Fotografía Daniel Garrido (www.d-creatividad.com)

La Escalera de Jacob inicia la nueva temporada teatral madrileña poniendo a disposición del público una amplia cartelera con espectáculos para todas las edades. “Pedro y el Capitán” regresa a las tablas para convertirse en la obra teatral estrella de la programación. Este drama, dirigido por Blanca Vega e interpretado por Antonio Aguilar y José Emilio Vera, sumergirá al espectador en una sala de interrogatorios donde los valores éticos y morales cobrarán un papel esencial. Chema Moro llega a The Citizen para dejar constancia de la importancia de la industria cultural en nuestro país y, especialmente, del teatro.

 

Llevamos unos tiempos difíciles en los que la industria cultural se ha visto gravemente perjudicada debido a la pandemia de la Covid-19. ¿Cómo fue el final de la última temporada?

Fue agridulce. La parte agria fue pues que la pandemia seguía estando muy presente entonces nos seguían limitando el aforo, de tal manera que se nos hacía muy difícil sobrevivir y también la perspectiva era muy incierta. Por ese lado ha sido una temporada estresante, una temporada en la que estábamos con la espada en el cuello pensando que nos iban a cortar la cabeza y que íbamos a tener que cerrar. Eso el lado malo. Pero el lado bueno ha sido que el público y los artistas han respondido de una manera maravillosa. Los artistas se han dejado la piel en el escenario, han hecho muy buenos trabajos, han hecho disfrutar a la gente. Y el público, en número de aforo reducido, ha sido muy fiel y ha venido y ha seguido viniendo a pesar de ser una sala pequeña y de lo que, a priori, podía echar para atrás. Hemos estado muy contentos porque todo lo que se podía llenar, se llenaba.

Debido a la situación actual, ¿crees que es posible apostar por una cultura segura dentro del teatro?

Totalmente, 100%. Ya no solo en nuestra sala, es que en ninguna sala ha habido ninguna notificación de contagio. Creo que estamos siendo muy responsables en nuestra sala. También hemos atendido mucho a las opiniones que decía la gente para tener un feedback y de esa manera poder dar la mayor seguridad posible. Y creo que, como nosotros, todos los teatros lo están haciendo de manera excelente. Pero para mí la clave es esa, ningún teatro o cine ha notificado un solo contagio, caso o brote de Covid y creo que eso habla ya por sí mismo de que es una actividad segura al 99,9%.

«ningún teatro o cine ha notificado un solo contagio, caso o brote de Covid y creo que eso habla ya por sí mismo de que es una actividad segura al 99,9%»

Hablando de seguridad… ¿Qué medidas sanitarias y de precaución habéis tomado en vuestro caso?

En nuestro caso hemos tomado las de todo el mundo. Aforo reducido hasta el 70% pero nosotros estábamos por debajo porque la sala era pequeña. Entonces, la sensación que se podía tener es mala y preferimos perder algunas butacas, aunque pudiésemos tenerlas, para que la gente se sintiese más segura y la experiencia fuese más agradable. La mascarilla obligatoria durante toda la representación. Algunos artistas, en nuestro caso, como magos y mentalistas han trabajado también con la mascarilla. En el teatro también quitamos la primera fila para que hubiese más distancia. Gel en todos los puntos de acceso al teatro para que la gente pudiese desinfectarse las manos. Desinfección de sala entre función y función y por la noche una desinfección más profunda. Luego tenemos dos purificadores de aire, uno por sala, que están funcionando durante la representación y que limpian el aire, ya que ninguna sala de teatro tiene ventilación porque las salas de teatro per se necesitan, a no ser que sea un teatro normal o teatro de calle, estar cerradas para que la actividad que ahí se está realizando tenga la mínima distracción posible y se cree un ambiente teatral.

Forma parte del equipo de gestión cultural de la Escalera de Jacob, ¿podrías comentarnos cómo está organizada su programación?

