La semana pasada, se introdujo una inverosímil proposición de ley, una «bill» en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. ¿Su propósito? Investigar los efectos en la población del «Trump Derangement Syndrome». Aunque las posibilidades de esta «bill» de llegar a ser «law», o sea, que ambas cámaras del Congreso y el Presidente la aprueben se antojan remotas, esta especie de broma de mal gusto no hace ninguna gracia. De hecho, debería inquietar a todo el mundo, incluidos, los propios partidarios de Trump.
Hace tiempo, el Presidente de EE.UU. empezó a usar la expresión «Trump Derangement Syndrome» (TDS). No era la mejor combinación palabras, ya que la denominación resulta algo redundante. Se traduciría como «Síndrome de trastorno por Trump» o «Síndrome de desquiciamiento por Trump». Pese a lo que se deduciría de su literalidad, al acuñar el TDS, el mandatario no hacía referencia al estado mental de sus seguidores, sino al de sus oponentes.
“La semana pasada, se introdujo una inverosímil proposición de ley, en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. ¿Su propósito? Investigar los efectos del «Trump Derangement Syndrome»”
A Trump, le parece tan injusto y carente de fundamento que la gente lo critique, que repite en sus mítines que gran parte de la población de su país padece un trastorno mental, que bautizó como TDS, fruto de la alienación a la que la someten los medios de comunicación, famosos y políticos que se le oponen. Como gran parte de la retórica trumpista, cuesta separar la hipérbole y el chascarrillo bromista, de las ideas que defiende –algo poco aconsejable en un político.
¿Cree Trump realmente que hay una enfermedad mental que hace que la gente le coja animadversión? Pues, no lo abemos. De hecho, para confirmarlo, tendremos que esperar a de su reacción oficial, sobre la proposición de ley presentada por el congresista republicano de Ohio, Warren Davidson.
“A Trump, le parece tan injusto y carente de fundamento que la gente lo critique, que repite en sus mítines que gran parte de la población de su país padece un trastorno mental”
No obstante, parece evidente que hay gente que sí cree en la existencia del TDS o que, como mínimo, está dispuesta a fingir que lo cree. ¿En qué grupo está Warren Davidson? Tampoco estamos seguros…
En la defensa de su proposición de ley, Warren Davidson dijo:
«El TDS ha dividido a familias y al país, y ha provocado violencia a nivel nacional, incluyendo dos intentos de asesinato contra el presidente Trump. La Ley de Investigación del TDS exigiría que los [empleados del] NIH [siglas de Instituto Nacional de Salud en inglés] estudien este estado mental tóxico para comprender su raíz e identificar soluciones […]. En lugar de financiar estudios absurdos como administrar metanfetamina a gatos o enseñar a monos a apostar por el agua que beben [sic.], los [empleados del] NIH deberían usar esos fondos para investigar temas relevantes para el mundo real.»
Desde que Trump dijo en su último discurso del estado de la Unión, que la Administración Biden financiaba estudios sobre ratones transgénero –en realidad eran transgénicos, esto es genéticamente mutados– los republicanos se han empeñado en afirmar la existencia de un sinfín de experimentos científicos ridículos, de los que luego no encontramos prueba alguna. Pero, dejemos a los gatos y a los monos, para volver a los auténticos simios.
“los republicanos se han empeñado en afirmar la existencia de un sinfín de experimentos científicos ridículos, de los que luego no encontramos prueba alguna”
El congresista republicano encontró el apoyo de otro republicano, Moore, diputado por Alabama, quien secundó su propuesta asegurando categóricamente que:
«El Síndrome de Trastorno por Trump se ha convertido en una epidemia en la izquierda […]. Algunas personas que padecen el Síndrome de Trastorno por Trump han participado en disturbios políticos y sociales a nivel nacional, incluso intentando asesinar al presidente Trump en dos ocasiones. El proyecto de ley sensato del representante Davidson utilizará fondos ya asignados en un estudio de los NIH que puede marcar la diferencia.»
En última instancia ¿qué propone hacer Warren Davidson? Su proposición de ley contine los siguientes objetivos:
- Investigar los orígenes del TDS y los factores que contribuyen a su propagación, incluyendo el papel de los medios de comunicación en su amplificación.
- Analizar su impacto a largo plazo en las personas, las comunidades y el discurso público.
- Explorar intervenciones para mitigar comportamientos extremos, fundamentando estrategias para un espacio público más saludable.
- Proporcionar información basada en datos sobre cómo los medios de comunicación y la polarización influyen en la violencia política y el malestar social.
- Exigir un informe anual al Congreso.
Remarca que esto no debería traducirse en gastos adicionales para el NIH, ni un aumento de su presupuesto. La financiación de tales estudios debería detraerse de otros proyectos científicos, cuyos gastos ya corren a cargo del NIH.
“La financiación de tales estudios debería detraerse de otros proyectos científicos, cuyos gastos ya corren a cargo del NIH”
Como es de sobra conocido, EE.UU. es un país donde apenas hay cobertura sanitaria pública. En cuanto a la protección pública de la salud mental, pues vaya… decir que es inexistente podría ser hasta generoso. Y no es que EE.UU. la salud psíquica no sea un problema. En términos estadísticos la prevalencia de trastornos mentales es sustancialmente superior a la de otros países desarrollados. En tan desangelado panorama, ¿el primer gasto público en salud mental que propone un diputado es para investigar un síndrome que ni siquiera es real? Pues, tal parece.
Mucho más preocupante resulta la idea que hay detrás de esta proposición de ley: la patologización del adversario político.
Empezando por lo obvio, nuestra capacidad de comprender una opinión o actitud ajena no convierte esa posición o actitud en patológica. ¿La gente está manipulada? Es difícil responder a esa pregunta. Sin duda, todos estamos influenciados por nuestro entorno más directo, así como por nuestra propia trayectoria personal. Pero no es tan evidente que seamos víctimas de la manipulación ajena.
“la patologización del adversario político”
Los estudios de psicología social tienden a confirmar que más bien nos automanipulamos, por así decirlo. Una vez hemos fijado nuestra posición en algo, buscamos automáticamente medios de comunicación que la compartan. Nos expresamos más abiertamente en aquellos ambientes donde sabemos que nuestra opinión es compartida. La digitalización de nuestra vida social, donde el sistema de algoritmos propicia que nos encontremos con gente de nuestro parecer, contribuye a lo que algunos han bautizado como efecto «caja de resonancia».
Debo insistir en que nada de esto es un trastorno en sí mismo. ¿Puede ser interesante analizar el fenómeno para las agencias gubernamentales? Por supuesto, pero en su transversalidad y desde un punto de vista sociológico, no de psicopatología. Menos aún, para señalar a los votantes de tus adversarios políticos. Cualquier demócrata de verdad debería sentir una mezcla entre náuseas y escalofríos ante una semejante propuesta.










