La Kimera Teatro, compañía teatral de larga trayectoria, celebra su décimo cumpleaños con su nueva propuesta, Raclette, tragicomedia gastronómica que se puede disfrutar actualmente en los Teatros Luchana.
Tenemos la oportunidad de conversar con Héctor González y Miguel Rascón, fundadores de la compañía y actores en Raclette. 

 

La Kimera Teatro cumple 10 años como compañía teatral. ¿Cómo definiríais el camino transcurrido hasta este momento? 

Héctor González: Afortunadamente es un camino en ascenso. Empezamos de una manera amateur, recién salidos de la escuela, cuatro compañeros que nos dieron la oportunidad de hacer una versión de un clásico y de ahí montamos una adaptación de La dama boba. Actuamos en pueblecitos, con biombos que se movían por el escenario mientras había gente en la plaza jugando al fútbol. Luego hicimos Bajarse al moro.

Miguel Rascón: ¡En pueblecitos pero llegamos hasta París!

Héctor González: Es verdad, ganas nunca nos faltaron. Pero era un proyecto en aquel entonces menos pretencioso, lo que queríamos era salir de la escuela y actuar, montar una compañía y poder ir haciendo. Luego hicimos Bajarse al moro donde ya tenía un poco más de empaque, un texto que no era una versión que nosotros hicimos, luego Cuerdas, que pudimos entrar en el Teatro Lara y ahora con Raclette, en los Teatros Luchana. Afortunadamente ha sido un ascenso.  

Miguel Rascón: Sí, además de estas obras que hemos estado haciendo durante estos años, también llevamos la dirección de un festival de artes escénicas en espacios no convencionales en Palencia que se llama Contiene Teatro, hemos hecho proyectos de teatro itinerante para el Museo del Romanticismo, hemos escrito piezas breves también… En realidad no paramos de hacer en todo momento, siempre estamos en marcha, pero las obras largas, las que más prestigio o visibilidad nos han podido dar han sido esas, igual que estuvimos también en Almagro en la última edición que hubo presencial, también con una obra de autoría propia.

Héctor lo ha resumido muy bien, nosotros siempre intentamos en cada proyecto que hacemos subir un poquito más, un escalón más, y creo que ahora en nuestro décimo cumpleaños Raclette llega en el momento indicado, porque es una obra ya con cierto grado de madurez, muy interesante, más ambiciosa y eso nos coloca en el sitio donde queríamos estar hace diez años, y es muy guay.  

«Y de repente llegó Raclette, que habla de una cena en un cumpleaños, ¡qué mejor que cenar para celebrar un cumpleaños!»

De hecho, para celebrar vuestro aniversario estrenáis Raclette en los Teatros Luchana, ¿por qué quisisteis trabajar este texto de Santiago Cortegoso? 

Héctor González: Yo soy de los que piensan que de repente las cosas te llegan por algo y llevábamos un tiempo leyendo mucho teatro, porque estábamos leyendo constantemente muchos autores, también autores jóvenes que nos escriben para mandarnos sus textos, a la vez buscamos nosotros por otros lados… Y de repente llegó Raclette, que habla de una cena en un cumpleaños, ¡qué mejor que cenar para celebrar un cumpleaños! Y es una obra que trata conflictos que son muy comunes entre las personas con edades entre los 25-45 años, que puede parecer un rango muy amplio, pero en realidad es la época de la vida en la que te sucede todo lo importante y reseñable a nivel vital. 

Miguel Rascón: Sí, como dice Miguel, leemos muchas obras y a veces es un flechazo. Nos pasó con Cuerdas, nos ha pasado con Raclette… Te pones a leer y dices: «qué interesante, qué texto, qué ganas de actuarlo…». Vemos que los personajes nos pueden encajar también, porque nosotros dos obviamente somos actores y queremos actuar esos personajes, cosa muy importante para seleccionar la obra. También nos encajan las actrices… Nos parece que se puede hacer una puesta en escena y un proyecto muy interesante y cuando lo tenemos tan claro, ya no nos lo pensamos. Incluso en pandemia decimos: «hay que sacarlo, hay que hacerlo»

El montaje está definido como «tragicomedia gastronómica» y hay cocina en directo. ¿Cómo ha sido el proceso de creación y ensayo de la mano del director David Ramiro Rueda? 

