz, la de mis amigas, primas, hermanas, etc.
Uno de los temas profundos en tu novela es el sentimiento de culpa, tanto en la escena del crimen como en la vida de Celia. ¿Qué reflexión propones al lector sobre este sentimiento de culpa y también de responsabilidad?
Claro, lo que mencionaba un poco conectando con la pregunta anterior: hoy en día, una mujer de 40, 45 o 50 años en adelante se siente una mala madre, mala esposa, mala compañera, mala hija, mala hermana, mala trabajadora… mala en todo. ¿Por qué? Porque se nos exige o nos autoexigimos, ya sea porque la sociedad o la cultura nos lo ha impuesto, el tener que llegar a todo, y no llegamos a nada. Esa culpa nos está hundiendo, nos ahoga, nos crea depresión, ansiedad… nos hace sentirnos mal constantemente. Y luego te dicen, «no, vete al gimnasio, que se te va a pasar.» Pero, ¿cuándo voy al gimnasio? Quizás ese ratito que tengo para ir al gimnasio lo utilizo para ir al supermercado. Así no se puede vivir.
Esa culpa que nos está ahogando podría cambiar si estas «vistas mentales» y la corresponsabilidad fueran reales. No me sirve que mi pareja «me ayude» en casa. Necesito que sea corresponsable, que sepa exactamente lo mismo que yo sobre los niños, que esté al tanto de los grupos de WhatsApp del colegio, que conozca los detalles de las pruebas médicas de sus padres, por ejemplo. Esto nos permitiría relajarnos un poco y no sentirnos culpables en todos los ámbitos de nuestra vida.
En cuanto al sentimiento de culpa de la protagonista, Zuima, en su caso es lo que la lleva a cometer esa atrocidad. Su culpa no proviene de la falta de corresponsabilidad, sino de su origen, de su historia de infancia. La reflexión aquí es que lo que vivimos de niños lo arrastramos como adolescentes y luego como adultos. Por eso, es fundamental cuidar la infancia, porque lo que pase en los niños hoy será lo que ocurra en la sociedad dentro de 20 años.
El título de la novela, Con la luz encendida, parece sugerir también la necesidad de iluminar lo oculto. ¿Qué significa para ti tener la luz encendida?
El título tiene varios significados. Para mí, cuando estás mal y te desvelas por la noche, estando a oscuras todo se engrandece hacia lo negativo. Todo parece peor, la ansiedad se incrementa, y si tienes pesadillas, te pones más nerviosa. Pero cuando enciendes la luz, todo parece calmarse, te da la sensación de volver a la realidad y no ver las cosas tan mal. En el libro, además, el título tiene otro sentido. La protagonista, la asesina, comete sus actos con la luz encendida porque, en su mente, está cuidando a sus hijos. Lo hace con la luz encendida porque así siente que los protege de otras cosas.
Así que para mí, Con la luz encendida tiene ese doble sentido de calmarse y protegerse. Me gusta mucho el título. El original iba a ser otro: «Fresas o helado», que es lo que el marido de la abogada le pregunta antes de irse a comprar, justo antes de que lo atropellen. Pero ese título parecía más de una novela romántica, y no era lo que quería transmitir. Al final, una amiga que leyó la novela me sugirió este título porque la frase «con la luz encendida» aparece varias veces a lo largo de la historia, y me pareció una sugerencia muy potente.
Es un título potente e impactante…
¡Gracias! Y tengo una anécdota bonita con el título, que no había contado antes. Como siempre he escrito para niños y esta es mi primera novela para adultos, tengo un sobrino pequeño que, cuando vio el libro, se quedó intrigado. Le dije que no era para él, que este libro era para mayores. Pero me pidió que le leyera el título, y cuando le dije «Con la luz encendida», se empezó a reír muchísimo. Tiene solo tres años, pero es muy espabilado. Me miró y me dijo: «Pues apaga la luz, y ya está el cuento.» Y me pareció tan gracioso y a la vez tan sabio, porque es como si hubiera resumido todo: cuando tienes un problema, enciendes la luz y luego la apagas. ¡Qué fácil lo hace un niño! Para él, el cuento ya estaría terminado.
¿Cómo surgió la idea de la portada?
