«Cuando la tormenta pase» de Manel Loureiro es una novela que transporta al lector a la misteriosa isla de Ons, donde el escritor Roberto Lobeira se ve envuelto en un entramado de secretos familiares y tensiones latentes. Ambientada en un lugar paradisíaco convertido en prisión invernal, la historia despliega un thriller donde cada página revela más sobre los oscuros conflictos que acechan bajo la aparente tranquilidad. Descubre cómo Loureiro teje una trama fascinante que combina la belleza natural con los secretos enterrados, llevando al lector a un viaje donde el suspense y la intriga se entrelazan magistralmente.

¿De qué trata la novela? ¿Cómo convencerías a alguien para que leyera la novela según su trama?
«Cuando la tormenta pase» es la historia de Roberto Lobeira, un escritor con un pasado como periodista que decide buscar un lugar tranquilo para escribir su libro. Por eso elige Ons, una isla en la costa atlántica gallega. Ons es una isla alucinante y muy curiosa: en verano es un destino turístico de primer orden, pero en invierno se transforma completamente. El tráfico de barcos cesa y solo quedan viviendo en la isla 20-30 personas, quienes a menudo se quedan incomunicadas durante semanas debido a los temporales que impiden que los barcos amarren en el único muelle no protegido.
Cuando Roberto llega allí en invierno, descubre que casi todos los habitantes de la isla forman parte de dos familias llenas de secretos, enigmas y enfrentamientos. Además, alguien más en la isla le deja regalos sangrientos en la puerta de su casa, tratando de comunicarle algo que no comprende. Hay una anciana loca en un extremo de la isla con una teoría disparatada sobre lo que está ocurriendo y unos fareros que parecen tener su propia agenda.
En medio de todo esto, las olas de la tormenta arrastran hasta la orilla un fardo. Cuando lo abren y descubren su contenido, todas las sorpresas, tensiones y secretos salen a la luz. A partir de ese momento, Roberto no solo debe preocuparse por escribir su libro, sino también por sobrevivir hasta que la tormenta pase.
¿Cómo fue tu rutina de escritura durante la creación de esta novela? ¿Tienes algún hábito o ritual que sigas?
Como siempre, yo me tomo esto como un trabajo. Y como todo trabajo, tiene que tener su disciplina. Le quita mucha mística, lo sé, pero es necesario. Llego a mi estudio y trabajo 6, 8, 10, 12 horas diarias, es decir, el tiempo que sea necesario para hacer avanzar la historia.
Esa imagen del escritor como un tipo arrebatado por las musas, que vive en una buhardilla escribiendo de manera febril, es muy cliché. Al final, cuando te lo tomas en serio, como un trabajo, y quieres construir una buena historia, tienes que ser muy disciplinado. Eso implica trabajar las horas que haga falta y saber que habrá días fantásticos y días terribles. En los días terribles, apaga el ordenador y vete a disfrutar de la vida, de tus hijos, de lo que sea. Y en los días que funcionan, déjate arrastrar por la historia.
¿Tuviste algún momento de bloqueo creativo mientras escribías la novela? Si es así, ¿cómo lo superaste?
No hablo de bloqueo, porque hay días en que, en vez de avanzar a borbotones, la historia progresa lentamente. Y esos días son terribles porque no sale nada y es cuando aparece el síndrome del impostor: ‘No voy a ser capaz de escribir esto, no voy a ser capaz’. Tengo un secreto para eso: le llamo mi ‘egoteca’, que son las distintas ediciones de mis libros. Entonces, las miro y pienso, ‘bueno, no puede ir tan mal’. Tranquilo, céntrate.
Efectivamente, al día siguiente las cosas salen mejor, y cuando eso ocurre es genial. El día que las cosas fluyen, no tienes un límite: no paras a las 10, sigues hasta que ya no puedes más. Para que eso pase, al menos en mi caso, se requiere rutina, rutina, rutina. Es de esa rutina y normalidad de donde surge la creatividad.
¿Cuánto tiempo te llevó escribir «Cuando pase la tormenta»?
Este es un trabajo de un año y medio en total. Piensa en esto: si hacemos un ejercicio y damos a cada persona en un lugar lleno de gente un folio en blanco y un bolígrafo, y les pedimos que escriban una historia, la mayoría escribiría una historia de entre doscientas y seiscientas palabras, como mucho. Es lo que la mayoría podría escribir antes de quedarse sin ideas.