Héctor González: Casi siempre trabajamos de la misma manera. Lo primero es encontrar, como decía Miguel, los actores. Una vez tenemos el equipo artístico nos ponemos a buscar el director porque no somos una compañía con un director en el repertorio, siempre vamos contando con directores externos. Contactamos con David Ramiro Rueda, se leyó la obra, le gustó y ya nos pusimos a analizarla y, ¡manos a la obra! Como dato curioso, es una obra que se pudo ensayar mucho pero a la hora de ensayar la comida, por la pandemia, en el sitio de ensayo no podíamos cocinar, quitarnos las mascarillas… Eso lo tuvimos que hacer en mi casa dos días antes del estreno. Muchos de nosotros no conocíamos la Raclette, no habíamos hecho nunca una Raclette y tuvimos que experimentarlo.

David Ramiro Rueda ha sido el capitán de la obra y ha apostado sobre todo por una obra desnuda, una obra que no tiene mucha filigrana, colorido, pero que dentro de esa desnudez al final el espectador se va a encontrar una mesa elegante, con todos los utensilios para poder cenar y cinco actores. Os puedo asegurar que nadie se aburre, nadie desconecta y que cuando termina, a la gente le ha gustado y eso para mí es impresionante. 

La obra cuenta con un elenco excepcional. ¿Teníais ya claro quién iba a interpretarla o hubo un proceso de casting?

Miguel Rascón: El elenco completo es gente con la que, de una manera u otra, ya hemos trabajado antes. Con María Llinares ya trabajamos, incluso con ella como directora o como autora, también con Ángela Chica, con Elena González hemos coincidido en Tabú, obra en la que estábamos como actores Héctor y yo… En realidad, según íbamos leyendo la obra nos iban viniendo sus caras. Al final yo creo que también tiene mucho que ver con cuando estás en la rueda, cuando estás trabajando. Si yo tuviera una panadería y necesitara un panadero, seguramente me acordaría del último panadero que me atendió o del que me hizo el pan que más me gustó, yo creo que los papeles están hechos a medida para cada uno de los actores, porque aunque no hicimos un proceso de casting presencial nosotros en nuestras cabezas estuvimos dándole vueltas y muy claramente nos aparecieron ellas en la mente. No quiero desvelar nada, pero quien vaya a ver la obra se va a dar cuenta de que cada personaje parece hecho a medida para la actriz o actor que lo está haciendo. 

Lleváis en los Teatros Luchana desde el 30 de abril, ¿cómo está recibiendo el público la obra?

Héctor González: Pues muy bien, la verdad… Fue un riesgo, porque, quieras o no, con la pandemia y con todo… Pero dijimos: «venga, vamos a tirarnos a la piscina y que sea lo que Dios quiera». Y la verdad es que, con el aforo que nos están dejando, se está llenando y lo mejor es el feedback cuando la gente sale. A la gente le gusta y no sabe lo que le espera porque jugamos mucho con el misterio a la hora de hablar de Raclette, no es una comedia al uso, no es un Lorca… La gente va con esa cosa de: «¿qué me voy a encontrar?» El público la está recibiendo muy bien, además hay un giro final que la gente remarca mucho. 

Miguel Rascón: Yo hacía tiempo que no estaba en una obra en la que en cada representación el público se está poniendo en pie. Y eso es muy gratificante, con toda la pelea que ha supuesto sacar adelante esta obra, el público la está recibiendo asombrosamente bien, incluso para nosotros está siendo una sorpresa, no nos esperábamos este recibimiento. 

«Raclette es un trabajo de dramaturgia excepcional, premiado en muchas ocasiones»

¿Por qué tenemos que ir a ver Raclette? 

