Como decían un siglo atrás, disgustaré a tirios y a troyanos. Veo muy difícil abrir un juicio penal por lo ocurrido en el Colegio Mayor de Elías Ahuja. En cuanto al concierto de Vox, no conozco demasiado del grupo de los Meconio para fijar mi posición. Al menos intentaré compartir las dudas que me hacen vacilar entre si hay un delito de odio o no.

Ya sabéis que poco me interesa convencer a nadie. Sólo me gusta razonar, actividad cuyo fin es la comprensión, no la persuasión. Aunque es evidente, no está de más recordar que ambos episodios entrañan una gran complejidad social que da para muchas reflexiones y debates. Aquí yo me centro en la perspectiva legal.

La actitud de los chicos del Colegio Mayor es machista y, como poco grosera, aunque es discutible que la Fiscalía investigue la comisión de un delito. Siempre he mantenido que el Derecho Penal no es el guardián de la buena educación de la gente. Tampoco creo que deba intervenir como herramienta pedagógica, si las conductas no son especialmente graves. Claro está, la gravedad no es una magnitud exacta, sino una percepción muy discutible.

“Veo muy difícil abrir un juicio penal por lo ocurrido en el Colegio Mayor de Elías Ahuja”

Tal como yo lo veo sólo hay un delito posible: el acoso callejero.

Apenas hace unas semanas que el acoso callejo se ha introducido en el art. 173.4 del Código Penal. Según sus términos, se impondrá una pena de multa, trabajos en beneficio de comunidad o localización permanente (la famosa pulsera) a aquellos que:

“se dirijan a otra persona con expresiones, comportamientos o proposiciones de carácter sexual que creen en la víctima una situación objetivamente humillante, hostil o intimidatoria”

Como cualquier otro precepto virgen, este delito plantea dudas acerca de su interpretación. ¿Qué es objetivamente humillante, hostil o intimidatorio? ¿Es relevante como percibe la víctima los comentarios o expresiones? ¿O, como en el delito de apología del terrorismo, no son los sentimientos de los concretos agraviados, sino un estándar del ciudadano medio lo que determina qué es vejatorio? El empleo del adjetivo “objetivamente” nos orienta en esta última dirección.

“Apenas hace unas semanas que el acoso callejo se ha introducido en el art. 173.4 del Código Penal”

Bajo este prisma podríamos afirmar que sí existe un delito de acoso callejero en la actitud de los jóvenes del Colegio Mayor. Sin embargo, hay un aspecto que en este caso no puede ignorarse: la complicidad de la otra parte. Parece ser que muchas chicas del Colegio de Santa Mónica respondieron al griterío coreando otras consignas -que no he conseguido entender en el vídeo. Si efectivamente existía este acuerdo tácito o expreso entre los lados de la calle para intercambiar esos comentarios, nuestro dilema se complica.

Desde luego no existiría delito hacia las chicas que receptivas a participar de aquel intercambio verbal soez, de la misma manera que no lo habría en la pareja que en su intimidad disfrutara del empleo de ciertos insultos. Más difícil es determinar si las chicas de Santa Mónica que no participaron podrían ser víctimas potenciales de un delito.

“no existiría delito hacia las chicas que receptivas a participar de aquel intercambio verbal soez”

Si los griteríos de San Elías se dirigían a unas chicas de Santa Mónica en específico, a las que respondieron, veo dos posibilidades: a) entender que no hay delito, por no dirigirse los chicos a las demás; o b) qué sí hubo delito, ya que, por el modo de expresarse, los chicos se arriesgaban a que cualquier chica del Colegio Mayor femenino se diera por aludida, estuviera o no al corriente de la “tradición”. Personalmente, entendería más coherente con la configuración objetiva del delito esta última opción.

En la práctica, todo esto es bastante irrelevante, ya que el Ministerio de Igualdad al crear este delito estableció que únicamente era perseguible si la víctima denunciaba. En otras palabras, si hasta el momento ninguna chica de Santa Mónica parece dispuesta a pasar por comisaría, todas las actuaciones de la Fiscalía quedarán en papel mojado.

“el Ministerio de Igualdad al crear este delito estableció que únicamente era perseguible si la víctima denunciaba”

Vamos ahora con el concierto de los Meconio, el trío de techno-pop más polémico del acto de Vox del sábado. Entre otras perlas cantaron: “Las feministas protestan por una violación grupal, hay 10 más que investigar, me da igual son de Senegal” o “si eres gay y quieres ir a ver el orgullo LGTB, debes enseñar el carné de buen homosexual” o “vamos a volver al 36”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha pedido a la fiscalía que investigue si se ha cometido algún delito. Resulta importante recordar que la Ley de Memoria Democrática aún no se encuentra en vigor. Sí, el senado la aprobó la semana pasada, pero está pendiente de la sanción del Rey y, lo más importante, de publicarse en el BOE. Por tanto, no cabe hablar de un delito de apología del franquismo o contra la memoria democrática.

“la Ley de Memoria Democrática aún no se encuentra en vigor”

En general, se supone que el mundo de la creación artística goza de una especial manga ancha en libertad de expresión. Una película, una viñeta o una canción pueden perseguir la provocación del público, el épater le bourgeois, sin reflejar realmente el pensamiento de su creador. Tarantino, por ejemplo, tiene fama de ser un hombre de lo más pacífico y sereno en su vida privada.

¿Qué diferencia verán los tribunales entre los Meconio y Valtonyc? Pues bien, el rapero fue condenado por delitos de enaltecimiento del terrorismo, un delito de injurias a la Corona y otro de amenazas a una persona concreta. En el caso de este grupo el único delito posible sería un delito del discurso del odio o hate speech (art. 510 CP) importado del art. 130 del Código Penal alemán.

“¿Qué diferencia verán los tribunales entre los Meconio y Valtonyc?”

Este delito requiere de dos elementos, a menudo difíciles de probar: que el discurso objetivamente induzca a otros a conductas violentas contra determinados colectivos, como extranjeros, minorías raciales, homosexuales…; y que podamos deducir que el autor tenía esa intención. Si ya es complicado probar ambas cosas en el discurso político, ni que digamos en el mundo artístico.

Se me ocurre una comparativa útil: el White power music. Con esta etiqueta se cataloga a grupos de música, por lo general estadounidenses, vinculados al Ku Klux Klan y al supremacismo blanco.

“se supone que el mundo de la creación artística goza de una especial manga ancha en libertad de expresión”

Además de sus letras, extremadamente explícitas, estos grupos se caracterizan por actuar única o sobre todo en eventos organizados por grupos racistas. Muchos de sus integrantes tienen condenas por delitos racistas o pertenecen a grupos supremacistas blancos. En un caso así, escudarse en la libertad de creación artística ya no sería posible, porque la canción se convierte en un canal más para transmitir el discurso del odio, objetivo prioritario del cantante, por encima de otras consideraciones artísticas.

¿Es posible vincular a los Meconio a grupos ultra, homófobos o racistas de un modo similar a los músicos del White Power? Sin esa conexión o si no podemos probarla suficientemente, hemos de considerarlos meros provocadores amparados por la libertad a la creación artística que consagra nuestra constitución.