Durante todos estos meses en los que irremediablemente hemos tenido que permanecer recluidos en casa, era necesario encontrar algo que nos ayudase a que el tiempo pasara más deprisa y que mejor compañía que un libro, porque como bien dice el filósofo Emilio Lledó El libro se convierte en una morada, en un espacio en que habitamos y constituye un reencuentro con nosotros mismos” .

Pero podemos pensar ¿qué tipo de libro podría ser el mas adecuado en estas extrañas circunstancias? ¿Un libro de poesía, de filosofía, una novela… o quizás algo diferente que pudiese llegar a nuestra mente a través de los ojos?

Y yo rebuscando en mi biblioteca me encontré con un libro de Matisse titulado JAZZ.(1) Su sugerente portada realizada con tan solo dos colores primarios, el amarillo y el azul hacía que me dieran ganas de abrirlo y sumergirme en él.

Figura 1

Este libro llevaba mucho tiempo esperándome en la estantería entre los libros de gran tamaño, esos que para poder leerlos necesitan tiempo y espacio. En cuanto al espacio disponía de una mesa amplia y precisamente creo que si hay algo que nos ha concedido este virus que nos azota es precisamente tiempo, por lo tanto tenía la suerte de disponer de las dos cosas.

Así  que como afortunadamente podía valerme de estos  parámetros tan importantes que son el espacio y el tiempo, cada tarde lo abría, y al detener mis ojos en esas obras tan llenas de color de Henri Matisse, el tiempo que inicialmente parecía vacío e interminable, de pronto transcurría rápido y se llenaba de contenido.

Este libro además de las obras pictóricas de Matisse incluye también muchas de sus reflexiones escritas de su puño y letra ( fig2), y esto era muy emocionante para mi, porque es un artista al que siempre he admirado mucho y ahora todavía más, porque a través de sus colores y sus palabras cada día era capaz de transportarme a otra realidad.

Figura 2

De manera que no pasaba una tarde, de todas esas en las que irremediablemente hemos tenido que permanecer confinados en casa, que no abriese el libro y me quedase como hipnotizada mirando las formas y los colores que estaban en su interior. Fue esta auténtica adicción lo que me hizo investigar más sobre  la vida Matisse, y quizás por deformación profesional, en lo primero que pensé fue en conocer si había tenido o no buena salud.

Y entonces descubrí que la enfermedad le había acompañado  durante toda su existencia ,y  asombrosamente  también me di cuenta  de  como los periodos de recuperación de sus enfermedades  fueron las etapas de su vida que más marcaron su obra, y que estos auténticos periodos de confinamiento que el pintor vivió  como consecuencia  de sus convalecencias  eran los que habían hecho de el un artista tan original y diferente.

Desde luego los confinamientos vividos por Matisse no se debían como los nuestros a un virus que nos puede hacer enfermar, sino que eran la consecuencia natural de sus propias enfermedades.

Hasta la misma decisión de dedicarse a pintar la tomó durante el periodo de convalecencia de una intervención de apendicitis a los 21 años, cuando su madre le regaló una caja de lápices de colores para que se entretuviera, cambiando desde entonces el estudio del derecho por la pintura .

Comienza a tomar clases de pintura en la academia Julián en Paris bajo la supervisión de Adolphe Bouguereau, utilizando en sus primeros cuadros a una perspectiva tradicional en el tratamiento del motivo y del color, como en el cuadro Paris invierno

Matisse suspende el examen de ingreso en la Academia de Bellas Artes de Paris por lo que comienza a estudiar por libre con el pintor Gustave Moureau, que a diferencia de su primer maestro, le estimulaba a seguir su individualidad y a comenzar a utilizar la simplificación en la pintura. Influido por los pintores de la época se acerca también al movimiento impresionista en algunos de sus cuadros (fig 4) o al puntillismo, como en el cuadro «Lujo, calma y voluptuosidad». (fig5)

Figura 5

También se le considera como uno de los creadores del movimiento fauvista por el uso tan libre y novedoso que hace del color en sus cuadros, siendo uno de los primeros pintores en utilizar el color para crear las  sombras de los rostros  como  hace en el cuadro “Mujer con sombrero“ con el que causó un auéentico revuelo en el Salón de Otoño de Paris en 1905. (fig 6).

