Siendo un mozuelo abrieron en su villa, Madrid, por fin algunos corrales apropiados para las comedias, como el de la calle de la Cruz, en 1574, o el de la Pacheca, que fue remozado al año siguiente por el italiano Ganassa para que presentase la holgura exigida por aquellas nuevas funciones. Y es que los retablos de patio de venta y de plaza de mercado habían gustado tanto por sus fantasiosos enredos y por sus desvergonzadas ocurrencias que se habían remontado de oficio vagabundo y sospechoso de toda incuria a ocupación procuradora de plato caliente y tibio acomodo, y en aquel momento, además, urgían de espacios donde expansionar sus recientes e intrigantes argumentos. Pues sus compañías de cómicos habían descubierto que el vulgo se divertía más con lances de espada y burlas de amor que con sus periciosos malabares y arriesgados jeribeques, que tanto lo habían cautivado antaño, y ahora pedían largos e historiados libretos cuya representación complaciese esa demanda. Y es ahí, para servir a esa nueva apetencia de la mosquetería que se congregaba a los pies de los tablados donde su ágil ingenio encontró cómo obtener un distingo que la cuna le había negado, y con aplicación se dio a componer estos libretos para comedias que, por infinidad que escribiese, obtuvo siempre un indiscutible triunfo; al punto que la Academia de Madrid le solicitó un prontuario donde explicase los mimbres del oficio. Entonces, Félix Lope de Vega y Carpio, en vísperas de sus cuarenta y siete años, respondió a esta requisitoria con el Arte nuevo (1609).

En este puñado de versos expone una preceptiva del drama que, resultándonos ahora atávica e indisociable de lo español, se antojaba entonces novísima porque, aun reconociendo la prelatura de las tres reglas aristotélicas de lugar, acción y tiempo, las subyugaba al mero complacer del público. A estas irreverentes composiciones resultantes, Lope las llamó tragicomedias porque mezclaban sobre las tablas a nobleza y plebe; es decir, donde lo grave —propio de la clase elevada y de la tragedia que la definía— fuese interrumpido por lo bufo —asociado siempre al vulgo y a la comedia—, de manera que provocase de improviso el jolgorio entre la concurrencia. Pues si la dramaturgia lopesca perseguía algo con denuedo, era mantener boquiabierto y divertido al público que, como el propio Lope defendía en este discurso, para eso pagaba. Y tales divertimentos los urdía sobre una leyenda “histórica” o sobre un suceso callejero, donde un joven y una dama sorteaban mil trabas para consumar su amor, sin por ello mancillar la castiza honra. Concepto capital en el teatro de Lope y de sus coetáneos, en tanto que blasón de hidalgos cuanto prurito de cristianos viejos, por menestrales o labradores que fuesen, como comprobamos en su Peribáñez o el comendador de Ocaña (1605-08) o en su Fuenteovejuna (1612-14) o en tantas otras. Lo curioso es que aun al escenificar con este concepto y otros resabios la superioridad de cristianos sobre judíos y mahometanos, la aceptación de Lope fue tal, que se han encontrado comedias suyas transcritas en aljamiado en Túnez, reproducidas de memoria por los moriscos expulsados. Porque esa era otra: la enorme divulgación de sus escritos a sus espaldas y sin que percibiese ni un maravedí. De esta burla contra su beneficio, por lo común obtenido de los llamados autores —directores de las corralas o de las troupes de cómicos— o, en su caso, de los impresores, se quejaba Lope en Trezena parte de las comedias (1620), y en concreto señalaba como causantes de estas mermas de su bolsa a dos sujetos peculiares de aquel tiempo: Memorilla y el Gran Memoria, quienes con “algunos versos que aprenden, mezclan infinitos suyos bárbaros, con que ganan la vida vendiéndolas [las comedias] a los pueblos y autores extra muro [del corral]”.

No extrañe este celo porque Lope fue uno de los primeros, en nuestra lengua, que vivió de la escritura. Y aunque tropezase con algunos vaivenes, en su madurez dispuso de suficiente desahogo para mantener dos casas: la familiar y la de su amante del momento. Este derroche en un hombre del común solo fue posible por los triunfos de las cuatrocientas cincuenta comedias que hoy conservamos —y se supone que no son sino mucho menos de la mitad— con su firma. Por supuesto, tal y tan prolífica proeza convierten a Lope —aunque no fuese como he señalado arriba su verdadero creador— en el genuino y formidable modelo de la “nueva comedia” hispana, y con quién debieron medirse todos sus cultivadores.

En cuanto a su vida, no desmereció a la abundancia de sus dramas; y ahí nos constan sus dos viudedades, sus seis amantes conocidas y el puñado más que le atribuyen las habladurías, sus catorce hijos y sus dos procesos judiciales con destierro y hasta cárcel; y se conoce que por no desairar a su época ni a su rey, el par de veces que anduvo embarcado y en batalla; la primera, en las Azores, y la otra y más célebre, con la Invencible, entre la dotación del San Juan. Y además, lució hábito de familiar del Santo Oficio y hasta de capellán, y como guinda: el de caballero de Malta. Pues bien, entre tanto ajetreo, aún halló tiempo para escribir sus cientos de comedias, algunos autos sacramentales, más de mil sonetos y romances, tres novelas y cuatro cuentos y siete poemas narrativos; en fin, que no habitó sino en el exceso.

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En 1996 decidió dejarlo todo para dedicarse a la escritura. Entre 2004 y 2006 publicó un par de crónicas sobre guerras africanas y otra de asunto local, y en 2011, el ensayo Gaudí o el clamor de la piedra, que resultaría seleccionado como lectura recomendada en los cursos de doctorado de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, mientras mantenía el blog Los cuadernos de un amante ocioso, publicado íntegro en 2015. Títulos a los que se debería añadir las novelas Stopper (2008), que sería distinguida como lectura imprescindible por el Dpto. de Lenguas Modernas de la Universidad Estatal de California; Las cuentas pendientes (2015), Un crimen de Estado (2017) y, por fin, Las calicatas por la Santa Librada (2018), que había resultado finalista absoluta del XXIII Premio Azorín, en 1999.