La realidad no solo alcanza a aquello que podemos apreciar a nuestro alrededor y de eso, precisamente, nos habla “Finlandia”, de ir más allá de la frontera nacional. Un largometraje de Horacio Alcalá que da a conocer, mediante la interpretación de su director, la realidad de un colectivo existente en la región de Juchitán en México, las muxes. Autodenominadas como el tercer género, este colectivo presenta una historia de gran trasfondo social y humano a través de una cultura hasta entonces desconocida por el público. Un director que aprecia la esencia del audiovisual porque “es la única manera de dialogar con mi entorno”, desvela Horacio Alcalá durante una entrevista.  

Antes de todo, ¿cómo se encuentra? 

Muy feliz, la verdad, con salas llenas en Madrid y muy buen feedback desde Barcelona o Valencia, con noticias de nuevos festivales en Florencia y en Estados Unidos y muy contento de escuchar que a la gente le gusta “Finlandia”. Los comentarios son muy positivos. En general, cada persona se identifica con un personaje diferente, cada persona se identifica con un momento o con algo que, en realidad, les ha pasado a ellos o a personas muy cercanas. Al final, las historias de las muxes  que pasan en “Finlandia” son historias que podrían pasar en cualquier otro sitio, incluso en nuestra sociedad, porque es un niño que su madre no acepta lo que es, una joven con un padre abusador y una persona mayor con falta de cariño. 

Ha realizado numerosos largometrajes, documentales y cortometrajes presentados en festivales pero, ¿de dónde le viene esta pasión por el sector audiovisual? 

La verdad es que, la pasión, empezó desde muy pequeño cuando hice un casting para una película, me quedé como actor. Me gustó mucho la experiencia pero no era tanto lo que me gustaba estar frente a la cámara sino que descubrí todo el mundo que hay detrás de las cámaras entonces, me propuse dedicarme a eso. Después trabajé en teatro y, en cuanto pude, di el salto al audiovisual. En realidad, yo vengo del mundo del circo, no como acróbata, sino en el mundo de la producción. Ahí tuve la oportunidad de hacer mi primer documental con el Circo del Sol.

«Finlandia significa el fin de la tierra o ese lugar donde todos querríamos ir cuando estamos en un mal momento»

En la producción se hace mención a Finlandia como un lugar utópico y soñado, de hecho, así se llama la película, ¿qué simboliza ese país para usted y por qué decide apostar por este título?

Es un país que yo quiero mucho, donde suelo trabajar mucho. Casi cada dos o tres meses estoy en Finlandia por trabajo. En realidad, en la película, Finlandia significa el fin de la tierra o ese lugar donde todos querríamos ir cuando estamos en un mal momento. Un lugar donde queremos ir para alejarnos de la tristeza, una utopía. Yo siempre digo que todos tenemos un Finlandia en la cabeza. Es como un refugio lejano. Yo suelo decir que me voy a ir a Timbuktu, aunque no sé dónde está Timbuktu ni cómo es pero es un refugio emocional. 

 

En primer lugar, me gustaría hablar del inicio de la película con escenas que reflejan una catástrofe acompañada de un estilo de música un tanto inusual. ¿De qué estilo musical se trata y a qué hace referencia en las escenas que acompaña? 

En realidad, no es un estilo musical como tal sino una técnica que se utiliza para sanar. Es una técnica que viene de Mongolia, es un sonido gutural que hace dos sonidos al mismo. Se llaman “armónicos”. El actor español Enrique Martínez, lo hace. Creo que es la única persona que lo hace en España. Él usa esto como una terapia para ayudar a personas. Yo he usado esta terapia y, en algún momento, pensé que podía utilizarla en la película. Hay que decir que las muxes, en Oaxaca, no usan esta técnica. Esto viene de mi imaginario. 

La presencia de la música y el elemento sonoro están muy presentes durante el largometraje, ¿cree que esta es un factor importante en su obra? 

