«La virtud no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en querer lo que uno hace» Aristóteles.

Estas palabras de Aristóteles pueden estar muy relacionadas con este cuadro pintado por Claude Monet en 1876 que tituló “La japonesa “
El cuadro no tiene nada en común con otras de sus obras y cuando lo terminó no le gustaba demasiado, porque decía que había pintado “una china con dos cabezas”
Para realizarlo tomó como modelo a su primera mujer Camille Doncieux mostrándonosla envuelta en un extraordinario quimono de colores brillantes rojos y verdes con flores de loto. Este tipo de atuendos los llevaban las japonesas para casarse, las geishas en la ceremonia del té, o se utilizaban para representaciones del teatro kabuki.
Monet habría comprado o alquilado este quimono a un actor japonés, para realizar el cuadro. En el suelo pintó una alfombra de motivos simétricos y la pared del fondo la cubrió con abanicos japoneses conocidos como “ uchiwa”, cada uno de ellos con un motivo diferente .
Monet en el cuadro de forma totalmente intencionada hace que Camille no parezca una japonesa. Su mujer era morena, y la hace posar con una peluca rubia, su intención no era la de representar a una típica japonesa, aunque el título de la obra pueda hacernos pensar todo lo contrario.
Camille inclina su rostro de forma encantadora mirando al espectador del cuadro con sus grandes ojos y sus labios entornados. Desde luego si se la observa bien se sabe que no es una japonesa, no hay duda de que es una parisina, que de forma insinuante muestra la piel nacarada de su brazo derecho con el que sujeta un gran abanico, pintado con los colores de la bandera francesa, azul, blanco y rojo.
Todo el cuadro es una especie de farsa, que parece que quiere mostrar una cosa, cuando en realidad está enseñando otra.
El cuadro tiene muchos enigmas, uno de ellos es esa especie de guerrero samurái de aspecto fiero pintado en el quimono de Camille, que parece realmente un demonio que saliera del fondo del cuadro. A pesar de ello Camille o no lo ve, o no sabe que está, pero de una manera o de otra no le asusta en absoluto, porque el gesto de su rostro no muestra sorpresa alguna.
Podemos preguntarnos ¿Quién es el demonio del quimono, ese guerrero armado? ¿estaría realmente bordado en el ropaje de Camille o fue añadido por Monet al cuadro inspirándose en alguna estampa japonesa de las muchas que poseía?

En todo caso se trata de un guerrero samurái armado con un sable. Para pintarlo Monet se habría inspirado en una pieza del teatro kabuki titulada “Momijigari” que significa” observación del arce “, por ello precisamente el quimono de Camille tiene bordadas hojas de arce.
Probablemente el guerrero del quimono sería el gigante Shoki que exterminaba a los malos espíritus, que se representaba muchas veces en las estampas de Utagawa, que Monet admiraba y que poseía desde muy joven. Pero este guerrero para Monet era un auténtico demonio, que iba mucho más allá de lo que podía representar la moda japonesa de la época.
Porque Monet, como hace siempre cuando pinta, intenta engañar a nuestros ojos para que tengamos una percepción anómala de lo que ha pintado, por eso el cuadro en sí mismo es una especie de farsa, una deformación de la realidad donde nada es lo que parece.
Este demonio en el cuadro de Monet representaría una auténtica anamorfosis, como la calavera en del famoso cuadro de los embajadores pintado por Holbein.

