Laura Grani
Hay eventos que alimentan cuerpo y alma, y el que organizó la Junta de Extremadura el pasado 30 de mayo en Kitchen Club fue uno de ellos. Bajo el paraguas de la marca Alimentos de Extremadura y con el impulso de Extremadura Avante, un centenar de profesionales del sector gastronómico —periodistas, hosteleros, distribuidores y más de un foodie declarado— se dieron cita para descubrir (y devorar) lo mejor de las DOPs e IGPs extremeñas. Spoiler: salimos conquistados.
La jornada arrancó con las palabras de Adriana Gragera, responsable del Área de Internacionalización y Comercialización de Extremadura Avante, quien dejó claro que lo que se venía no era solo una degustación, sino un viaje al corazón de una tierra que presume de productos con historia, carácter y mucha verdad. Y tenía razón.
Un menú con denominación (y emoción) de origen
Tras un aperitivo a base de jamón ibérico DOP Dehesa de Extremadura y quesos artesanales de varias DOP, llegó el momento estelar: un almuerzo firmado por Rubén Hornero, chef del restaurante Abadía de Yuste, en el Valle del Jerte. Su propuesta fue puro festival de sabores (y de identidad).

¿Los greatest hits? Carpaccio de IGP Ternera de Extremadura con DOP Miel Villuercas-Ibores y DOP Aceite Monterrubio; tartar de vaca con crujiente de DOP Queso Ibores; paletilla de IGP Cabrito de Extremadura con salsa brava de DOP Pimentón de la Vera; y caldereta de IGP Cordero de Extremadura. Para los más golosos, mousse de DOP Queso de la Serena y tarta de DOP Torta del Casar con mermelada de DOP Cereza del Jerte.
Todo ello maridado con vinos de DOP Ribera del Guadiana, bajo la guía del sumiller Carlos Vivas, campeón regional y catador oficial. Vinos y bocados hablaron el mismo idioma: autenticidad, arraigo y mucho sabor.Mucho más que jamón: una región con voz propia-
Una región con voz propia
La jornada sirvió para romper clichés: Extremadura no es solo jamón (aunque el suyo sea de los mejores del mundo). La región presume de un mosaico de productos con sello propio: aceites como los de Gata-Hurdes o Villuercas-Ibores-Jara; quesos con personalidad, como los de Acehúche; carnes de razas autóctonas; miel, cerezas, pimentón… Y todo con identidad bien marcada.

El objetivo era claro: reforzar la presencia de estos productos en Madrid, uno de los grandes epicentros del consumo nacional. Y, a juzgar por las caras felices y las copas vacías, lo lograron. Porque cuando se habla desde el producto, el territorio y la verdad, el resultado emociona.
Extremadura volvió a recordarnos que su cocina es más que gastronomía: es cultura viva, patrimonio y una forma de mirar el mundo. Y, sí, también una excusa perfecta para repetir plato.
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