El Juglar, de Antonio Pérez Henares, ha entrado por la puerta grande del Ateneo de Madrid, acompañado en su viaje inaugural por el director de El Debate, Bieito Ruibido. Ambos nos regalaron una tarde tan entretenida, amena y didáctica como a su vez es la historia que relata.
Desde el principio del acto encontré al autor, emocionado y entregado ante su última obra, a la que él mismo califica como “la novela más novela de todas”. Desde luego puedo confirmar que así es, pues tras haber leído parte de su extensa bibliografía, El Juglar ha conseguido trasladarme al Medievo con la sensación de estar recorriendo los caminos, entrando en los castillos y tomando algún vino en la taberna.
La presentación comenzó con unas palabras de Bieito Rubido sobre la trayectoria periodística de Henares, quien a su juicio “está empezando a ser eclipsada por su faceta de escritor”. En la presentación valoró la novela histórica, como “la herramienta que sirve para dar o devolver aquel papel desempeñado por el Reino de España o el Imperio Español”. A continuación, Chani (como conocemos al autor) habló de su novela con gran detalle y nos dio una magistral clase de Historia. Quedó bien patente el dominio sobre la época, además de disfrutar con ella y mostrarnos una visión muy diferente a la tradicional. Años llenos de color y luz, contrariamente tildados de oscuridad y oscurantismo, creado por una tradición que hemos aceptado sin más y por otra parte, muy lejos de la realidad. Aquellos, al igual que nosotros vivieron penas y alegrías, amor y desamor, cultura e ignorancia, y sobre todo, también para ellos la esperanza estuvo presente.
El Juglar cuenta la historia de tres generaciones, abuelo, padre e hijo dedicados al noble oficio de la narración, que dieron vida al hito del Cantar del Mío Cid. Personajes que no solo forman parte de la Historia, sino que también crearon parte de la misma. Estos errantes fueron los creadores de nuestra lengua actual y la difundieron desde plazas de pueblos, palacios y hasta en castillos. Gozaban de libertad para cantar cualquier situación, por muy controvertida que ahora parezca. Algo que solo puede entenderse cuando nos alejamos del presentismo tan de moda en la actualidad. Henares incluyó anécdotas que arrancaron admiración y sonrisas por parte del público. En este aspecto refirió varios romances, leyendas y cantares. Por ejemplo, la explicación que nos dio sobre la expresión “cornudo y apaleado”, que trataba sobre un hombre demasiado celoso, a quien el amante de su esposa, confabulado con la doña, le dio una paliza.
También nos contó la respuesta de doña Urraca a su padre, el rey Fernando I, al no recibir herencia en favor de sus hermanos. “Me echaré a los caminos y me entregaré a los cristianos por gusto y a los musulmanes por dinero…” Entonces su padre le entregó Zamora. Hubo una reflexión del autor que me gustó especialmente. Comparó a aquellos
juglares y trovadores con periodistas, ambos encargados de recoger noticias e historias para trasladarlas de un lugar a otro. He de confesar que dicha visión, además de acertada, resulta muy novelesca por lo que atrae aún más.
En definitiva, y aunque él no lo dijo, yo me permito hacerlo. Los personajes y la historia de El Juglar son como quien firma la novela, de fuerte carácter y firmes convicciones. Viven la Historia y la cuentan tal cual fue, mostrando sus luces, sin esconder las sombras.