Miguel Rascón: A mí me gustaría que nadie se sintiera obligado a venir y que todo el mundo viniera con ganas. Pero yo creo que es una obra que nadie debe perderse porque nunca he visto una obra como Raclette en la cartelera madrileña. Es una obra con una carga de intensidad bastante fuerte pero con los respiros justos, el alivio para la risa, para la comodidad… Y porque ya que hemos estado requiriendo y exigiendo tanta libertad… ¡Aprovechémosla! Vayamos al teatro y vayamos a ver obras, -me vas a permitir la palabra-, cojonudas como Raclette

Santiago Cortegoso, el autor de la obra, ha hecho un trabajo muy minucioso, es un texto escrito a medida porque en todo momento te va dando los tiempos de cocinado, las reacciones de los personajes, la mezcla entre diferentes tramas que al principio el espectador no entiende y cómo estas se van fundiendo y entrelazando, como el propio queso. Es un trabajo de dramaturgia excepcional, premiado en muchas ocasiones. 

Héctor González: Sí, el texto es muy interesante… Habla de la vida, de las contradicciones que tenemos todos los seres humanos y los personajes son muy distintos entre ellos, por lo que seguro que todo el mundo se sentirá identificado con, al menos, uno de los personajes.

Habla del ecologismo, capitalismo, de contradicciones que están hoy en día latentes.  Cuando estábamos ensayando la obra vimos que era un trabajo de interpretación muy difícil, una obra de cinco actores realmente, porque la carga y nivel de actuación está muy equilibrada en los cinco. La gente se siente muy identificada con el texto. Personajes que pertenecen al 2020, 2021, 2019… Es una Raclette que se podría tener en cualquier casa ahora mismo. Me dijo un amigo mío que vino a verla: «me recuerda a textos de Tarantino». Los espectadores se llevarán muchas reflexiones a casa. 

«Venir a ver la obra para hacer hambre en todos los sentidos: hambre emocional, hambre intelectual y hambre física y salir a cenar después, charlar mucho sobre lo que acabas de ver»

Reflexiones y, quizá, una receta nueva para cocinar, ¿no? 

Miguel Rascón: ¡Sí! La gente sale diciendo: «de verdad… ¡qué hambre he pasado! Si lo llego a saber vengo cenado…». Por eso yo creo que ahora que estamos a las 20:00h en los Teatros Luchana es una hora estupenda para tomarte algo antes de ver la obra, hacer hambre en todos los sentidos: hambre emocional, hambre intelectual y hambre física y salir a cenar después, charlar mucho sobre lo que acabas de ver.

Héctor González: El espectador está dentro de la cena con nosotros, porque cocinamos en directo y estamos con la Raclette encendida, cocinando los alimentos y el público se alimenta de los olores, viendo cómo la preparamos… Y eso es muy interesante también. 

«Mientras sigamos pudiendo contagiar a la gente de lo que hacemos, La Kimera Teatro estará en su mejor momento. Y siempre es el mejor momento»

Que una compañía llegue a los 10 años de vida es todo un logro… ¿cómo os planteáis el futuro de La Kimera Teatro?

Miguel Rascón: Me gustaría que siguiese en esa escala, en esa escalera ascendente en la que, bueno, si en algún momento hace falta tomar una pausa y respirar un poco en un rellano lo haremos pero, creo que La Kimera Teatro nunca ha parado de subir escalones y de seguir queriendo trabajar y estaría satisfecho con que sigamos haciendo, construyendo, creando y transmitiéndole cosas a la gente, que creo que es un sello muy personal de nuestra compañía: jugamos mucho con lo popular, lo social, lo cotidiano. Y mientras sigamos pudiendo contagiar a la gente de lo que hacemos, La Kimera Teatro estará en su mejor momento. Y siempre es el mejor momento.

Héctor González: Sí, ese ascenso. Hacer teatro y llevarle el teatro a la gente, en Madrid o en pueblos, en todos los sentidos y con ganas de ver dentro de diez años que estamos el doble de donde estamos ahora. En teatros más grandes, con más aforos… Es una profesión difícil, un mundo difícil donde para que el teatro sea muy popular y pueda venir mucha gente, necesitas de otros factores para poder ir dando saltos… 

Miguel Rascón: Es curioso porque vamos a Avilés, a Burgos, a Palencia y vienen 400, 500, 600 personas a vernos y en Madrid tenemos que pelear por encontrar un hueco en salas con aforos muy reducidos… Más ahora con la pandemia. Me encantaría que cuando terminase la temporada de Raclette aquí fuésemos a Barcelona. Nunca hemos ido a actuar a Barcelona, Héctor es de allí y estoy seguro de que tenemos un público que nos está esperando. 

 

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