Bienvenido a mi casa. Entre libremente y por su propia voluntad”, Drácula (1897).

Hace poco que me reencontré con tan fascinante lectura como es “Drácula” de Bram Stoker (1847-1912) gracias a que será objeto de debate en un próximo club de lectura al que asisto y que centra sus recomendaciones en clásicos de la literatura universal; pero esa es otra historia. La de hoy me lleva a recordar, también, un artículo publicado en este mismo medio hace unos meses: Más allá de Mary Shelley. En aquél artículo se nombraba a un joven médico llamado John William Polidori (1795-1821) y que tendrá, también, su importancia en este contexto.

Stoker Vs Polidori: Orígenes y Evolución del Mito del Vampiro en el Siglo XIX

El siglo XIX, como hemos mencionado en más de una ocasión, fue un período de profunda transformación social, cultural y literaria en Europa. Entre las figuras que emergieron en este contexto, los mitos y personajes relacionados con lo sobrenatural adquirieron una relevancia especial, reflejando temores, ansiedades y fantasías de una era marcada por el cambio y la incertidumbre. Dos de los nombres más influyentes en la creación y consolidación del mito del vampiro en la literatura son John Polidori y Bram Stoker, cuyas obras sentaron las bases y expandieron la figura del vampiro en la cultura occidental.

Los orígenes literarios: Polidori y el nacimiento del vampiro moderno

John Polidori fue un médico y escritor inglés, conocido principalmente por su relato El Vampiro (1819). La historia fue escrita en el contexto de la famosa estancia en Villa Diodati, en Suiza, donde Lord Byron, Mary Shelley, Percy Shelley y Polidori se reunieron para narrar y crear historias de terror durante un verano lluvioso.
El relato El Vampiro de Polidori es considerado uno de los primeros en presentar un vampiro como una criatura moderna, con características humanas, y en lugar de un monstruo de aspecto grotesco, lo describe como un aristócrata seductor y misterioso. La historia se centra en la figura de Lord Ruthven, un vampiro que seduce y manipula a sus víctimas, estableciendo un patrón que sería recurrente en las futuras representaciones del ser vampírico.
Este relato tuvo un impacto enorme en la cultura popular, popularizando la figura del vampiro como un ser elegante, seductor y peligroso, en contraposición a las antiguas representaciones de criaturas grotescas y monstruosas en la tradición folclórica. Polidori es, por tanto, considerado uno de los pioneros en la creación del vampiro como un personaje complejo y humanoide.

Bram Stoker y la consolidación del mito en el siglo XIX

Aunque Polidori sentó las bases, fue Bram Stoker quien, a finales del siglo XIX, transformó y popularizó definitivamente la figura del vampiro con su novela Drácula, publicada en 1897. La obra de Stoker no solo perfeccionó las características del vampiro, sino que también introdujo elementos que resonarían en la cultura popular durante décadas: el vampiro como una criatura que puede transformar a otros, que teme la cruz y los objetos sagrados, y que tiene una sed insaciable de sangre.

Drácula fue más allá de una simple historia de terror; abordó temas como la invasión extranjera, el miedo a lo desconocido, la enfermedad y la sexualidad reprimida. La figura del conde Drácula, un noble transilvano con poderes sobrenaturales, sedujo a lectores de todo el mundo y convirtió al vampiro en un símbolo de lo oculto y lo prohibido, pero también en un reflejo de los temores sociales y culturales de la época victoriana.

El impacto de Drácula fue profundo: motivó adaptaciones teatrales, cinematográficas, cómics y una vasta cantidad de obras que han ido enriqueciendo y diversificando el mito. La imagen del vampiro como un seductor elegante y peligroso todavía pervive en la cultura popular moderna, en películas, series y literatura.

El impacto social y cultural del mito del vampiro en el siglo XIX

La popularización del vampiro en el siglo XIX podría entenderse como una respuesta a las profundas transformaciones sociales que caracterizaron esa época. La Revolución Industrial, el auge del urbanismo, la expansión colonial y los cambios en las estructuras familiares generaron un clima de incertidumbre, ansiedad y temor en la sociedad victoriana. Estas tensiones sociales y culturales se reflejaron en la figura del vampiro, que se convirtió en un símbolo de los miedos colectivos y las inquietudes de la época.
Uno de los aspectos más relevantes fue el miedo a lo desconocido y a la inmigración. La figura del extranjero, representada en personajes como el conde Drácula, transilvano de origen, simboliza el temor a las invasiones culturales y a la pérdida de identidad nacional. La presencia de personajes extranjeros en la literatura de la época encarnaba las preocupaciones sobre la infiltración de ideas, costumbres y personas ajenas a la comunidad, generando una sensación de amenaza a la estabilidad social.
Otro elemento importante fue el temor a la enfermedad y la decadencia. El vampiro, que se alimenta de la sangre, puede interpretarse como una metáfora de las enfermedades que azotaban Europa en aquel tiempo, como la tuberculosis, considerada una plaga que consumía a la población desde dentro. La figura vampírica reflejaba, así, el temor a la muerte, a la pérdida de vitalidad y a la descomposición física, temas que resonaban en una sociedad preocupada por la salud pública y la mortalidad.
Asimismo, los relatos de vampiros también sirvieron para expresar las tensiones relacionadas con la sexualidad y las normas morales reprimidas en la sociedad victoriana. La seducción y el peligro asociados a los vampiros representaban una ruptura con las convenciones morales estrictas, poniendo en duda la pureza, la castidad y la moralidad sexual aceptadas. La figura seductora del vampiro se convirtió en un símbolo de lo prohibido, lo oculto y lo seductor, enfrentándose a las restricciones sociales y culturales impuestas a las mujeres y a la sexualidad en general.
Posiblemente, estos relatos permitieron explorar temas relacionados con la mortalidad, la vida y la muerte, en un contexto donde la ciencia comenzaba a desafiar los mitos tradicionales y a ofrecer explicaciones racionales para fenómenos que antes se consideraban sobrenaturales. La figura del vampiro, en este sentido, servía como un medio para confrontar el temor a lo desconocido, a lo inevitable y a la fragilidad de la existencia humana, en una época de cambios científicos y tecnológicos acelerados.

Como siempre, albergo la esperanza que haya sido una lectura entretenida y acorde con las fechas que se acercan. Os animo a leer la obra de Bram Stoker, si aún no lo habéis hecho, así como el relato del joven Polidori. Además, os recomiendo las obras que, el sobrino nieto de Stoker, Dacre Stoker (1958, Montreal. Canadá), ha publicado en los últimos años: “Drácula, el no muerto” y “Drácula. El origen”. Ambas obras exploran el antes y el después del famoso Conde Drácula, incluso Bram Stoker forma parte de los personajes que se suceden en la historia que se narra en dicha obra conociendo un poco más su historia.