Un soniquete festivo de maraca, silbato y tambor golpeó en el estómago cuando empezaron a caer los mensajes, uno tras otro, con aquello que no queríamos leer en un día ya de por sí feo por nublado. Un contramuslo de pollo que bien podría haber sido protagonista en una barbacoa se nos atragantó en el segundo plato del miércoles. Justo en el momento en que leíamos que ya no habría más Georgie Dann en la tierra. El trovador de la canción sandunguera, el sherpa de la verbena estival, el rey de la canción del verano y el Carnaval…se había subido al cielo para seguir fabricando éxitos como churros. Porque dudo que allí arriba se resistan al ritmo jaranero, espontáneo y sin reservas de aquel artista que descubrió su maná en una escuela mientras inventaba melodías, escribía letras simpáticas y se sacaba bailes de la manga con la idea de hacer las clases más amenas a sus alumnos.

«Georgie era el rey, y él lo sabía. Y reinaba muy por encima de aquellos que desprecian su canción y la del verano por ‘simple’, ‘hortera’, ‘machacona’ o ‘insustancial’.»

Georgie era el rey, y él lo sabía. Y reinaba muy por encima de aquellos que desprecian su canción y la del verano por ‘simple’, ‘hortera’, ‘machacona’ o ‘insustancial’. No busquen en las letras de Dann un mensaje metafísico, una composición bíblica o un texto que pueda optar al Premio Nobel de Literatura. No jugaba esa Liga porque sabía que sus títulos estaban en otras competiciones. Tal y como le reconoció La Banda del Capitán Canalla en aquel ‘Que vuelva ya Georgie Dann’, él supo ver que lo que tocaba era llenar el escenario de bailarinas y bailarines, para quebradero de cabeza de los realizadores de televisión que no conseguían seguir con su cámara el ritmo frenético de sus movimientos. ‘La Barbacoa’, ‘El Chiringuito’, ‘El Africano’. Artículo y sustantivo. La sencillez arrebatadora.

Georgie Dann consiguió algo muy díficil en este fenómeno del hit veraniego: repetir galardón varios años consecutivos, como si de un Indurain de los éxitos estivales se tratara. El rey del verano nació en invierno y se ha ido en otoño, precisamente cuanto más aprieta el frío. Por ‘Macumba’, el negro y el ‘Campesino’. Por el ‘Bimbó, el ‘Casatschok’ y el ‘Koumbó’. Las canciones lo son todo, y las de Georgie tronarán en nuestros altavoces por los siglos de los siglos.

Sirvan estas líneas como una crónica urgente de quien no solo era el mejor cuando subía el mercurio. También en Carnaval, donde es considerado poco menos que un semidiós en localidades como La Bañeza (León), donde bien podrían dedicar un espacio urbano con su nombre tras un pregón y dos conciertos absolutamente épicos. Los veranos pasarán y en la lista más desenfadada del Spotify no habrá menos de una docena de temas del francés al que más quisimos.