Un libro como «Cuando la tormenta pase», que tiene casi 500 páginas, son unas 150,000 palabras. Cuando empiezas, sabes que es un viaje largo. Un error común en escritores noveles es querer contarlo todo de golpe al principio, por la ansiedad de transmitir la historia que llevan dentro. Es importante saber dosificar la historia y hacer que cada cosa encaje en su momento correcto. No puedes pensar en llegar a la palabra 100,000 o 150,000 desde el inicio. Trabaja día a día y plantea el proceso como un viaje.
Una cosa es la documentación y otra el proceso de creación del personaje principal, Roberto Lobeira. ¿En qué se asemeja a ti?
El personaje principal es una proyección mía, por supuesto. Eso te lo iba a preguntar. Claro, pero no hago trampas, quiero decir, es un tipo que es escritor, al igual que yo. Ambos tenemos una profesión que hemos dejado atrás, ambos recorremos los escenarios de la novela, y los dos somos muy disciplinados y obsesivos en esa fase final. Pero ahí empiezan las diferencias. Él es periodista, necesita saber por qué pasan las cosas y busca problemas. En el lugar de Roberto, yo me encerraría, daría cuatro vueltas de llave y esperaría a que pasara la tormenta. Pero él se deja arrastrar por esa tormenta porque tiene un pasado con el que todavía no ha ajustado cuentas. Yo no tengo ese problema.
¿A qué otro personaje le cogiste especial cariño también por su personalidad?
Hay un personaje al que le tengo mucho cariño. Curiosamente, no es un personaje femenino, aunque suelo enamorarme más de estos personajes porque me encantan por su complejidad. Las mujeres tienen una complejidad emocional que no suele ser habitual entre los hombres. Nosotros, ante un problema, lo vemos como algo que hay que resolver directamente. En cambio, vosotras le dais muchas vueltas, encontráis soluciones transversales y eso genera muchas capas emocionales que me fascinan.
Pero en este caso, es un personaje masculino, Diego Freire. Diego tiene una discapacidad intelectual, lo que lo hace diferente. Construir un personaje así, que sea fiel, no una caricatura y no ofensivo, es un reto. Quiero que cualquier persona con un familiar con discapacidad pueda ver a Diego y sentir empatía. Y que cualquier lector también sienta empatía hacia él. Diego se ha convertido en uno de los principales protagonistas de la historia.
Es genial porque, precisamente por ser diferente, mucha gente subestima a Diego. Sin embargo, al ser subestimado, Diego ve y oye más que el resto de la gente y por eso sabe más cosas.
¿Por qué elegiste la isla de Ons como escenario principal de la novela? ¿Qué tiene este lugar que lo hace especial para la historia que querías contar?
Es una locura de sitio porque, como te decía, en invierno se queda incomunicado durante semanas. No puedes llegar a la isla, no tienen luz eléctrica las 24 horas del día, está racionada y solo la tienen unas cuantas horas al día. No sé cuántos lugares en España son así. Si te olvidas de cargar el móvil y te quedas sin batería, te quedas completamente incomunicado.
Está frente a uno de los lugares más habitados, las Rías Baixas en la costa atlántica gallega, una de las zonas más turísticas del país. En pleno siglo XXI, tienes un pedazo del siglo XIX anclado frente a la orilla y a plena vista. Es un entorno perfecto para contar esta historia y por eso me ha fascinado.
La novela explora temas como el rencor, los celos y la venganza. ¿Qué te llevó a elegir estos temas? ¿Quizás por tu profesión como abogado?
Porque me fascinan las emociones primarias y siempre me han intrigado esos rencores rurales. En una ciudad, si tú y yo nos llevamos mal, simplemente podemos evitar cruzarnos, borrarnos del WhatsApp y bloquearnos. Con suerte, nos cruzaremos un día y cambiaremos de acera. Pero en un sitio pequeño, nos vamos a cruzar todos los días. Hay una expresión que dice «pueblo pequeño, infierno grande», y eso es muy real.
En pueblos, ciudades y villas de toda España, esos enfrentamientos soterrados entre dos familias que se odian a veces explotan. Cuando eso ocurre, aparece en los medios como algo insólito, pero en realidad es una acumulación de tensiones. Estas historias me fascinan y quería contar algo que reflejase eso.
En «Cuando la tormenta pase», Roberto llega a Ons y encuentra una situación a punto de explotar en un lugar del que no puede salir. Si las cosas se ponen mal, no puede simplemente irse, y ni siquiera puede avisar a las autoridades porque le dirán que aguante hasta que la tormenta pase. Esta mezcla de ingredientes es lo que creo que ha hecho que la historia funcione tan bien y haya ganado el premio Fernando Lara. Es la suma de todos esos factores.
