El majestuoso Teatro de la Zarzuela acoge, un año más, el Proyecto Zarza, una iniciativa de zarzuela por y para jóvenes en la que todo el equipo es menor de 30 años. Enfocado, en gran parte, a un público escolar, este año se representa El Sobre Verde una obra que se estrenó en enero de 1927.

En una sala del teatro, Íñigo Etayo y Julia Adún, dos de los dieciocho actores y actrices que componen el elenco, me cuentan sus impresiones sobre la zarzuela, las dificultadles que entraña este género y la tarea del Proyecto Zarza de acercar el género chico a las nuevas generaciones.

¿Cuál es el momento en el que vosotros decís “yo quiero hacer zarzuela?

Íñigo Etayo: A mí me pasó viendo otros Proyectos Zarza. Había varias personas siempre que conocía y me daba un poco de envidia participar en este experimento que es coger un género clásico e intentar atraerlo a la actualidad. Siempre me ha picado el saber como sería “mi año”, en el que yo estuviese.

Julia Adún: Yo también viendo, sobre todo el anterior proyecto zarza, porque yo tuve conocimiento del proyecto hace dos años. El anterior viene a verlo por primera vez porque estaba un amigo mío y, la verdad, es que me cautivó mucho el proyecto, la idea en sí. Esa manera de modernizar el género y atraer a un público más joven para que entiendan lo que han vivido sus abuelos, en cierto modo.

También tengo muchos recuerdos, muchas reminiscencias de mi abuelo con el organillo, poniéndome Zarzuelas, como la revoltosa y me decía “tú vas a estar en la Zarzuela”. Para mí también es emocionante por eso, creo.

Ambos habéis comentado la intención de actualizar y acercar el género a la juventud, ¿cómo se está haciendo esto?

I: Ese es un poco el gran debate (ríen). Por los (Proyectos) Zarza que yo he visto, cada año lo hacen de una manera. Al final, Nuria Castejón ha dicho ya alguna vez que lo que se está intentado es centrarse en los valores de la obra, que son universales y nos atañen, hoy, mañana y dentro de cien años. Sí que es verdad que, encima, los personajes de este año viajan, no se queda todo en el Madrid de principio de siglo. Ya es un poco más llamativo con la escenografía, el vestuario, la obra ya de por sí no es que sea muy clásica.

J: En particular, este se mantiene bastante fiel a la época en la que estuvo escrita la zarzuela, incluso también el vestuario. Creo que, realmente, el toque de modernidad se da, a parte de que somos jóvenes actores, también la manera en la que hemos llegado a interpretar las canciones, igual no de la forma más clásica.

¿Nos podéis contar un poco quienes son vuestros personajes en El Sobre Verde?  

J: Hay varios, están el personaje de las modistas que somos tres chicas. Es un número en el que el metre del hotel, que es Íñigo, llama a un equipo de modistas para que ponga guapos a los protagonistas. Aunque solo aparezcan en una canción, me gusta el hecho de que sean las primeras mujeres trabajadoras. Además, la canción al principio era bastante machista y misógina y le dieron una vuelta de tuerca para este Zarza. Si la canción antes decía “quiero que este chico venga y me bese, me moleste y me acose después del trabajo”, ahora dice “eres un pesado, déjame en paz, estoy trabajando”.  

Ese es uno de mis personajes, también están las Moneditas de Oro y, mi personaje, que interpreto a una cantante de samba que se llama Gisela Miranda. Es verdad que es una canción que no es precisamente un canto feminista, pero la actitud hace muchísimo, el foco desde donde lo quieras mostrar.

Í: Mi personaje principal es el metre del hotel, que está todo el rato gestionando lo que ocurre allí. Desde el principio ve que los dos protagonistas, por alguna extraña razón, tienen mucho dinero y quiero sacarles todo los posible (ríe). Luego también interpreto a otro personaje, que, aunque solo aparece en una canción, es por el que me llaman que es El Gordo de Navidad, brillante y redondo, pero es muy divertido.