Tiene algo muy mágico. La portada es de una ilustradora catalana que ya la tenía pintada. La editorial la eligió y ya está, no hubo más. Pero cuando la vi, decidí escribirle a la ilustradora por Instagram. Le comenté que a lo largo de la novela se trata mucho el tema de las flores: el significado que tienen para la madre, que las lleva a la farola donde falleció su hijo, y cómo las flores tienen un papel importante en la historia. Y lo curioso es que, en la portada, justo aparecen flores en los laterales. Fue una casualidad total, pero de esas mágicas.
La ilustradora también se quedó encantada cuando le conté esto. Dijo: “¡Anda, qué casualidad!” Y es verdad, porque ella no pintó esa imagen para la novela, ya estaba hecha. Me pareció un guiño a la magia o a la espiritualidad que tiene el libro, algo que me encantó.
Te ha sorprendido la recepción que ha tenido la novela hasta ahora. ¿Cómo influye en ti la reacción de los lectores y la crítica?
La verdad es que estoy muy contenta con la recepción hasta ahora, tanto por parte de los medios como de los lectores. Ya están saliendo reseñas en plataformas y en redes, y estoy muy feliz. No pensaba que fuera a ser tan rápido, la verdad. Pero también soy consciente de que esto es fugaz. En España se publican casi 300 novedades al mes en castellano, así que es muy difícil que un libro permanezca más de un mes en las librerías.
En cuanto a las críticas, por ahora todas las que he recibido han sido buenas. Algunas pueden decir, por ejemplo, que la trama policíaca no está muy desarrollada, y lo tomo como feedback interesante. Al final, mi intención es hacer una serie con esta historia, y ya estoy escribiendo una segunda novela con el mismo personaje, Celia. Así que toda crítica constructiva me aporta mucho para mejorar la siguiente entrega.
Por ahora, no me han afectado negativamente, aunque no sé cómo reaccionaré si algún día recibo una crítica muy mala. Cuando escribes un libro, es como tener un hijo: tardas mucho en gestarlo y, una vez lo publicas, lo dejas en manos de los lectores y de la vida. Y, claro, que hablen mal de tu «hijo», a nadie le gusta. A mí tampoco me gustaría que hablaran mal de mi libro.
¿Qué proyectos futuros te acompañarán para los próximos meses?
Pues mira, estos meses estoy con la promoción de este libro, y la verdad es que estoy encantada. Esta semana me voy a Navarra, a la Feria de Inventores, con mi libro anterior El viaje en tranvía de Mary Anderson, que es para adolescentes y trata sobre la inventora del limpiaparabrisas. Me han invitado a la feria para dar varias ponencias y hacemos una especie de actuación en la que aparece Mary Anderson. Va a ser muy interesante.
Además, con mi otro libro, La nube blanca, lo llevé al teatro y seguimos con obras de teatro contratadas, a pesar de que ya lo publiqué en 2019. Con estos otros libros sigo trabajando, y con El viaje en tranvía de Mary Anderson también. Ahora, con este nuevo libro, intentaré hacer toda la promoción posible. Ya me han invitado a algunos clubes de lectura, y voy a intentar ir a todos porque creo que es el público más importante, la gente que realmente disfruta de la lectura.
Eso sí, como te comenté, ya tengo en mente otro proyecto. He comenzado a escribir una segunda novela con la misma protagonista, Celia, porque creo que es un personaje con mucha fuerza. Será una nueva historia, con otros casos, y no hará falta haber leído el primer libro para entender el segundo. Además, será más extenso. Una crítica que he recibido de este libro es que es corto, y es cierto. Estoy acostumbrada a resumir, quizá por mi experiencia con las conclusiones de juicios, que suelen ser breves y directas. Pero me he dado cuenta de que podría haber añadido unas 100 páginas más, así que este segundo libro será más largo, probablemente de unas 350 páginas.
Después de terminarlo, seguiré el proceso habitual: ver si la editorial lo quiere, o tal vez enviarlo a concursos. Pero, sin duda, ya lo tengo en mente. Por otro lado, también tengo otro libro bastante avanzado que se titula La venda de Dios, cuyo tema central es el suicidio. Como te dije, siempre escribo para denunciar o visibilizar ciertos temas, y este también es muy interesante. Me he documentado mucho, y está basado en un caso real. Sin embargo, es un libro que me está costando sacar adelante, porque el tema es muy trágico y profundo. Cada vez que lo retomo, me afecta y tengo que dejarlo por un tiempo. Pero lo terminaré, y espero que tanto el nuevo libro de Celia como La venda de Dios estén listos para 2025.
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