La animación española se encuentra en un gran momento, pero ¿se le está dando el valor que merece? Desde cortometrajes galardonados con el Goya hasta largometrajes nominados al Óscar, la industria ha demostrado su talento y potencial. Sin embargo, tras bambalinas, la realidad revela una lucha constante por el reconocimiento y el apoyo adecuado.

Ante el estereotipo contra el que el sector de la animación ha tenido que luchar desde hace ya tiempo de que es un género infantil, la cifras demuestran que son estas películas las que aún a día de hoy son capaces de llenar las salas y colarse en las carteleras internacionales.

Xosé Zapata, recientemente nombrado responsable del Píxel Clúster de Animación de Madrid, ha destacado que «la animación española ha sido en calidad-precio un éxito apabullante si lo comparas con otros sectores como la ficción o el documental». Y es que a pesar de empezar con desventaja, en cuanto a financiación se refiere, ha sido capaz de estar a la altura de un público que ha valorado el resultado incluso más que las instituciones de nuestro propio país.

O, ¿acaso han tenido el mismo punto de partida películas como La Sociedad de la Nieve de Bayona, con una financiación cercana a los sesenta millones, que Robot Dreams de Pablo Berger, con apenas seis? ¿No fueron nominadas ambas al óscar? Pero aún así, el abrazo mediático de vuelta a casa fue mucho más cariñoso para uno que para otro; «tuvimos la sensación dentro del sector de animación español que a Pablo Berger se le estaba tratando como de segunda categoría», declara Xosé.

El responsable del Píxel Cluster reconoce el gran semillero de talento en España, que, sin embargo, no termina de germinar a raíz de la desatención del sector audiovisual, lo que a su vez está convirtiendo este potencial en una fuga constante de talento. Mientras otros países invierten y apuestan por esta industria como un eje fundamental, aquí muchos profesionales se ven obligados a emigrar en busca de mejores oportunidades. Como fue el caso de Xosé con The monkey, cortometraje premiado con el Goya, pero que «su financiación en gran parte ha sido gracias a Portugal».

Esto no solo supone el riesgo de perder grandes creadores, sino condenar a la industria nacional a una dependencia externa, desperdiciando una generación brillante que podría estar impulsando el futuro de la producción animada desde dentro y que ya es capaz de competir con los grandes de la industria, como Francia: «están totalmente rabiosos contra la animación española, durante tres años seguidos se les ganó en el Premio Europeo al Cine a Mejor Película Europea a películas francesas».

Desde Píxel Clúster Madrid, Xosé tiene como prioridad el «tratar de incidir en las televisiones o los ministerios, para poder explicarles las necesidades del sector». Para, de esta manera, dejar claro que la animación es un género que viaja mejor internacionalmente y «no es solamente una buena inversión, sino la mejor inversión que puede hacer el cine español».

Lo que está claro es que se enfrentan a un reto ambicioso: consolidar la animación como un pilar fundamental del audiovisual español. Una misión que no se basará únicamente en dar visibilidad al talento mencionado,  sino en servir de puente entre los distintos agentes para cambiar la narrativa en torno al sector. Porque si algo se ha demostrado es que el cine animado  español no necesita de permiso para destacar, solo un espacio desde el que seguir creciendo y conquistando nuevas fronteras.