En los últimos días, Madrid ha sido testigo de una acción deplorable. Y el eco se ha oído en cada rincón de la prensa nacional. La noticia, que se ha propagado como reguero de pólvora, es la decisión de la Comunidad de Madrid de retirar la subvención nominativa al Ateneo de Madrid en los presupuestos de 2024.
El Ateneo, una institución bicentenaria y emblema de la cultura y el pensamiento libre en el centro de la ciudad, ha sido, durante más de 25 años, receptor de un apoyo económico estable por parte de la Comunidad de Madrid. Pero ahora, en un giro que plantea más interrogantes que respuestas, este soporte ha sido inexplicablemente retirado. El Ateneo no es solo un edificio o una institución. Es un hervidero de ideas, un espacio donde conviven sin barreras la literatura, la ciencia y las artes. Hablamos de la casa de Valle-Inclán, Unamuno, los hermanos Machado, Cánovas, Azaña, Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Victoria Kent… un legado cultural inmenso que trasciende el mero concepto de espacio físico.

Bajo la nueva Junta de Gobierno, el Ateneo ha vivido una transformación radical, aumentando su número de socios y enriqueciendo la vida cultural madrileña con más de 900 eventos anuales, la mayoría gratuitos y abiertos al público. Talleres de escritura creativa, oratoria, acuarela, ajedrez… ¿No es esto acaso el verdadero espíritu de la cultura accesible y viva? En la planta alta, la Biblioteca del Ateneo, con sus más de 450.000 volúmenes, es una joya que demanda protección y cuidado. La Comunidad de Madrid, que ha colaborado estrechamente con el Ateneo en eventos culturales, debería reconocer la importancia de sostener este baluarte de la cultura.

Para más inri, la polémica decisión de retirar la subvención, que ya estaba en mínimos históricos, llega en un momento de especial relevancia, justo cuando se celebra el Bicentenario de la institución. Pero más inquietante aún es el contexto en el que se produce esta decisión, en un mes donde se discute la paga vitalicia para los expresidentes de la Comunidad de Madrid.

Es crucial que reflexionemos sobre el valor de espacios como el Ateneo en nuestra sociedad. No se trata sólo de preservar un edificio histórico o de financiar actividades culturales; es una cuestión de mantener vivas las llamas del pensamiento crítico, del debate abierto, de la pluralidad. Madrid, nuestro Madrid, no puede permitirse bajar el nivel de un tesoro como el Ateneo, un lugar que ha dado tanto a la ciudad y a sus habitantes a lo largo de los siglos. El apoyo unánime de los grupos parlamentarios de la oposición en la Asamblea de Madrid para que la ayuda no se retire es un indicativo claro de la importancia de esta cuestión. Señores, hablamos de PSOE, VOX y Más Madrid cantando al unísono. No estamos hablando de un tema partidista, sino de proteger y fomentar un patrimonio cultural imprescindible para el enriquecimiento de nuestra sociedad. El Ateneo de Madrid es más que una institución; es un faro de cultura y libertad. Como madrileños, como españoles, y como amantes de la cultura, no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras se disminuye su importancia y se ataca su existencia. La decisión de retirarla subvención no es solo un golpe a un edificio y a una entidad, es un ataque al corazón mismo de nuestra identidad cultural y a nuestra historia. Es momento de alzar la voz y defender lo que nos hace únicos, lo que nos nutre y enriquece como comunidad. La cultura no es un lujo; es una necesidad vital. Y el Ateneo de Madrid es, sin duda, uno de sus más brillantes exponentes. Frente a esta ola de politización miope que amenaza con arrasar el patrimonio cultural en una marea de rencillas políticas, hagamos un llamado a la acción. No permitamos que el Ateneo se convierta en una víctima más de una lucha de poder estéril, un peón en el ajedrez de la política que olvida la grandeza de su propósito. Levantemos nuestra voz y unamos esfuerzos para detener esta ola destructiva de mezquindad partidista que, como un virus, consume los cimientos de nuestra rica tradición cultural. Hoy, más que nunca, el Ateneo necesita de nosotros, y nosotros de él.