Jesús Reyes

El actor catalán se une al viticultor Joan Bada para crear MASSAGUÉ, un blanco de producción muy limitada nacido de viñas septuagenarias de Terra Alta. Una historia de amistad, raíces y pasión por el vino que llega mientras Massagué triunfa en Gènesi, la serie sobre Ferran Adrià y El Bulli.

Cuando una botella lleva el apellido de un actor, la primera pregunta resulta inevitable: ¿estamos ante un gran vino o ante una operación de marketing con corcho?

Con MASSAGUÉ conviene aparcar los prejuicios y acercar la copa. Detrás de este blanco elaborado con Garnacha Blanca encontramos al actor Iván Massagué y a Joan Bada, un viticultor que lleva más de dos décadas interpretando el paisaje de Terra Alta a través de sus viñedos.

La idea nace de una amistad y de esas conversaciones que empiezan hablando de vino y terminan convirtiéndose en proyectos. El resultado tiene nombre propio, producción limitada y una materia prima que muchos elaboradores querrían para sí: uvas de cepas con más de setenta años de historia.

Setenta años echando raíces para terminar en una botella

El escenario de esta aventura está en Vilalba dels Arcs, en Tarragona, donde las viñas crecen sobre suelos calcáreos, entre 450 y 500 metros de altitud.

Aquí la Garnacha Blanca lleva décadas aprendiendo a convivir con un paisaje mediterráneo que puede ser tan generoso como exigente.

Las cepas de MASSAGUÉ, procedentes de una finca familiar, miran hacia el nordeste. Una orientación que ayuda a moderar la exposición solar y favorece una maduración pausada. Los rendimientos son muy bajos y la vendimia se realiza manualmente, depositando los racimos en pequeñas cajas de quince kilos.

Se trabaja siguiendo criterios ecológicos y de mínima intervención. Porque cuando una viña lleva más de siete décadas dando frutos, quizá lo más inteligente sea escucharla antes de empezar a darle órdenes.

Mitad barrica, mitad damajuana y ninguna intención de aburrir

En bodega comienza un ejercicio de precisión donde cada decisión cuenta.

Tras una selección de las uvas, el mosto se obtiene mediante un prensado suave y fermenta espontáneamente con levaduras autóctonas. Nada de forzar el carácter de una variedad que tiene bastante que contar por sí misma.

Después llega una de las decisiones más interesantes de MASSAGUÉ: dividir su crianza durante ocho meses entre dos recipientes muy diferentes.

El 50 % del vino descansa en barricas de roble francés de 300 litros, mientras que la otra mitad evoluciona en damajuanas de vidrio.

La madera permite trabajar la estructura, la complejidad y los matices de la crianza. El vidrio, por su parte, favorece una expresión más directa de la variedad, sin aportaciones aromáticas propias del recipiente.

Dos maneras de acompañar al mismo vino que buscan encontrarse en el ensamblaje definitivo.

MASSAGUÉ se embotella sin clarificar ni filtrar, conservando buena parte de su expresión original. Su producción es muy reducida y las botellas están numeradas.

Un exclusivo blanco concebido para quienes disfrutan encontrando historias detrás de cada sorbo y saben que algunas merecen bastante más atención que una fotografía de etiqueta.

Joan Bada, el hombre que prefiere hablar de parcelas antes que de modas

Para entender MASSAGUÉ conviene conocer a su compañero de reparto.

Joan Bada es el fundador de Joan Bada – Vins de Vinyes Úniques, un proyecto dedicado a elaborar vinos de parcela procedentes de viñedos singulares de Terra Alta.

Su filosofía consiste en trabajar cada terreno por separado, respetando sus peculiaridades. Entre sus referencias figuran Los Torns, La Vinya del Pla de Pey, Lo Molló, Trinidad y La Serreta.

Especialmente interesante resulta su experiencia con las tinajas de barro, recipientes con los que lleva trabajando cerca de veinte años, además de explorar barricas y damajuanas.

Bada pertenece a esa generación de elaboradores que entienden la tecnología como una aliada, pero que saben perfectamente cuándo conviene apartarse y dejar que la uva haga su trabajo.

Su colaboración con Massagué encaja en esa manera de entender el vino: pocas botellas, excelso viñedo y ninguna necesidad de disfrazar el origen.

De El Bulli a Terra Alta, Iván Massagué tiene buen olfato para la gastronomía

La relación del actor con la gastronomía atraviesa, además, un momento especialmente interesante.

Massagué interpreta a Juli Soler en Gènesi, la serie dirigida por David Pujol que recrea la revolución culinaria protagonizada por Ferran Adrià y su equipo en El Bulli.

Una ficción estrenada en septiembre de 2026 que recupera aquellos años en los que un restaurante de Cala Montjoi consiguió cambiar las reglas de la alta cocina internacional.

Y resulta sugerente encontrar un paralelismo entre ambos proyectos: la importancia de las personas, la complicidad y esa inconformista voluntad de hacer las cosas de otra manera.

En Gènesi, Massagué ayuda a contar una de las grandes historias de nuestra gastronomía. Con MASSAGUÉ participa en la creación de una historia propia, escrita esta vez entre viñedos.

Porque el cine admite segundas tomas, montajes y algún que otro efecto especial. Una viña de setenta años, en cambio, no entiende de trucos.

Y esa es, precisamente, la mejor carta de presentación de este vino de producción limitada.

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