Bajo el lema, Liebe gewinnt, el amor vence, muchos sacerdotes y obispos católicos alemanes empezaron a bendecir a parejas del mismo sexo el pasado 10 de mayo. Para diversas tradiciones cristianas, ese día se vincula a Noé, el primer ser humano que ve un arcoíris, en el relato bíblico.

El sector más progresista de la Iglesia católica llevaba tiempo pidiendo dar este paso. Muchas iglesias protestantes ya admiten el matrimonio igualitario y los anglicanos lo están debatiendo, después de tener obispos abiertamente gays. La desventaja de la iglesia católica en este punto es su universalidad. Mientras las iglesias protestantes operan a nivel estatal, la católica es la misma en países donde ser homosexual es un delito y donde existe el matrimonio igualitario. Conscientes de ello y de la diversidad de opiniones internas, los fieles progresistas se vienen mostrando pacientes, pero paciente no es lo mismo que resignado.

“Bajo el lema, Liebe gewinnt, el amor vence, muchos sacerdotes y obispos católicos alemanes empezaron a bendecir a parejas del mismo sexo”

No se han hecho esperar las más duras críticas del catolicismo conservador. Cuesta saber si están más molestos con la Conferencia Episcopal de Alemania por dar este paso, o con El Vaticano por no haber tomado represalias. Histéricos vociferan que la Iglesia no puede bendecir el pecado y reclaman excomuniones. Los más alarmistas ya hablan de un nuevo cisma en la Iglesia católica.

Por cisma se entiende la división o separación de una confesión religiosa en dos o más iglesias. No ha de confundirse con la apostasía, declarar que ya no se cree o profesa determinada religión, ni con la herejía, suscribir creencias contrarias a los dogmas oficiales de una religión.

“las más duras críticas del catolicismo conservador […] hablan de un nuevo cisma en la Iglesia católica, […] pero ni siquiera el Papa puede declarar la existencia de un cisma”

En la historia de las tres grandes religiones monoteístas abundan los cismas. Rara vez se originan por cuestiones teológicas. Más bien, son las peleas por el poder político terrenal las que han quebrado las comunidades de fieles.

El primer cisma que nos consta se remonta al 928 a.C., cuando al morir Salomón, el Reino de Israel se dividió en dos: el reino de Judá, con capital en Jerusalén, y el reino de Israel, con capital en Samaria. Con el fin de acabar con la influencia religiosa del Templo de Jerusalén, el rey de Israel, Jeroboam I, instó a los judíos a peregrinar a una montaña próxima a Samaria, en lugar de al Templo y adorar allí a Dios. De este modo se dividió en dos el credo de Yahvé.

Las peleas entre el Emperador Bizantino y el Papa acabarían por dividir la cristiandad entre católicos y griegos, luego ortodoxos. Tiempo después vendría Enrique VIII.

En cuanto al islam, de quien Hegel dijo que es la religión hecha Estado, las luchas por suceder a Mahoma, como líder político, en especial el asesinato de su yerno, Alí, motivaron la gran escisión entre chiíes y suníes.

“los cismas rara vez se originan por cuestiones teológicas. Más bien, son las peleas por el poder político”

Los católicos más conservadores repudian a los homosexuales, sobre todo el sexo homosexual, asegurando que es la voluntad de Dios. Fundamentan esta opinión tan contundente en un pasaje del Levítico: “No te acostarás con un hombre como lo harías con una mujer, es abominable” y la Primera Carta de San Pablo a los Corintios. Merece la pena hacer algunas aclaraciones.

El Levítico prohíbe comer cerdo, liebres y mariscos, o mezclar algodón y lana al vestir entre otras perlas. Llama la atención que los católicos conservadores sólo persistan en mantener una de sus líneas en vigor. Por otro lado es imposible que San Pablo condenara expresamente la homosexualidad en sus cartas, aunque así se escriba en muchas Biblias modernas. Vaya, habría sido un milagro… La palabra “homosexual” aparece en el S. XX, derivada de homosexualismo, denominación que describía el amor romántico o atracción sexual por el propio sexo como patología. El texto original en griego del apóstol emplea el término “malokoi” cuya traducción más acertada sería “blando” o “débil”.

“Los católicos más conservadores repudian a los homosexuales, en base a un pasaje del Levítico y la Primera Carta de San Pablo a los Corintios”

Desde siempre, Dios y la moral se han instrumentalizado para maltratar a otros, casi tanto como la política. Y poco se puede hacer, ya que quien se parapete detrás de Dios no aceptará las razones ajenas.

Incluso aunque se diera por bueno que la homosexualidad es un pecado, cuesta entender que la denegación de derechos a la comunidad LGTBI se ponga por encima del “amarás al prójimo como a ti mismo”, “amaos los unos a los otros como yo os he amado” y del “no juzguéis si no queréis ser juzgados […] pues por la medida que juzguéis así seréis juzgados”.

“Desde siempre, Dios y la moral se han instrumentalizado para maltratar a otros”

Sin embargo, los que se hacen llamar cristianos auténticos harían bien en recordar que ni siquiera el Papa puede declarar la existencia de un cisma. La iglesia puede excomulgar a alguien, es decir, expulsarle, pero, si no lo hace, hay que entender que el supuesto hereje permanece católico. Sólo quien desde dentro de la iglesia niega su servidumbre al Cátedra de Pedro y rompe abierta y expresamente con la autoridad papal puede dar lugar a un cisma. Y esto los obispos y sacerdotes alemanes no lo han hecho. Así lo prescriben varios concilios y Código de Derecho Canónico.

Parece que ni el Papa Francisco ni los fieles progresistas tienen vocación de dividir su iglesia. Me temo que a diferencia de a los partidos políticos, asociaciones y empresas, que tan fácilmente se escinden, a los católicos nos aguarda el difícil camino de convivir entre discrepantes.

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