¿Cuál creéis que es el principal atractivo de este Proyecto Zarza en concreto?

Í: A mí me parece, como ha dicho Julia, es de los más fieles a la obra original, aunque se ha editado mucho, se han cambiado letras, incluido canciones, etc. Pero, creo que el atractivo viene de basarnos en un texto “original” se ha intentado modernizar cambiando algunas letras, otras, como su canción, que podría entenderse de una manera, pero dándole una vuelta se entiende de otra. A mí es lo que me parece más interesante, el jugar desde el material.

J: Me paree muy atractivo esa forma de modernizar un estilo que está bastante cerrado, y es un estilo bastante concreto en cuanto a la forma de cantar y movernos nosotros. El propio cuerpo del actor, por muy fiel que se mantenga la obra a la original, permite que nos manejemos para darle una esencia muy joven y muy fresca.

A vosotros como artistas, ¿qué os aporta hacer zarzuela?

Í: En mi caso personal, empecé haciendo óperas. Para mí sí que ha sido un reto el hecho de no tener micro y lo comento siempre. Para mí define muchísimo porque si tuviésemos micro nos alejaríamos aún más de la zarzuela. Hay mucho de la zarzuela que lo limita el tener que proyectar de la manera clásica, como la forma de cantar o la posición en el escenario. Estoy seguro de que si Julia tuviese micro en su canción lo haría aún más suyo, al no tener que preocuparse de proyectar. Entonces, esto para mí era un reto. Además, no he tenido ningún antecedente zarzuelero en mi familia, yo crecí escuchando Mecano, entonces entrar en esto era una “obligación”. Era un sentimiento de empaparme un poco.

J: Para mí, lo que ha comentado Íñigo del micro, también. Yo vengo de estar en teatros de colegios e institutos y es cierto que íbamos microfonados. En sí es un reto cantar para un público tan grande y saber que tu voz tiene que llegar hasta la última butaca. Me parece reto y además es emocionante. Es un poco primitivo, un poco lo que somos, realmente. Nosotros no hemos nacido con un micro para que nos escuche la gente, a veces nos tenemos que hacer oír gritando, y es algo que yo tengo muy presente en mi día a día. (Ríen) También creo que me está ayudando a reconectar mucho con el Madrid de los abuelos y sus símbolos y elementos que llevan cien años escondidos en las calles.

Vosotros, personalmente, ¿cómo acercaríais la zarzuela a los jóvenes?

J: Creo que una forma de acercar la zarzuela a los jóvenes es, básicamente, enseñarles que es un género interesante, que la música es muy bonita y que la pueden relacionar mucho con la música que hay ahora, un poco popera. Nosotras nos seguimos relacionando un poco como las primeras chulapas y creo que les puede atraer mucho.

Enseñarles desde la esencia actual de cómo hablamos y como nos relacionamos, enseñarles cosas que se dijeron hace cien años, pero que siguen teniendo validez. Todo lo que es ir a las ferias, a las verbenas, estar en el barrio sentadas como estaban ellos en los corrales. Son costumbres muy puras que seguimos manteniendo y me parece muy importante porque la zarzuela está dirigido a los pobres y sus protagonistas son pobres y clase obrera. Entonces, creo que, si se hace el camino desde ese lugar, va a haber un gran interés por parte del que viene a verlo.

Í: A mí me resulta curioso, ¿por qué la zarzuela asusta, pero el musical no? A mí, que me ha pasado, ahora me doy cuenta de que no tenía ningún sentido. ¿Qué tendría que cambiar para que mi cabeza comprendiese que, si voy a ver Los Miserables, que es más clásico aún y tratan temas más trascendentales? ¿Por qué eso sí, pero a esto le tengo un poco más de reparo? La verdad es que todavía no lo sé, pero estoy en ello (ríe).

