Fotografías de Belén Villacián

Inés de León da el salto a la gran pantalla de la mano de Movistar con “¿Qué te juegas?”, una comedia protagonizada por Amaia Salamanca, Leticia Dolera y Javier Rey. Tras una intensa carrera realizando producciones underground, la cineasta canaria traslada su singular estilo a un largometraje cargado de color y diálogos ingeniosos. “Solo sé hacer humor, me sale solo”, afirma sin complejos. Sus comienzos en el género se remontan a la webserie “Inquilinos”, donde además de dirigir, interpretaba el papel de una chica tímida e insegura. Sin embargo, a los pocos minutos de conversar con ella se descubre la personalidad genuina de un cartoon. No por casualidad, en su obra late la influencia de series como Los Simpson y Futurama. “Cuando dirijo actores a veces se nota que quiero que sean dibujos animados”, reconoce la cineasta. Inés de León nos recibe frente a los Cines Verdi de Madrid, a la salida de uno de los primeros pases de “¿Qué te juegas?”.

 

¿Cómo ha sido rodar con actores con los que ya habías trabajado previamente como Javier Rey y Leticia Dolera?

Para mí ha sido importantísimo. Mi manera de hacer comedia es tan especial y diferente que me ha sido muy favorable trabajar con actores que ya conocían mi método, mi humor y lo que espero de ellos. Me gusta mucho la animación; cierta manera de moverse y de hablar son muy específicas. Soy muy puntillosa en la interpretación, por eso hay un tono muy homogéneo. Entonces claro, son actores que ya me conocían y ya sabían a lo que venían, lo que me vino muy bien. Y encima son actorazos increíbles que han creído en mí que cuando yo no era nadie. Que menos que repetir con ellos cuando te dan una película.

 

Viniendo de producciones más pequeñas o incluso underground, ¿has tenido la misma libertad a la hora de aplicar tu estilo a este largometraje?

La respuesta tienes dos vertientes. La primera es que cuando entra el parné se pueden lograr más cosas. Yo rodaba todo en mi casa, decorándola, siendo la directora de arte, haciendo la iluminación, en mi webserie hacía también el vestuario, el montaje… O sea, ya no tienes ese pluriempleo y además se trata de gente de primera línea que va a llevar a cabo lo que tengo en la cabeza, aunque me meta en todo y sea muy tiquismiquis un poco controladora. Cuando rodaba y escribía los cortos en mi casa no podía explayarme y decir: “¡y ahora salen a la calle!”. Pensaba: “si ahora salen a la calle, a ver cuánto me va a costar”. Mi película empieza con el protagonista llegando en helicóptero. Esa es la libertad que da saltar de liga.

¿Qué libertades te quita saltar de liga? Pues evidentemente todo se tiene que hablar con los productores, con la cadena, tiene que haber un consenso. Todo lo que se ve en la película lo he tenido que hablar y explicar, porque además es un humor muy diferente que a lo mejor podía no entenderse al principio. Por supuesto estoy encantada de que Movistar y Santiago Segura, que es el productor, hayan creído en mí, pero evidentemente todo lo he tenido que luchar y explicar. Y esa es la diferencia, que la libertad que da el underground es como: “a lo mejor se me ocurre una idea y la hago”. En el otro caso si se me ocurre una idea va con un email explicándola.

«Mi manera de hacer comedia es tan especial y diferente que me ha sido muy favorable trabajar con actores que ya conocían mi método, mi humor y lo que espero de ellos»

La película está llena de referencias a la cultura millennial. ¿Es un humor muy representativo de una generación?

Creo que nosotros estamos absolutamente impregnados de una tecnología que a otras generaciones les es ajena o la han introducido en su vida como algo nuevo. Ya no sé si a estas alturas de mi vida he tenido más ligues de Tinder que con “humano normal”, y hablar por Whatsapp o escuchar música en Spotify es lo normal para nosotros. Quiero decir que estamos acostumbrados a usar una tecnología en nuestro día a día que otras generaciones no tienen y por eso las referencias en la película.