Figura 6

Pero a pesar de la belleza y los estilos tan distintos que encierran todos estos cuadros, realmente en ninguno de ellos se muestran todavía  esas características tan especiales y propias de la obra de Henri Matisse. Fue  de nuevo durante un largo periodo de convalecencia en un hotel en Niza en 1918  recuperándose de un bronquitis cuando el artista llegó a encontrar su estilo tan diferente y a utilizar el color de esa manera tan característica.

En esta época el pintor estaba forzado por su debilidad extrema a permanecer confinado en la habitación de su hotel, pero fue entonces cuando descubrió las posibilidades pictóricas que encierran las ventanas abiertas al exterior y decidió utilizar en su obra la expresión por encima de la impresión y la decoración sobre el realismo. ( fig 7)

figura 7

Comienza a pintar lo que veía desde las ventanas de su hotel en Niza, del que no podía salir, utilizando esas perspectivas tan originales y esos colores tan intensos sin mezclar que le permitieron llegar su estilo tan personal.

Escribe en aquellos días a propósito de su alojamiento en Niza: “Un buen y antiguo hostal, por supuesto. ¡que adornos los de las colchas italianas! ¡que embaldosado y la luz que entraba por las celosías era magnífica, todo era artificial, magnífico, absurdo, excelente”.

Y será también durante estos períodos de confinamiento de su bronquitis cuando Matisse utiliza los recuerdos de sus viajes para pintar. El viaje que realizó a España en 1910, y en concreto sus recuerdos de Granada, un lugar muy especial para él  le hicieron escribir :

“El recuerdo tan hermoso que tengo de allí es ahora un refugio para mi” y el evocar sus recuerdos le ayudaba a pintar mientras estaba recluido por su convalecencia, de esta época es el cuadro de inspiración española “Mujer con pandereta”(fig 8).

figura 8

También Matisse comienza a realizar durante este periodo de confinamiento por su convalecencia de la bronquitis los cuadros de las odaliscas, evocando con ellas los recuerdos de su viaje a Tánger en 1912 escribiendo también en esos días:

“Sí, sabía que debía abandonarme a la tranquilidad y olvidar mis preocupaciones, las odaliscas fueron el fruto de una feliz añoranza, de un sueño bello y vivo y de la experiencia vivida en el embrujo de un clima“ (Fig 9)

figura 9

Y quizás el abandonarse a la tranquilidad y el tener la capacidad de evocar esos recuerdos hermosos que todos tenemos en la memoria sean la mejor manera para poder pasar el aislamiento forzoso que se nos impone en estos tiempos.

Así las sensuales odaliscas tan llenas de color las pintó Matisse en Niza durante su periodo de confinamiento seis años después de haberlas visto en Tánge , cuando aislado y convaleciente de sus enfermedad decidió buscar su inspiración en los recuerdos de sus viajes.

Es también al final de este periodo de convalecencia cuando comienza la utilización tan original de la perspectiva en sus obras como en el  cuadro “La mesa negra“ (fig 9) en el que con solo el uso del color el pintor es capaz de crear la forma.

De nuevo en 1935 Matisse convaleciente de un cólico nefrítico, se ve obligado a estar confinado, en esta época el artista estaba preparando un encargo de pintura mural para el museo privado del norteamericano Albert Barnes y es precisamente en este período de aislamiento  cuando se le ocurre la utilización de telas  recortadas de colores  para realizar figuras. Figuras que parecen querer salirse del espacio del cuadro  intentando dar, como el mismo decía “una sensación de infinitud en un espacio limitado” añadiendo un nuevo  elemento de originalidad a su obra. (Fig 10)

Figura 10

En el cuadro “La blusa rumana” pintado con posterioridad, el artista utiliza de nuevo esta técnica en la que la figura de la mujer sobrepasa el límite superior del lienzo, el contorno de la blusa blanca vibra hacia los límites del cuadro, y así el color crea un efecto expansivo sobrepasando el dibujo de la figura, algo totalmente novedoso para su época. De nuevo estos periodos de confinamiento debidos a sus enfermedades parecen inspirar su obra de una manera muy especial.

Figura 10
Figura 11

Pero es a partir de 1941 cuando Matisse sufre sus mayores problemas de salud, se le diagnostica un cáncer de duodeno del que fue operado en Lyon por el profesor Leriche. El periodo postoperatorio fue extremadamente complicado sufriendo dos embolias pulmonares que prolongaron durante dos meses su estancia en el hospital y después padeció una gripe muy grave que le hizo estar confinado durante tres meses mas en un hotel de Lyon.

Además como consecuencia de la cirugía se le produjo una hernia intestinal que hasta 1944 le impidió estar levantado de la cama durante mucho tiempo.

