Fotografía Iván Casuso

Bailamos encima de los cascotes, obviamos nuestras ruinas. Aún proclamamos algún te quiero difuminado con nuestros sexos humedecidos. Pero a la mañana siguiente, frente al café templado, las miradas esquivan los desastres de nuestra convivencia.

Observamos, a una distancia prudente, las grietas, los desconchones, los escombros que poco a poco se van acumulando tras los marcos de las puertas y en las vigas principales.

Solo es necesario un poco de tiempo y unos cuantos arreglos, nos decimos. Quizá en Semana Santa o puede que en el puente de diciembre. Hacemos planes de futuro que anestesian nuestros miedos.

Tampoco es para tanto, nos mentimos. Apenas una mano de pintura y algo de cuidados. A fin de cuentas, ningún hogar es tal como uno lo imagina y todas las mansiones están idealizadas.

Volvemos a follar arrepentidos, después, poco a poco, soltamos nuestras manos y giramos nuestros cuerpos; tras las ventanas demolidas, las espigas parecen germinar verdes, afanosas.

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Escritor con varias novelas publicadas, he sido galardonado en varias ocasiones, como por ejemplo en el XLVIII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro por “Isbrük” (Editorial Pre-Textos, 2017). También colaboro como articulista en medios como Zenda, y actualmente dirijo la escuela creativa “La Posada de Hojalata” impartiendo talleres de escritura creativa, tanto dentro de ella como para diversas instituciones.