Fotografías: Javier Gonzalez del Estal
Toda una vida viviendo de la pintura y la montaña. Fidel Roig Matons fue un reconocido artista del siglo XX, sobre todo en América Latina, aunque él era migrante español. Sus obras se caracterizan por el reflejo pictórico de la cordillera de los Andes y los retratos de su fiel General San Martín en las guerras de independencia hispanoamericanas. Habiendo pasado por el SEFF 2024, Valeria Roig, productora y cineasta argentina, lanza el documental Paisaje Épico en honor a su bisabuelo.

Es tu primera vez como directora de un gran largometraje, ¿cómo has llevado el proceso de dirigir esta película documental?
Este documental es muy personal. Hace más de diez años que he estado reuniendo materiales familiares de archivo, sobre todo fílmicos que pude digitalizar. De esta manera, me pude encontrar con situaciones increíbles de mi bisabuelo, artista plástico, trabajando en la alta montaña en la década de los 40-50. Algo que también descubrí fueron sus diarios de viaje y entrevistas que él dio en su tiempo sobre por qué hacía sus cuadros, de qué manera quería trabajar su pintura, etc. Entonces, desde esos lugares, con todos esos materiales pude empezar a trabajar ya en un guion, que presenté primero en el Instituto Nacional de Cine de Argentina. Ya hacia fin de año, en el mercado Ventana Azul, un mercado importante en Sudamérica, conocí a Xosé Zapata, el productor español, y decidimos trabajar juntos para esta película. Sin embargo, vino la pandemia que nos puso un freno, pero seguimos desarrollando el proyecto y eso me llevó a pensar en la posibilidad de hacer una expedición técnica por los Andes siguiendo los pasos de mi bisabuelo. Para mí ha sido un gusto muy grande finalmente poder terminar la película, pues he podido recuperar historias muy viejas de la familia, y a la vez, aprender por mi parte lo que es vivir la experiencia de una expedición en alta montaña.
¿Cómo ha acogido tu familia la decisión de hacer el documental y publicarlo?
Por suerte, todos se hicieron partícipes. Soy la única cineasta de la familia, por lo que depositaron una gran confianza en mí. Por otro lado, trabajé desde dentro tanto con mi tío abuelo Enrique, como con su hijo Esteban o Ana. Lo bueno es que cada uno ha aportado a la historia algo muy particular. En el caso de Ana, que es historiadora del arte, ella hizo una maestría sobre la obra de Fidel Roig, por lo que había en ella algo más que aportar, no solamente que fuera bisnieta de él como yo, sino que justamente se había especializado en el tipo de arte de Fidel. Esteban es diseñador gráfico y a su vez, ha estado siempre muy ligado a la obra pictórica. Así, hemos creado un proyecto colectivo de contacto continuo.
En vuestra expedición sacáis réplicas de los cuadros y os dirigís justo a los puntos en los que él retrató el paisaje, ¿cómo surgió esa idea?
La película, desde el momento en el que empecé con ella, sentí que debía ser contada desde los Andes. Para mí, esas montañas simbolizan la idea de que el tiempo pasa y los humanos pasamos, pero la madre tierra queda. Por esas mismas montañas quizás también pasaron los primeros colonizadores españoles que llegaron a Mendoza y a Santiago de Chile. Luego pasó San Martín. Hay mucha historia. Mi bisabuelo no solo destaca como artista de pinturas de paisajes, sino también como aventurero que quiso aprender a estar en esos lugares tan áridos y tan distantes de todo. Ese lugar me parece que era la manera de articular los tiempos de la película: el nuestro actual y el de años atrás con el archivo de Fidel. Me parecía que era además traer al siglo XXI, a Europa y a estas nuevas generaciones la posibilidad de que conozcan estas montañas.
¿Cómo fue el rodaje en la cordillera de los Andes? ¿Cuántos erais en el equipo a la hora de grabar y de trasladar material a lo alto de las montañas?
Para el rodaje en alta montaña, como es bastante complejo, hicimos un equipo compacto y pequeño, conformado por el director de fotografía, una asistente de cámara, la sonidista, y luego la directora de producción y yo. Teníamos un plan de rodaje muy concreto. Sabía que no tenía días como para explorar en profundidad. También estaba el operador de dron, que pudo estar en algunos de nuestros pasos. Tal y como se ve en la película, llegamos a estar en un campamento real. Estábamos a 3.000 metros de altura, por lo que hacía mucho frío de noche (a pesar de rodar en verano) y a partir de ahí salíamos a filmar cada día. Fue un rodaje muy cuidado, porque tuvimos la suerte de contar con la logística necesaria para estar ahí.
¿Dirías que el arte se ha heredado de alguna forma en vuestra familia a través de la pintura, el cine y otras variantes?
En lo personal, creo que el arte es una forma muy linda de vivir la vida. Tratar de hacer arte siempre es un gran desafío, pero creo que tiene mucho que ver con el legado familiar. En nuestra familia el que no es artista, es historiador, sociólogo o filósofo. Sin duda, algo que hay en la familia es la idea de la búsqueda, de tratar de seguir pensando, de pensar en el mundo desde un punto de vista crítico.
En la película hay audios introducidos explicativos de voz masculina, ¿eran audios propios de Fidel o interpretados?
Fue una voz reconstruida. Son audios interpretados por Sergi López, el actor catalán, que fue una suerte que quisiera interpretar a Fidel. Los textos son tal cual él los escribió en el diario o vienen de fragmentos de entrevistas suyas. Lamentablemente no quedaron audios grabados por Fidel. Hubiera sido increíble. En la película creo que los audios le dan vida a todas esas anécdotas que nos describe el artista.
¿Cuál fue el principal interés de Fidel en la cordillera de los Andes, en la montaña?
Él empieza primero buscando como artista plástico el color y la luz, fue su primer desafío. A eso se suma su interés por la historia, pues empezó a estudiar y a darse cuenta de que podía hacer de su arte algo útil para la sociedad. Luego, cuando empieza a conocer lo que es estar en alta montaña, lo difícil que son este tipo de expediciones alejadas de las zonas habitadas, entonces se entusiasma más. Estas vivencias empezaron a crear en él el gusto de hacer montañismo y se volvió un fanático.
¿Vuestra generación ha escuchado siempre de Fidel de boca a boca en la familia desde pequeños o habéis investigado por vuestra cuenta sobre él?
Había muchas cosas que se ven en la película que yo no las sabía hasta que la hice. En la familia siempre se cuentan ciertas anécdotas y veíamos sus obras, pero haciendo el largometraje fue cuando yo descubrí su sensibilidad, su mirada como artista, sus desafíos personales, sus preocupaciones y sus miedos. La película me ha acercado a conocerlo en profundidad, ya que él está muy lejano a mí, es mi bisabuelo.
¿Crees que la película podrá ayudar a generaciones más jóvenes a que sientan respeto por los legados familiares y a que se interesen por sus antepasados?
Sí, ojalá la película fomente la posibilidad de ver en cada familia su legado. Todas las familias tenemos historias hermosas. A lo mejor el bisabuelo fue marino, músico o artista. Más allá de la profesión, estoy segura que en todas las familias tenemos historias hermosas por descubrir y el cine es una gran manera de transmitirlo