Es un factor muy importante y también es una de tantas capas que tiene la película. La música se divide en dos: la música tradicional mexicana y la música europea. Por el lado de la música europea tenemos temas de Wagner y de Mahler que acompañan la historia de Marta. Y, a través de la música, es cómo uno los dos mundos. La música en Oaxaca está hecha con elementos, digamos, más básicos pero más antiguos mientras que, la música clásica que nosotros orquestamos, está hecha solamente con tres contrabajos. Está hecha con tres contrabajos, precisamente, para simular la vibración de la tierra. 

¿A qué tipo de cine le gustaría llegar a aspirar (denuncia social, entretenimiento, ficción…)?

Creo que puede ser un poco todo, ¿no? El cine puede ser una herramienta para mandar diferentes mensajes. En este caso, “Finlandia” es una película un poco de denuncia social, podríamos decir, por el tema de la apropiación cultural pero también es cine costumbrista porque estamos hablando de gente que vive en el campo, del medio rural y, a la vez, es de antropología. Estamos hablando de temas, incluso, religiosos, colonización e historias que vienen de antes de la llegada de los españoles a América. Entonces, con el cine podemos hablar de todos los temas que queramos. 

«El guion son pequeños fragmentos de muchas historias que han sucedido en Juchitán, pero no son ninguna en concreto»

Se trata de un género híbrido que mezcla una realidad, las muxes, pero también menciona en otra entrevista la presencia de la ficción, de hecho, es su primer largometraje de ficción. ¿Dónde se hace patente esta ficción? 

Yo soy documentalista entonces, obviamente, quería traer este género. La película yo no  quería que fuese un documental como tal pero era necesario hacerlo híbrido porque no quería arriesgarme a que el público pensase que las muxes son ficticias. Entonces, había que dejar una base documental para mostrar cómo viven, su realidad. Luego, la otra parte que es ficción donde yo aporto otros personajes, por ejemplo, el terremoto, los pájaros que son también personajes y, luego, la comunidad como tal. El terremoto realmente sucedió en 2017 pero la cantera donde las muxes van a dejar sus lamentos no existe como tal. Ellas no hacen esto, es completamente inventado. 

 

El escenario de la película se localiza en una ciudad de México, Oaxaca y el colectivo de las muxes. ¿Por qué decidió elaborar un guion cinematográfico que abordaras aspectos sobre esta comunidad? ¿Cómo fue el proceso de documentación? 

No es en ciudad de México. La ciudad de Oaxaca está dentro de la región y la historia sucede en Juchitán de Zaragoza, al sur del estado de Oaxaca. Como mexicano, yo no sabía de la existencia de las muxes, de hecho, no es un tema tan conocido como parece. Cuando supe de ellas pensé que era un tema muy interesante para desarrollar, sobre todo, porque creo que ellas tienen un mensaje que dar al mundo que es el mensaje de la resistencia, de la tolerancia y de la lucha porque, al final, son vidas muy duras pero ellas siguen sonriendo a pesar de todo. 

Lo primero que hicimos fue viajar a Juchitán. Estuvimos un tiempo con ellas, hicimos muchas entrevistas y después de haber pasado tiempo con ellas empezamos el proceso del guion. El guion son pequeños fragmentos de muchas historias que han sucedido en Juchitán, pero no son ninguna en concreto. Son, simplemente, pequeños trocitos. Muchas frases son frases que me han sucedido a mí, por ejemplo, mi madre algún día me ha dicho: “No tengo por qué darte explicaciones, soy tu madre”. Yo fui monaguillo cuando era pequeño, por eso toda la cuestión religiosa. Son aportes de las muxes, de mi vida, de cosas que han sucedido en mi entorno. Ellas nos han acogido muy bien, se han abierto, nos han compartido su vida y no solamente eso sino que ellas participaron en la película porque salen en la película y, además, estuvieron a cargo del vestuario, maquillaje y la decoración. 

¿Los personajes que aparecen en la película, pertenecen al colectivo de las muxes o son actores que desarrollan su papel?

Hay una mezcla de actores profesionales y muxes reales. Lo interesante es que no se sabe quién es quién.

