A veces una imagen vale más que mil palabras y otras veces, muchas, demasiadas, la palabra vence.

Os traigo hoy una serie, que en su momento fue libro, y un libro, que en su momento fue película, que nos transportan a dos épocas diferentes de Japón, pero que bien podría ser la misma. Vale, he exagerado. Evidentemente Japón ha evolucionado, como todas las sociedades, pero (por desgracia) las reminiscencias de su tradicional cultura siguen presentes.

Al leer «Estupor y temblores» de Amelie Nothomb, tenía claro que deseaba de corazón compartir este libro con el mundo, por si algún despistado se le había olvidado dejarse caer entre sus párrafos. Et voilà, me viene a la mente «Shogun», la serie, porque ya sabemos que aquí no nos preguntamos si está mejor el libro, sino que relacionamos diferentes formas de ficción para que quienes me leen elijan cómo aproximarse al meollo de la cuestión, sí analizando el libro o viendo la serie. Y ojo, que hoy la cuestión tiene meollo. Vaya que si lo tiene.

Shogun, permitidme comenzar por la televisión (en Disney +), merece la pena. Había leído el libro y no dudo en saltar a la pantalla a ver cómo reflejan lo que en mi mente sonaba a bonito. Lo hacen, lo consiguen. Shogun es una serie que deslumbra al espectador con la potencia de sus imágenes.

Narra a través de diez capítulos el Japón del siglo XVII que, cosas de la historia, tiene que aceptar el cambio. Una sociedad cerrada habituada a permanecer dentro de sus tradiciones que se ve obligada a convivir con nuevos viajeros, que llegan desde muy lejos con costumbres, normas y religiones que se alejan en demasía de sus hábitos. Shogun es bella, extraordinariamente bella. Sus imágenes, escenario y vestuario, cautivan al espectador desde el primer capítulo. ¡Qué digo cautivan!, seducen. Shogun es como esa persona por la que te sientes tremendamente atraído, aunque no hayas cruzado una palabra con ella.

Pese a que la serie nos introduce en una sociedad cruel y tradicional, no puedes evitar sentirte deslumbrado por la potencia de sus imágenes. Cultura, historia y tradición son evocadas de tal forma que te enamoras. Su narrativa es potente, su trama, aquí el mérito es de James Clavell, engancha, mantiene en vilo. Conclusión: hay que verla.

Y ahora os preguntaréis, ¿por qué «Estupor y temblores» de Amelie Nothomb? En esta maravillosa novela, la siempre inteligente Amelie nos traslada a través de la ironía y el desparpajo al Japón de finales del XX. La autora, amante de una cultura japonesa que conoce bien, tira de un talento narrativo extraordinario para hacer una crítica a la sociedad ¿japonesa? actual. Elige para ello su paso por una empresa en el país nipón, un trabajo para el que se prepara, pero en el que nada es lo que parece. Su mente, sin duda privilegiada, dibuja sobre el papel unos hombres esperpénticos y unas escenas dignas de un filme de los hermanos Marx. Quien le lee observa como el sarcasmo va tomando posesión de los diálogos y la sátira desestabiliza de manera intencionada las escenas conforme avanzas en la lectura, conforme la situación se vuelve inverosímil (sin perder la verosimilitud, fijaos qué difícil de conseguir) y conforme el personaje principal, una especie de alter ego de la escritora, pierde la cordura.

Una crítica brutal y divertida al machismo de una sociedad, y aquí os remito de nuevo a Shogun, que no ha cambiado tanto como debería, que sigue discriminando profundamente a las mujeres, regida por un sistema de castas intolerable que hace mucho tiempo que se debería haber dejado anclado en el pasado. La frialdad japonesa, su organización de perfecto hormiguero y su tasa de suicidios también tiene cabida en esta novela. Amelie Nothomb, que se confiesa amante de Japón y su cultura, deja de lado el amor hacía el país para mostrarnos, mientras nos reímos imaginando las situaciones a las que se somete a nuestra peculiar protagonista de una manera amena, culta, que, sin espacio para la duda, os va a convencer.

Conclusión: hay que leerlo.

«Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre»

Ricardo León y Román