Para comenzar tengo que hacerlo reconociendo que reseñar una novela de José Calvo podría ser tan fácil como comentar o contar la etapa histórica en la que desarrolla la acción, pero usando otras palabras, si tal habilidad yo tuviere. Seguramente se resumiría en la propia sinopsis que claramente nos ubica en el amanecer de la que habría de ser precaria Primera República Española. Primera, por razones obvias, nunca antes dicha forma de gobierno imperó en nuestra nación. Y precaria por lo efímero de su duración, escasamente once meses. Pero eso sí, intensa en aconteceres políticos, hasta tal punto que hasta cuatro presidentes se sucedieron al frente de los inestables gobiernos, que no de la república pues ni siquiera llegó a contar con Constitución propia, sino que se valió de la vigente (curiosa y paradójicamente) Constitución monárquica de 1869, si bien con la derogación de determinados títulos y/o artículos.

En el marco de estos apasionantes sucesos de nuestra historia donde la incertidumbre se sirve cada día de la mano de una total falta de cohesión entre los republicanos que ocupaban los bancos del Congreso (grandes diferencias en la forma de consolidación de la República) el doctor José Calvo, propone al lector una trama cuasi de novela negra donde lo detectivesco y policíaco se aúnan en pro de la búsqueda de varios libros de cuantioso valor histórico que sin duda alcanzarían en el mercado ilegal un alto precio. En este punto tengo que mencionar ya al principal personaje, al margen de los históricos, cuya primacía hubieron de alcanzar para bien o para mal por sus hechos y el tiempo y la historia será quien juzgue y ponga a cada uno en su lugar. Digo que el principal personaje es don Fernando Besora, Director del vespertino diario madrileño “La Iberia”, a quien los lectores de Pepe Calvo conocimos como meritorio en este periódico en la novela de 2011, “Sangre en la calle del Turco”.

Tras los pasos de Fernando Besora, siguiendo su día a día y en estos especiales días y meses de inestabilidad dominante en el periodo que duraría la fugaz Primera República asistimos con él a una de las distracciones más comunes en la época como eran las tertulias que se llevaban a cabo en los cafés más refinados. Fernando frecuenta el café Suizo donde se mezclan mundos tan dispares o que se complementan como la cultura y la política. Y nos presenta a sus contertulios el dramaturgo José Zorrilla, el catedrático de historia Miguel Morayta, el dibujante Francisco Ortego o los escritores Pérez Galdós, Mesonero Romanos o Juan Valera (diplomático y político egabrense paisano de Pepe Calvo, un guiño a la tierra). Huelga decir que la coincidencia de estos personajes y diversos políticos como el pro monárquico Cánovas del Castillo en el citado café, es obra del novelista que entiende como medio para que el lector se haga con los datos oportunos y precisos en relación con lo histórico a través de las opiniones y exposiciones de los personajes reales en el relajado ambiente tertuliano del café.

La trama novelística, no la histórica, de la que hasta ahora solo hemos dicho que va en torno a la desaparición “forzada” de varios libros famosos, se desarrolla con un mucho de intensidad, un bastante de intriga, y ciertamente con profuso e inteligente hilado del que el lector a la par que los protagonistas (el director del periódico Besora, el inspector Antúnez, el aspirante a periodista Figueroa y el genealogista don Gumersindo) irá tirando hasta posiblemente descubrir el paradero de los citados valiosos libros que fueron sustraídos nada más y nada menos que de la mismísima Biblioteca Nacional.  

Entre tanto, esto es, a través de la ficción y lo histórico y siempre siguiendo muy de cerca al ya casi de la familia Fernando Besora, el lector tendrá y conocerá de primera mano (publicado todo en las páginas de “La Iberia”) el transcurrir político, con los sucesivos cambios de Presidente de Gobierno (Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar), el desarrollo de los conflictos armados de Cuba y la tercera guerra carlista o la sublevación cantonal, especialmente la de Cartagena. También asistirá y sabrá por las páginas del vespertino de los grandes discursos en el Congreso junto con los apasionados debates o incluso los gritos y descalificaciones que se intercambiaban los congresistas republicanos, más propios de taberna que del lugar en el que se encontraban donde se supone que representan a los españoles, a todos.  

Como la historia escrita está y José Calvo se atiene a los hechos históricos con total rigor, como no podía ser de otra forma (es doctor en historia moderna por la Universidad de Granada) obviaré comentar o pormenorizar los acontecimientos de los que se dan cuenta en la novela que no son otros, como digo, que los auténticamente ocurridos en el período de la Primera República. Si me parece oportuno indicar que el novelista refleja a través de la narración ficticia e histórica los aspectos cotidianos de la vida de la época, como las citadas tertulias en los cafés, la celebración de las festividades nacionales de mayor arraigo, la fuerte afición a los grandes acontecimientos taurinos con prominentes figuras de cartel, el uso de los tranvías con tracción animal, la vida en los balnearios donde se daban cita las clases más pudientes y cómo no, el ambiente de redacción de un periódico de la época. El lector conocerá determinadas anécdotas traídas a colación por los personajes, reales o no, que además de aportar información dan bastante “juego” a la lectura cuando a lo mejor se pone algo “prolija” por mor de los muchos detalles y hechos que configuraron aquel periodo histórico de 1873 a 1874 que, si bien fue corto, fue muy denso. A modo de ejemplo citaré la que protagoniza el catedrático de Historia de la Universidad Central Miguel Morayta en la famosa tertulia del café Suizo donde haciendo gala de su superlativo magisterio pone los puntos sobre las íes en relación a la confusión reinante sobre la franja inferior morada en la bandera republicana.  

Para finalizar esta visión personal tras la lectura de la última novela del doctor don José Calvo me satisface constatar que la narrativa de la que hace gala en esta obra te permite tener una amplia visión muy clarificadora de los hechos verificables, esto es, que aun cuando se tuvieran pocos conocimientos de la historia de España, el lector no queda apabullado de datos, fechas y nombres, pero si le abre la mente a indagar en aquellos aspectos u hechos que le hayan sido más significativos si quiere ampliar horizontes. En definitiva, el lector como antes comenté camina junto a los protagonistas, asiste a las sesiones del Congreso, participa en las tertulias, viviéndolas como uno más e incluso camina en exceso y se desgarra los pies como el protagonista cuando tiene que recorrer unos veinte kilómetros a pie por falta de medio de trasporte y porque le acucia la necesidad de encontrar a su esposa.   

Así, les animo a que lean EL AÑO DE LA REPÚBLICA de José Calvo Poyato (Editorial HarperCollins Ibérica, S.A.) y además están invitados a unas sabrosas “cocretas” de puchero y unos deliciosos “jeringos”. (Estos y otros guiños a la tierra del novelista-autor podrá encontrar el lector en la novela).

EL AÑO DE LA REPÚBLICA  

Autor: JOSÉ CALVO POYATO

Editorial: HARPERCOLLINS

Nº.  Páginas: 640

Fecha lanzamiento: 7 septiembre 2022

Género: narrativa histórica

Época de la novela: Siglo XIX (de 1873 a 1874)

Localización de los hechos: España