Pero tengo que decir que hicimos un pase en la Academia de Cine, vinieron muchísimos académicos mayores de 50 y les gustó un montón. Te quedas hablando con la gente, te dan su opinión y me alegró muchísimo ver que, aunque es una película que pertenece a una generación, gusta a otras generaciones. Como cuando nosotros vemos películas de los 70 o los 80 y nos encantan.

¿Se trata de una película feminista?

Creo que a veces la gente tiene la idea de que una película feminista es una película con un mensaje feminista en letras mayúsculas, donde todos los personajes son ultra feministas y tienen un discurso ultra feminista. Creo que el feminismo es simplemente la igualdad entre hombres y mujeres, que últimamente parece que es otra cosa. No es más que eso. Lo que se necesita es ver secuencias que a lo mejor sean machistas, donde la lectura que hagas sea: “madre mía, cómo está el mundo”.

Por ejemplo, la película trata de dos hermanos que se apuestan que van a conseguir que alguien conquiste a su hermana, porque no vaya ser que venga un cazafortunas. Eso es súper machista. Nosotros hacemos esa lectura y entendemos que a veces el mundo sigue teniendo comportamientos machistas que hay que erradicar. Creo que el mensaje será feminista si la persona entiende que la manera de escribir y expresarse es feminista. No hay que hacer un alegato, sino que exude que tu visión es feminista.

«Creo que a veces la gente tiene la idea de que una película feminista es una película con un mensaje feminista en letras mayúsculas, donde todos los personajes son ultra feministas y tienen un discurso ultra feminista»

¿Qué te permite el humor?

Por ahora solo sé hacer humor, me sale solo. Soy una persona muy graciosa en mi manera de comunicarme y me viene desde el colegio cuando era una marginada por pelirroja, necesitaba hacer amigos y la única manera que encontraba era hacer chistes. Mi manera de comunicarme en general es el humor. ¿Qué es lo que me permite el humor? Desde la risa, hacer críticas de las cosas que yo veo que no funcionan o que habría que cambiar, incluso hablar de las cosas que nos acontecen. Por ejemplo, hablar de lo que es tener un corazón roto. En la película Leticia Dolera hace un monólogo escrito en conjunto con Pepón Fuentes, un monologuista, que habla de cosas mías, que me pasan a mí cuando tengo el corazón roto. A mí el humor me sirve para hablar de todo, pero haciendo reír.

 

Da la impresión de que la comedia romántica es tratada generalmente con menos seriedad que otros géneros, cuando grandes directores de la historia del cine como Billy Wilder o Woody Allen han concebido obras maestras en esa categoría. ¿Crees que merece más reconocimiento?

Totalmente. Creo que una vez que etiquetas algo lo estás relegando a un cliché de sí mismo. Si incluyes joyas como “El Apartamento” o “Cuatro Bodas y un Funeral” en el cajón de las comedias románticas vas a pensar que son una serie de tópicos. Veo “Cuando Harry encontró a Sally” y me parece una película grandiosa. Evidentemente, lo que tienen las comedias románticas es un patrón que se va repitiendo. Por eso me burlo de ellas en la película y luego al final me rindo ante el romance, porque el amor es precioso.

Lo que no está bien es lo que a veces pasa mucho con la industrialización del arte. Cuando algo funciona se produce en serie, y ahí creo que está el problema. Cuando salió “Cuando Harry encontró a Sally”, que es una película maravillosa, no se hacían comedias románticas. Muchas cosas que tiene se han repetido hasta la saciedad, como la lucha de sexos, o que ella sea una persona muy especial que al principio no se guste… Al fin y al cabo, me parece interesantísima y tan digna de estar en los hitos cinematográficos como cualquier drama oscarizadísimo.

Ahora que citas “Cuando Harry encontró a Sally”, ¿cuáles dirías que son tus influencias a la hora de hacer cine?