El descubrimiento del fardo es un punto crucial en la trama. ¿Cómo se te ocurrió esta idea y qué simboliza el fardo en la historia? Sin hacer spoilers
El fardo es un detonante que hace que muchas cosas empiecen a rodar. La expresión «pueblo pequeño, infierno grande» nos hace olvidar que ese infierno grande es, en realidad, un pequeño infierno del que la gente no puede salir. De repente, este fardo puede representar una salida y una diferencia crucial para muchas personas en la isla. A partir de ahí, comenzarán a desencadenarse numerosos eventos.
Además, esto me permitió tocar, aunque fuese de manera incidental, otra realidad presente en las Rías Gallegas: el narcotráfico. Existe, es desagradable, pero es real y está ahí.
Ganar el Premio Fernando Lara de Novela es un gran logro. ¿Esto te da algún tipo de confianza adicional como escritor
Es verdad, nunca terminas de creértelo del todo. Fíjate, hace exactamente dos meses hoy. Empezar a reflexionar sobre ello ya es matizarlo. Ganar un premio que han ganado grandes escritores y cada vez que ves tu nombre en esa lista… Pero al menos sirve para reducir un poco ese síndrome del impostor que siempre te acompaña.
A muchos escritores les pasa, ¿verdad? Curiosamente, suele intensificarse cuanto más alto es el nivel de ventas. Ese síndrome siempre está ahí, acechando constantemente, como diciéndote «no te confíes, ya verás». Es un miedo latente y persistente. Por eso, cuando llega este momento y recibes un reconocimiento de este calibre, es como si pudieras respirar, soltar aire y decir… ya está, he llegado hasta aquí y puedo olvidarme un poco de eso. Sí, es como un suspiro de alivio.
¿Cuál fue tu reacción al saber que «Cuando pase la tormenta» se convirtió en el libro más vendido en España?
Pues lo miras, al menos yo lo veo un poco como si estuviera viendo desde fuera, como si fuera por los ojos de otra persona. Cuando me enteré, empecé a saltar de alegría y de repente, sí, con esta expresión que ves ahora, pero de repente me salieron unas lágrimas de los ojos y no podía parar de llorar.
Eran lágrimas de felicidad, ese tipo de llanto en el que estás feliz pero al mismo tiempo sientes una tensión liberada, como si hubieras alcanzado una meta. Es muy complicado de explicar, es el libro más vendido. ¿Cómo no vas a conseguir la típica frase de que el esfuerzo tiene su recompensa? Es la sensación de haber alcanzado un hito y ya está. A partir de ahí, sabes que siempre serás conocido como el número uno en ventas.
Pero ya no es por la sensación de tener una medalla o algo así, porque eso ya quedó atrás hace mucho tiempo. Es por la sensación de decirte a ti mismo: «Chicos, lo has conseguido. Vale, ya estás aquí. Créetelo. Ahora vamos a por el siguiente reto». Ya estás aquí.
¿Qué ha sido lo más satisfactorio de sacar esta novela, además de sus reconocimientos públicos? Porque has mencionado en redes que este logro te permite enseñar a tus hijos la importancia de luchar por los sueños.
Claro, claro. Tengo dos hijos y de repente poder contarles esto, que ellos ven esto desde hace años, que su padre es alguien que hace cosas diferentes, ¿no? Y poder decirles, ¿veis? Si luchas, si no te rindes, puedes ver cómo afecta a muchos aspectos. No es solo el trabajo duro, también se necesita un poco de talento, mucha suerte, que las cosas salgan bien, porque la suerte se busca. Y te ayuda si haces que las cosas salgan bien.
Es una elección de vida muy valiosa. Muy valiosa.
Después de este gran éxito, ¿qué sigue para ti? ¿Tienes alguna intención de explorar otros géneros literarios en el futuro?
A mí me gustaría en algún momento, y he evolucionado mucho en mi manera de escribir a lo largo de los años. He abordado proyectos muy distintos, pero me encantaría escribir una novela histórica. Me da mucho vértigo porque sé que eso implicaría dedicarle dos o tres años de mi vida y no estoy seguro de estar dispuesto a hacer semejante sacrificio en este momento. Sé que en algún momento tendré que cumplir con ese deseo y llegará, pero como escritor estoy convencido de que no me voy a jubilar nunca y seguiré escribiendo hasta que no pueda más, y eso será dentro de muchos, muchos, muchos años.
En algún momento llegará. No sé cuándo, pero sé que llegará.
Y para terminar, ¿estás escribiendo algo en este momento? Se suele decir que «nunca dejáis de escribir». ¿Y tú?
No, en mi caso te diré que ahora mismo estoy viviendo como un vendedor ambulante. No paso más de dos días seguidos en el mismo sitio. Es imposible. Espero, espero que a partir del mes de enero se me deje establecerme un poco más.