J: Yo creo que es eso, que tiene que haber más proyectos como este, con una intención de modernizar, de acercar a los jóvenes y de mantenerles sujetos a su cultura. Está bien que se sientan identificados con las cosas que ven. Obviamente, si ven una zarzuela obsoleta no va a pasar, pero si ven una que está fresca, modernizada, hecha para ellos, a la que se pueden acercar, considero que ahí está la clave.

Í: Claro, además, la zarzuela era un poco las redes sociales del momento. Se hablaba de lo que había, de lo que se era, de lo que acababa de suceder. Eso es un factor que ahora no existe, porque ahora para nosotros es histórico, cuando la zarzuela en su origen era actualidad. Entonces, no sé hasta que punto habría la opción de componer nuevas zarzuelas o de ser un poco más flexible con la adaptación de la música, porque es un poco rígido. Es algo que entiendo, pero quizá si se pudiesen sustituir palabras que han quedado desfasadas por otras más actuales, quizá ayudaría.

J: También en lo referido a la estética. En el escenario llevamos unos looks muy guais, muy al estilo de Nueva York, pero también creo que si se hubiese visto gente vistiendo de manera actual hubiese sido muy interesante, como hicieron en el anterior Proyecto Zarza. Creo que eso acerca mogollón. Cuando veo a alguien que se mueve como yo y viste igual, aunque estén diciendo un texto de hace cien años siento que algo me está conectando. Ahí es donde se ve la universalidad de los conceptos.

¿Qué es lo que más os gusta de formar parte del Proyecto Zarza?

Í: Formar parte de todo esto que te estamos contando. Estoy hablando de qué se podría cambiar en la zarzuela y yo, personalmente, ¿cómo puedo acercar esto?, ¿cómo huyo del cliché clásico y hacerlo actual? Y sentirte parte de la opción de acercar.

J: Para mí lo de sentirte parte el algo que resuena mucho en mi cabeza, porque no soy precisamente el perfil de una persona que está en la zarzuela, en absoluto. Y creo que el hecho de tener la oportunidad de estar aquí y que vaya a aparecer una chica negra en una obra de zarzuela es darnos un lugar en un espacio que nunca hemos visto como nuestro y que llevamos viendo desde lejos mucho tiempo. Y, de repente, sentirme, ya no cerca, si no dentro me enorgullece bastante. Además, me emociono un poco pensando en mis abuelos y lo contentos que estarían.

¿Con qué sensación os gustaría que se fuese el público del teatro?

J: Con que el público se vaya a su casa canturreando las canciones me parecería divertido. Aunque vayan escuchando C Tangana, que sigan pensando en la música.

Í: Es que estamos en un momento tan curioso, hay una canción que es Las Moneditas de Oro, que cada vez que empieza pienso en Rosalía y me la imagino cantándola. Estamos en un momento en el que la cultura pop está muy relacionada.

J: Es casi como un gen. El coger lo más folclórico, hacerlo tuyo y actualizarlo. Es una manera muy fresca de seguir con la línea de esta música.

Í: Para mí, con que hayan estado metidos, ya me vale. Con que sea una buena experiencia, me doy con un canto en los dientes.

J: Es súper importante que los chavales vengan al teatro y se vayan emocionados y excitados, no pensando “no quiero volver al teatro”.

El sobre verde podrá verse en el Teatro de la Zarzuela del 21 al 26 de febrero y cuenta con un precio especial para estudiantes, ya que otra de las formas de acercamiento a un público más joven es hacer accesible y asequible la adquisición de entradas por el mismo.

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Nacida en Granada, está estudiando Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos. Habiendo actuado con compañías de teatro locales, cuando se mudó a Madrid aprovechó cada oportunidad de asistir a las distintas representaciones que ofrece la capital. Está convencida que para vivir una vida de película la clave está en ver muchas y si tuviese que elegir su lugar favorito del mundo, sería el patio de butacas.