La influencia que más me ha marcado es una película bastante antigua que se llama “To Be Or Not To Be”, una comedia de Lubitsch de 1942. Me parece la comedia más gamberra: está hecha en plena Segunda Guerra Mundial, un personaje se disfraza de Hitler, hace chistes sobre los campos de concentración… No se corta en nada. Tiene un humor rapidísimo, que es lo que he intentado hacer yo: un chiste, otro chiste… Es decir, te ríes y tienes que callarte porque si no, no escuchas el siguiente. Y unos personajes secundarios súper potentes, algo que yo intenté introducir. Lo primero que hice en la película fue el personaje de Brays Efe. Quería que los personajes fuesen súper graciosos y no secundarios, y con Brays, que es uno de mis mejores amigos, dije: “¡esto es un as en la manga!”.

También me ha influido mucho la animación. Por ejemplo, Los Simpson me influye muchísimo. Hemos crecido viendo Los Simpson, no sabemos lo que es la vida sin ellos. Hay un momento en el que Javier Rey se va corriendo y que tuvimos que repetir mil veces –se ha ahorrado el gimnasio gracias a mí– y yo le decía: “como cuando a Homer se le olvida algo, y sale corriendo, y luego se escucha el coche…” Futurama también me influye mucho. O sea, en mi manera de dirigir actores a veces se nota que quiero que sean dibujos animados.

 

¿Hay algún otro género que te gustaría explorar?

Sí, la verdad es que hay muchísimos géneros que me gustaría explorar, lo que pasa es que tengo tanta carrera todavía en la comedia que no me imagino dentro de poco haciendo otra cosa. Pero me encantaría hacer películas de acción, comedia de acción, sin duda. Es una cosa que quiero hacer lo antes posible, si no mi segunda, mi tercera película. No, de hecho estoy escribiendo mi segunda y no es comedia de acción, pero para la tercera. Y también me gustaría hacer musicales, me encantan los musicales, pero haría una comedia musical.

 

Estudiaste un master en dirección de fotografía en la ECAM y durante un tiempo ejerciste como tal. ¿Le prestas especial atención a este aspecto en tus producciones?

Sí, es que soy súper tiquismiquis. Los jefes de equipo han sido unos santos, porque de verdad, estaba en copia de todos los emails, opinaba hasta del último tenedor de la mesa, del color de los labios, de los jarrones del fondo, de la luz… Decía: “¿vas a poner contraluz aquí?” Realmente soy muy tiquismiquis. Estudié dirección de fotografía para ser mejor directora y ejercí un poquito porque hay más oferta de trabajo de técnico que de director. Pero hubo un momento en que dije se acabó, y ahí empecé a hacer mi webserie, me dejé todos mis ahorros e intenté dedicarme a la dirección que es lo que realmente me gusta y me hace feliz.

«La influencia que más me ha marcado es “To Be Or Not To Be”, una comedia de Lubitsch de 1942. Me parece la comedia más gamberra: está hecha en plena Segunda Guerra Mundial, un personaje se disfraza de Hitler, hace chistes sobre los campos de concentración… No se corta en nada»

Pasaste una parte importante de tu carrera dirigiendo fashion films, de los cuales destacan los Fashion Vogue. ¿Qué inspiró aquel formato?

Inés Lorenzo, que es la directora de la sección digital de Vogue, me llamó y me dijo que le encantaba mi trabajo y que quería que colaborásemos en algo de la web. Es verdad que Vogue es una revista muy importante, pero para su web no tiene muchísimo presupuesto. Yo le propuse hacer una serie de cortometrajes que fuesen autoconclusivos y diferentes. A ella le encantó la idea y nos lanzamos a ello. Eso sí, con un presupuesto muy bajo. Rodaba todo en mi casa y casi todos los puestos, si ves los títulos de crédito, los hacía yo. Poco a poco se fue incorporando gente. Pero es que estuve año y medio haciendo un corto al mes. Y eso implicaba escribirlo, producirlo­­ con mi socio Borja Álvarez, dirigirlo, rodarlo en mi casa, decorar la casa, montarlo, y luego escribir otro y todo eso otra vez.

Estuve un año y medio loca. Y aun así me encantan los cortos y los guiones que han salido, e intentaba explorar porque tenía libertad. De nuevo, no me daban dinero pero me daban libertad. Pero fue un entrenamiento brutal porque no he trabajado más en mi vida. Y además tenía que coger otros trabajos porque no tenía un pavo. Empezaba el mes, escribir, preproducir, prepararse como directora, decorar la casa, rodarlo, desdecorar la casa, editarlo, respirar y escribir, y así un año y medio.