Una especie de anomalía pictórica enigmática y desconcertante, quizás de mal gusto, pero que esconde la clave de lo que quizás Monet quería mostrar en el cuadro. Si repasamos su biografía , en 1876, el mismo año en que pinta este cuadro, le diagnosticaron a Camille un cáncer de útero del que falleció tres años después, y quizás el demonio pintado sobre el quimono quiera representar la enfermedad que Monet sabía que su mujer padecía , y que acechaba a esa modelo que era tan querida para él y que iba a devorarla poco a poco y a arrancarla la vida a los 32 años , poco después de dar a luz a su segundo hijo.
Todo el cuadro realmente es un trampantojo una ficción pictórica en la Monet plasma su triste realidad, la de una enfermedad que finalmente le separará para siempre de quien era su mujer, su musa y la madre de sus dos hijos. Pero a Camille ¿le habría gustado como la había pintado su marido en el cuadro? ¿Se reconocería en el ? ¿o ella también era cómplice de la farsa? Camille nunca fue rubia y las japonesas normalmente tampoco lo son
Realmente este cuadro puede ser el adiós presentido de Monet a la mujer que desde hacía muchos años había sido su modelo. La Camille que aparece en el cuadro no parece desde luego una japonesa, pero tampoco una parisina, parece una muñeca sin rostro humano que sonríe con un halo de tristeza, conocedora ya del demonio que la acechaba a través de su cáncer de endometrio.
Quizás con toda esta farsa pictórica Monet intentaba de alguna manera superar su dolor y engañar a la muerte. Si nos fijamos Camille está rodeada de abanicos japoneses, los famosos “uchiwa” cada uno de ellos diferente al otro, que parecen flotar en la pared de color verde, y si los observamos son en cierto modo semejantes a las ninfeas que mucho tiempo después de la muerte de Camille, su marido pintó de forma obsesiva flotando en el agua del estanque de su jardín de Giverny .

En estas ninfeas pintadas mucho tiempo después Monet quizás quiso poder expresar su duelo, y el recuerdo de la pena que experimento por la muerte de su mujer, de esa “falsa japonesa” a la que representó en este cuadro, que después le fue tan ajeno y que de alguna manera odiaba.
Camille Doncieux fue la mujer con la que compartió los momentos más difíciles de su vida, los de la escasez económica y la falta de recursos, mucho antes de que le llegase el éxito como pintor. Al poco tiempo de su fallecimiento la vida de Monet cambio por completo, llegándole el éxito y la prosperidad económica, por ello cuando ya anciano pintaba las ninfeas, sus recuerdos le podrían haber llevado a ver en ellas el recuerdo de primera esposa Camille, rodeada de sus abanicos flotando en el agua del estanque japonés de su casa de Giverny.
Quizás por todo esto las primeras pinturas de los ninfeas las habría realizado Monet, sin ser consciente de ello, a los 36 años al pintar los abanicos japoneses que acompañan a Camille en este cuadro.

A Monet el cuadro de la “La japonesa” no le gustaba en absoluto y después de pintarlo, quiso olvidarse de el. Cuando lo pintó pasaba por necesidades económicas y al elegir el tema intentó adaptarse al gusto de la época por la cultura japonesa, para poder venderlo sin dificultad.
Y como generalmente Monet siempre lograba lo que se proponía, dos días después de exponerlo logró venderlo por 2000 francos a un comprador anónimo, como confesó en una carta a su amigo Eduard Manet, y con su venta consiguió arreglar algo los apuros económicos que estaba pasando en esa época. En agosto de 1918 el coleccionista de arte Constantine de Rasty, que poseía la obra desde 1878, la vendió a John Rosenberg por 150.000 francos : el cuadro había logrado de nuevo el objetivo con el que Monet lo pintó, el de generar dinero.
Cuando el pintor se enteró de la venta y del precio alcanzado por el cuadro, se encolerizó diciendo que le daba vergüenza volver a ver esa obra porque era un cuadro que había pintado únicamente pensando en que se vendiera bien.
Aunque quizás detrás de todo esto podría existir un motivo aún más profundo, el haberlo pintado durante uno de los momentos más tristes de su vida, que el mismo quiso disfrazar de la vista de los demás haciendo de su obra un auténtico trampantojo. Este cuadro se encuentra actualmente en el museo de Bostón.
En el año 2014 el museo de arte de Tokio organizó una muestra de impresionistas en la que incluyó esta obra y se organizó lo que se llamaba “los miércoles del quimono” de manera que todos los miércoles las visitantes que quisieran podían hacerse una foto al lado del cuadro vestidas con un quimono que se había realizado copiando el mismo modelo que lucía Camille .
Habían pasado muchos años y Monet de nuevo había acertado, porque el cuadro seguía cumpliendo la función para la que él lo pintó, la de generar dinero y gustar fácilmente a la mayoría. Quizás todo esto pasase porque cuando Monet trabajaba en sus cuadros, seguía los consejos de Aristóteles y pintaba siempre lo que de verdad quería, y no lo que tendría que haber pintado.
De ahí el éxito de toda su obra, incluso la de este cuadro, tan extraño y anómalo, no le gustaba ni al propio pintor que lo había realizado .









