Mrs. America es una serie gigante. Lo mismo podríamos decir del movimiento feminista, con sus diferentes discursos, lenguajes y lemas. Un amalgama de pensamientos, que, como bien demuestra la serie, es imprescindible para que una idea o un grito en medio de la calle se convierta en una corriente de pensamiento universal o en una causa global. Sin debate, las voces se apagan y se corre el riesgo de caer en el mero panfleto. Y el feminismo no merece que le pongan la etiqueta de simple propaganda que simpatiza con una ideología y que discrimina a los elementos discordantes.

Lo primero que destaco de Mrs. America es lo difícil que es equilibrar lo histórico y lo humano y lo bien que lo solventa Dahvi Waller. Para empezar, con un elenco semejante, pocas cosas pueden salir mal. Cate Blanchett es Phyllis Schlafly, la activista conservadora anti feminista amada y odiada a la vez por muchos estadounidenses durante la década de 1970. Recorremos el movimiento de las mujeres y la contrarrevolución con paso firme, como cuando vemos, en el primer episodio, como Phyllis entra al Capitolio con la banda sonora de Magic Carpet Ride de Steppenwolf. Blanchett es dinamita.

Quizá lo que más disfruto de Mrs. America es el guion. Conversaciones espinosas en la boca de iconos como Gloria Steinem (sublime interpretación de Rose Byrne). Byrne, en particular, está sobresaliente como Steinem, la estrella de los medios de comunicación del feminismo independiente que lucha con su papel de líder a la espalda y contra su propia imagen. Pero también en las de Shirley Chisholm (Uzo Aduba) o Betty Friedan (Tracey Ullman), y en conservadoras amas de casa como Alice Macray (Sarah Paulson), la otra cara de la moneda en una batalla donde las protagonistas van entendiendo que entrar en una guerra donde haya mujeres vencedoras y mujeres vencidas es un error.

«Blanchett es dinamita».

Esa trama de mujeres contra mujeres crece y evoluciona. Mrs. America mete el dedo en la llaga del pasado en busca de conflictos y contradicciones que tienen muchísima relevancia estos días. Cada episodio se centra en una mujer (así se nos presenta el título al principio de cada uno de ellos: Gloria, Shirley, Betty, etc.), mientras nos sumergimos en la lucha pública por la igualdad de derechos (la campaña para la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA) en la Constitución de Estados Unidos) en medio de las intrigas personales y políticas.

«Sin debate, las voces se apagan y se corre el riesgo de caer en el mero panfleto»

Mrs. America es una serie tramposa porque ya conocemos el final de la historia. Si no la conocéis, jugad y adivinad quién gana. Sin embargo, ese no es ningún impedimento para disfrutar del camino y de la alfombra roja que nos extiende. Los momentos más importantes de las serie nos hablan de las luchas contemporáneas en la construcción de coaliciones. Mrs. America se esfuerza por dibujar y darle color a dos puntos de vista antagónicos, dos líneas paralelas que chocan y se mezclan. Por un lado tenemos a Schlafly y su Eagle Forum, por otro, a las feministas.

Phyllis Schlafly fue una mujer que quedó atrapada en su propia trampa. Aprendamos algo de ella, de eso que, por encima de cualquier cosa, no queremos para el feminismo.

 

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