Cineastas reconocidos como Wes Anderson también han realizado cortos para marcas de moda como Prada. Sin embargo, parece que en España el formato está todavía por explotar. ¿Deberían apostar más las marcas por esta clase de contenidos?

En el caso de los Fashion Drama de Vogue no era una marca, sino simplemente Vogue que quería hacer contenido interesante en su web, lo que me parece una apuesta maravillosa. También he hecho fashion films para marcas como Guerlain, con Blanca Suárez y donde las gemelas Cuesta acaban sacando una metralleta. Eso es un hito en la publicidad cosmética en España, porque me dejaron toda la libertad que me he ganado gracias a los cortos de Vogue. Pero estoy deseando que las marcas se lancen más, porque los espectadores somos impermeables a los anuncios. Si por lo menos nos entretienen es una manera de descubrir el producto y divertirse, porque si no le voy a dar a skip ad, skip ad.

«Creo que hay que lanzarse, si te gusta algo lánzate a hacerlo todo lo que puedas y desoye a la gente que te aconseje lo contrario, porque si tienes una pasión hay que seguirla»

Tu primera película, “Qué te juegas”, se estrenó el 29 de marzo en cines. ¿Qué reflexión haces de tu trayectoria en este momento?

Pues mira, la reflexión que hago, que además la voy a hacer en forma de consejo, es que creo que hay que lanzarse a hacer cosas, encontrar tu propia voz. Por supuesto que uno tiene influencias, yo las tengo y son claras, pero hay que encontrar tu propia voz porque así te vas a sentir a gusto creando. Realmente me he dejado la vida cuando estaba en el underground y ahora en la película también, pero me la he dejado muy a gusto. Veo todas las cosas que he ido haciendo y pienso que menos mal que las he hecho, aunque pareciese de locos. ¿Cómo vas a estar un año y medio todos los meses escribiendo un corto y dirigiéndolo en tu casa? Si mi casa era un caos, estaba solo para trabajar, comía en casa de mi vecina…

Pero creo que hay que lanzarse, si te gusta algo lánzate a hacerlo todo lo que puedas y desoye a la gente que te aconseje lo contrario, porque si tienes una pasión hay que seguirla. Yo estoy súper contenta de hacer un largometraje, pero ya estaba súper contenta de hacer los cortos de Vogue, y anteriormente súper contenta haciendo mi webserie. Creo que si te gusta algo vas a ser feliz. Yo hubiese sido una infeliz siendo notario y ganando una pasta firmando un contrato o lo que sea que hacen los notarios.

 

El cine en España proyecta la imagen de ser una industria plural y comprometida con las causas sociales. No obstante, eres de las pocas directoras que hay en el cine español. ¿Falta un impulso en este sentido?

Totalmente. Y es que los números no engañan. Por ejemplo, soy muy amiga de Leticia Dolera que es directora, de Manuela Moreno que es directora, de Alice Waddington que ha estrenado su primera película, ha estado en Sundance y no se ha enterado ni el tato. Somos todas directoras amigas que nos apoyamos entre nosotras, pero somos muy pocas y creo que falta algo que se retroalimenta: faltan referentes. Si para Alice, para Leticia y para mí la referente era Sofía Coppola, necesitamos que haya más referentes para que más chicas digan: “yo también puedo hacer cine”.

O sea, que un director de cine no es un señor gordo con barba como era Alex de la Iglesia, por decir el cliché más tópico. Yo creo que está bien que las mujeres que quieran ser cineastas, las chicas, las niñas, sepan que pueden llegar a serlo. Porque no tener referentes no ayuda. Y además hay que inspirar, nosotros deseamos lo que conocemos. ¿Los niños qué quieren ser de mayor? Pues lo que han visto que existe. Los niños eligen en el abanico que tienen, y la verdad, si consigo que una niña diga: “yo quiero ser directora”, porque ha visto las cosas que hago y eso le ha inspirado, ya me doy con un canto en los dientes.

 

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