En esta época por su salud tan precaria el artista se dedicó a hacer obras de pequeño formato e ilustraciones para libros y es precisamente en este período tan difícil para el cuando ilustró el libro Jazz, de manera ese libro tan asombrosamente lleno de color y de alegría que tanto me ayudó a llenar las tardes en las que teníamos que permanecer forzosamente en casa, estaba realizado por un pintor que estaba viviendo un confinamiento mucho peor que el nuestro.

La lectura de los textos que escribe Matisse en esa época quizás nos puedan explicar como el amor a la pintura y a su arte fueron para el además de una gran fuente de inspiración lo que le ayudo a sobrevivir en este período tan complicado de su existencia, escribe:

“El amor siempre es necesario porque el amor construye al artista. El amor es una gran cosa porque hace todo grande y vuelve ligero lo que es pesado, porque gracias a él se puede llevar un gran peso de forma ligera y vuelve dulce todo lo que se ama, el que ama de verdad es libre y nada puede retenerle. La felicidad se alcanza después de haber finalizado una buena jornada de trabajo que nos puede hacer salir de la bruma de cada día”.

Y así el artista logró no solo salir de la bruma de cada día, como él mismo dice, sino que a partir  de las soluciones pictóricas de pequeño formato en las que había trabajado durante su periodo de convalecencia llego a hacer grandes composiciones murales utilizando una caña de pescar con un lápiz en la punta pintando tumbado en cama las paredes de su habitación creando su propio universo lleno de color y felicidad ( fig 12).

Fugura 12 Matisse pintando durante la convalencia de su intervención de cáncer de duodeno. Vista de las paredes de su casa.

Así escribe :

“Como tengo que estar mucho tiempo acostado a causa de mi estado de salud, me he hecho un pequeño jardín en el que puedo pasear… hay follaje, frutas, un pájaro“

Y así de este jardín imaginario que Matisse había creado desde su propia cama y gracias su arte, surgieron esos recortes de aguada de papel tan llenos de colores vivos y alegres.

Figura 13. Ilustracciones del libro Jazz de Henri Matisse

Este periodo de confinamiento e inmovilidad fue para él una segunda vid , e incluso llegó a decir que todos los trabajos que realizó después eran “sus obras de gracia“ porque estaban hechas en un periodo en el que a pesar de sus condiciones físicas adversas fue para él uno de los mas felices de su  vida y el mas definitivo para su obra al comenzar a utilizar los recortes de aguadas de papel de color, el mismo escribiría entonces:

“Recortar en vivo en el color me recuerda el tallado directo de los escultores”.

Así el artista utilizando los recortes de papel  había logrado por fin unir en su obra de una manera muy especial la forma con el color, algo que había intentado hacer durante toda su vida a través de su exploración de los diferentes estilos pictóricos y el haberlo conseguido por fin, le llenaba de felicidad haciéndole olvidar todos los inconvenientes derivados del confinamiento por sus enfermedades.

Algunas obras de esta época están realizadas con recortes de papel muy esquemáticos y monocrómos como el cuadro “Muchacha saltando a la comba2 ( fig 15). Al mirarla podríamos pensar que Matisse la hubiera podido realizar de memoria, pero nada más lejos de la realidad porque el artista continuaba empleando el mismo método que había utilizado siempre cuando trabajaba,teniendo en todas ocasiones una modelo delante de la que copiar, así escribe cuando realiza esta obra:

“La hermosa muchacha posaba para mi, sin embargo veía que algo no funcionaba sucedía invariablemente en la zona de la espalda, mi dibujo se endurecía se quedaba como tieso, volvía a intentarlo pero no había nada que hacer; de repente comprendí y le dije a la modelo que se hiciese revisar la espalda, diagnóstico desplazamiento de las vertebras desde arriba hacia adentro”

El espíritu observador del maestro seguía allí intentando ser fiel a su modelo con su nuevo método pictórico, los recortes que para él eran ahora lo que antes habían sido los pinceles.

Figura 15. Muchacha saltando a la comba

También en esta época tuvo el pintor otro motivo que le colmó de felicidad, el diseño de las vidrieras de la capilla del Rosario en Vence, cerca de Niza.  Fue un proyecto propuesto por Monique Bourgeois que fue primeramente su enfermera, después se convirtió en su modelo y su ayudante; cuando unos años después profesó en las dominicas en Vence logró que Matisse diseñase la pequeña capilla de las monjas .