 

Se centra en esta comunidad pero, a su vez, aborda cuestiones como la agresión física o el abuso sexual. Temas que, por desgracia, no se encuentran muy alejados de nuestra sociedad. ¿Pretende visibilizar cómo es el día a día de una muxe a modo de documental en su largometraje?

No pretendo mostrar cómo es el día a día porque el día a día de ellas no es tal y como sucede en la película, por eso no está basado en la vida de ellas. Sí que cojo algunos rasgos de las cosas que suelen pasar, por ejemplo, las muxes son parte del catolicismo, son quienes decoran la iglesia, son hijas, son hermanas, tienen una vida bastante especial, un universo donde están incluidas en la sociedad pero, al mismo tiempo, sufren como todos los demás. Es una mezcla. No olvidemos que México es un país de varias culturas y de extremos entonces eso sí que se plasma en la película. No se trata de un sector reprimido, es un sector que está aceptado pero, a la vez, sufre lo mismo que sufriría cualquier otro colectivo en otra ciudad. Son como dos realidades paralelas. 

Hemos mencionado que el espacio de la película nos sitúa en Oaxaca pero, ¿dónde tuvo lugar el rodaje?

El rodaje tuvo lugar en once diferentes pueblos de Oaxaca porque Juchitán aún está destruido por el terremoto así que tuvimos que reproducirlo en once diferentes localidades. La iglesia está en Tlacochahuaya, la casa de Mariano está en la ciudad de Oaxaca, la casa de Amaranta está en otra ciudad…Estuvimos viajando durante siete semanas para reconstruir la historia. 

«Finlandia, al final, es un tema de realismo mágico. El realismo mágico es cuando las historias dependen de la audiencia»

Usa a menudo el plano detalle y el primer plano para centrar la atención del espectador en aspectos concretos, ¿cree que forma parte del estilo único de Horacio Alcalá?

Yo creo que no solamente los primeros planos sino los planos muy abiertos, muy generales, sí que forman parte de mi sello. Lo que más forma parte de mi sello son algunos planos un poco extraños aunque parece, digamos, que cada plano es una especie de cuadro que cuenta ya una historia. Hay un momento donde las muxes están encendiendo las velas, están hablando de la fiesta que tuvieron la noche anterior y hay un Jesucristo enorme escuchando toda la conversación y, al mismo tiempo, está bendiciendo a las muxes. Ahí pasan una serie de conversaciones pero, simplemente, la imagen ya está contando algo. Eso sí que es, yo diría, mi sello. 

Pedro Almodóvar apuesta por el melodrama clásico, en su caso, ¿por qué cine apuesta usted? 

Yo apuesto por el realismo mágico. “Finlandia”, al final, es un tema de realismo mágico. El realismo mágico es cuando las historias dependen de la audiencia, del público. Es decir, yo propongo una historia donde un terremoto libera las emociones de una comunidad. Por supuesto que las muxes no crean terremotos, entonces, es el público el que decide si el terremoto ha sido creado por los lamentos o si ha sido mera coincidencia. El público está muy implicado pero, al final, el público es el que decide qué es lo que pasa y qué es lo que no pasa. En el final de la película, el público y cada uno decidirá qué quiere que pase con los personajes a partir de ahora. Eso depende de qué quieras tú que suceda porque lo puedes tomar como tu propia historia. Yo creo que todos, alguna vez, hemos querido hacer lo que ha hecho Marta, ¿no? Entonces a partir de ahora, cuando la película termina, te toca pensar: “Vale, ¿qué haría yo si puedo empezar una vida de cero donde nadie me conoce?”. 

En su proyecto refleja algo de gran trascendencia social, especialmente en el mundo del arte, y es la apropiación artística de los diseños. ¿Trata de reflejar una realidad social? 

Esto está sucediendo, por supuesto. Yo lo que hago es poner sobre la mesa el tema, no tanto de reflejarlo sino sacar a flote el tema y que, a partir de ahora, haya un diálogo sobre es plagio, no es plagio, qué es, cómo nos puede afectar, cómo afecta a las comunidades, cómo la vida industrial puede afectar al diseño artesanal…De querer industrializarlo todo y hacerlo más barato, más accesible cuando el arte es arte.