Es uno de los musicales más reconocidos y aclamados de la historia reciente. También es de una complicación coreográfica comparable a pocos. Por eso Chicago es un icono en el mundo del espectáculo.

El Teatro Apolo de Madrid es, hasta el mayo, la cárcel de mujeres de Chicago durante los años 20, una ciudad donde el crimen es un pasatiempo como otro cualquiera. Allí, con aires de cabaret y una orquesta sobre el escenario, asistimos al auge y caída de las presas más cotizadas, cuyo estrellato dura lo que su juicio. Velma Kelly (Ela Ruiz) copa todas las portadas tras un asesinato doble, pero la, aparentemente, desvalida ambiciosa Roxy (Silvia Álvarez) no tardará en arrebatar el foco de atención y hará cualquier cosa por mantenerse en él.

Lo que más puede llamar la atención con respecto a otras producciones, o incluso a la adaptación cinematográfica de la obra, es encontrar el espacio despojado de escenografía, obviando unas cuantas sillas. Algo que solo se comprende cuando empieza el primer número musical, el famoso All That Jazz, y el espectador es incapaz de prestar atención a algo que no sean los hipnóticos pasos de danza que gritan “Bob Fosse”. Y es que, ante la extremada coordinación de un cuerpo de baile, que al mismo tiempo canta y actúa, todo lo demás parece sobrar.

De este modo, los números grupales son unos de los fuertes del musical poniendo por ejemplo Roxy o We Both Reached For The Gun, donde destaca un brillante Iván Labanda como Billy Flynn, el abogado más cotizado de la ciudad.

Sin embargo, parece mucho más complicado llenar el espacio escénico con una sola persona, lo que pone en valor las interpretaciones de Inma Cuevas como la arrolladora Matrona “Mama” Morton, y Alejandro Vera como Amos Hart, el ingenuo marido de Roxy que se abre a golpe de ternura un hueco en el corazón de los presentes con su Mr. Cellophane.

Completan el elenco Teresa Abarca, Álvaro Cuenca, Diana Girbau, Briel González, Mario Hornero, Valeria Jones, Sara Martín, Paula Miessa, Gerard Mínguez, Graciela Monterde, Jose Montero, Esteban Provenzano y Marc Sol.

Bajo la dirección musical de Andreu Gallén la orquesta gana un mayor protagonismo en comparación con otras producciones, pues ocupa la mayor parte del escenario durante toda la función y el propio director juega un papel dentro de la trama. De manera similar, se reconoce explícitamente el papel de la música dentro de la obra, al interpelar directamente los personajes a los músicos en varios momentos.

En consecuencia, Chicago ofrece la calidad que solo un espectáculo con 25 años de recorrido en Broadway, que ha sido representado en 36 países donde lo han visto más de 33 millones de personas puede ofrecer.