Y de nuevo para hacerla el anciano artista vuelve a sus recuerdos, los que tenía de los frescos de Giotto que admiró en su visita a la capilla de los Scrovegni en Padua en 1933. Matisse dibujó primero sobre el cristal y luego recortó de nuevo los colores sobre guache para pasarlos después al vidrio (fig 15)

Figura 16 Las vidrieras de la capilla de Vence. Henri Matisse y Dominique Bourgeois (Sor Jacques Marie)

Matisse quería que “La capilla fuese luminosa como un diamante“ y de todas sus obras fue  quizás la que mas amaba porque la consideraba como el logro final de su búsqueda en el arte, llegando con ella a alcanzar unas de las metas más importantes de su vida, nos dice entonces:

“La capilla de Vence es el resultado de una vida consagrada a la búsqueda de la verdad“

Y con estas palabras Matisse lograba unir el sentido de  su obra con las ideas de Baruj Spinoza, uno de sus filósofos favoritos, porque también para el la búsqueda de la verdad es realmente lo que da sentido a la existencia, y poder alcanzar esto recompensaba todos los esfuerzos de Matisse,  quizás por eso los últimos años de su vida fueron tan felices para él a pesar de su mala salud.

También es muy curioso el comentario que sobre una de sus últimas obras, titulada «Zulma” (fig 17) hicieron desde el museo de Copenhague cuando la adquirieron:

“Que deslumbrante su obra  que alegría y que salud, ante su contemplación respiramos y pensamos que no está todo perdido… es lo más nuevo y joven que tenemos. A su lado todo lo demás parece marchito y laborioso”.

Y hay que tener en cuenta que esta obra, de recortes de aguadas de papel está hecha en 1950, apenas cuatro años antes de su muerte por un artista anciano confinado por sus graves problemas de salud y de movilidad, pero que era feliz porque finalmente había llegado a comprender cuanta verdad y alegría había llegado a crear en su obra y sentir que además era capaz de trasmitirla a todos aquellos que se ponían delante de ella.

Fig 17. Zulma

Una de las frases favoritas que Matisse apuntó en su cuaderno de notas y que le acompañó durante toda su vida, era de su admirado Cézanne:

El color es el lugar en que se encuentran nuestro cerebro y el universo” y quizás por esto la visión de los colores de la obra de Matisse es capaz de llegar a nuestro cerebro de esa manera tan especial infundiéndonos toda la alegría y  el optimismo que experimentó el pintor al realizarla.

Al término de su vida, como él mismo decía “con las prisas del viajero que prepara sus últimas maletas“ el artista nos da una postrera visión de su obra:

“Sueño con un arte de equilibrio, de pureza, de tranquilidad sin temas inquietantes, que sea un calmante cerebral, algo así como un buen sillón que ayude a reponernos de todo”.

Y desde luego conmigo el artista ha logrado su objetivo, ya que su obra ha constituido un buen sillón donde me sentaba cada tarde abandonándome a la alegría de la visión  de los colores y las formas logrando llenar mi tiempo  de alegría y esperanza.

El amor siempre es necesario porque el amor construye al artista. El amor es una gran cosa que hace todo grande y solo el vuelve ligero lo que es pesante, porque gracias a él se puede llevar un gran peso de forma ligera y vuelve dulce todo lo que se ama.

Nada es más dulce que el amor, nada es más fuerte nada es mas alto, nada es más amable, nada es mas pleno, nada es mejor.

El cielo y la tierra han nacido del amor de Dios, y no se puede pensar sino en Dios al ver todas las criaturas, el que ama de verdad es libre y nada puede retenerle.

Felicidad de si mismo, de haber finalizado una buena jornada de trabajo que nos puede hacer salir de la bruma de cada día. El artista no deber ser nunca prisionero de si mismo, prisionero de una corriente de una reputación, prisionero del éxito, los Goncourt han dicho que los artistas japoneses cambiaban de nombre en su carrera cuando tenían éxito para poder ser libres y no tener que estar presos de una reputación o de una carrera, para salvaguardar su libertad como artistas.

Dichosos los que cantan la alegría de su corazón. Encontrar la alegría en el cielo en los árboles, en las flores… ¿no hay flores por todos los sitios para el que quiere verlas? 

La vida futura solo será consoladora y satisfactoria para los que han empleado la suya para el desarrollo de sus dones naturales para el disfrute de los otros y después de su muerte serán recordados por ello… mientras que los han vivido para su egoísmo…

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here