Lo bueno que tiene la Escalera de Jacob es que es muy diversa y esta temporada tocamos casi todos los géneros. No sé si me dejo alguno. La gran parte de la programación es magia y comedia. Tenemos obras de teatro de comedia como, por ejemplo, “Cero dramas”, “Rayando la felicidad” o “¡Claro boba! Prohibido el humor” que habla sobre dónde están los límites del humor, ahora que ese tema está tan de moda. Y luego tenemos grandes espectáculos de magia en los que se combina también la comedia como, por ejemplo, “¡Mentiroso!” un show de Carlos Devanti. “Anormal” que es un espectáculo precioso aparte de cómico, sorprendente, tiene un mensaje que transmitir a la gente que prefiero no desvelar, prefiero que la gente vaya y lo vea, pero ya el título indica un poco por donde va. Valorar lo raro, lo que pensamos que no es normal.

Luego tenemos espectáculos de mentalismos sorprendentes como “Puzzle. Juega con tu mente”, un espectáculo que lleva ya haciéndose seis años. Luego en improvisación tenemos “En plan improvisado” que es una compañía ya mítica en la escena madrileña, Impro Impar, que está los miércoles. Luego tenemos “Las guerras de Improvisación del Reino de Calamburia” que es un show de improvisación ambientado con una atmósfera medieval. Son personajes medievales ficcionados al estilo de “Juego de Tronos”, personajes que inventan ellos, pero de buen rollo para hacer reír y divertirse a la gente con match de improvisación. Luego tenemos una amplia cartelera de programación infantil donde tenemos magia, circo, cuentacuentos, teatro para bebés… En infantil creo que lo tenemos absolutamente todo. En cuanto a adulto, es verdad que he dicho todo cómico, pero también tenemos un drama. Una obra de teatro muy famosa que se llama “Pedro y el Capitán”. Es una obra de Benedetti, es un pedazo de obra que está muy bien interpretado y la Escalera de Jacob es un lugar maravilloso por la cercanía para poder ver un trabajo actoral de un nivel excelente.

«Pedro y el capitán» Al público le va a remover; habla de un torturador y un torturado en Uruguay y las escenas que se desarrollan llevan a los personajes al límite»

«Pedro y el capitán» de Mario Benedetti, se estrenó el pasado 5 de septiembre. ¿Qué puede suscitar esta obra entre el público y qué factor crees que anima a verla?

Esta obra es una experiencia ensimisma. Al público le va a remover porque, como dice la sinopsis, habla de un torturador y un torturado en Uruguay y las escenas que se desarrollan llevan a los personajes al límite. Eso, por ende, va a llevar al límite al espectador y, como decía antes, gracias a esa cercanía y a la maravillosa interpretación de los actores que están sublimes pues al espectador le va a hacer pasar por muchas emociones incómodas, de rabia, pena, angustia… entonces es un viaje tremendo.

¿Cómo es su puesta en escena (apuesta por el clasicismo, la sencillez o la sobriedad para dar protagonismo a las interpretaciones…)?

Totalmente sencilla. Nosotros por las características de nuestro teatro pues tampoco podemos hacer una puesta en escena muy grande. Nos centramos en lo básico, en lo esencial del teatro que es la interpretación y la comunicación con el público. Entonces, en cuanto a la puesta de escena, es verdad que es sencilla pero tiene tres o cuatro cositas puntuales que la hacen muy efectiva. Sencilla no quiere decir que pongan dos cosas ahí al tuntún, sino que los elementos que ponen cobran mucho efecto y son muy importantes porque están bien elegidos y se usan de la manera correcta.

¿Dónde reside el peso dramático?

El peso dramático está nada más empezar. Hay una tortura entonces hay una persona que quiere sacar una información y que eso tortura a la misma persona ya que para eso necesita traspasar límites éticos y morales que a él mismo hacen daño. Y otra persona a la que le están aplicando esos métodos y que, debido a sus valores, está resistiendo lo indecible en el aspecto físico y mental. Entonces ya desde que arranca ese es el conflicto, el cómo cada personaje toma contacto con la ética o con los valores, con hacer daño a otro ser humano con esto de que dicen que el fin justifica los medios. Y, contrapunto, como eres capaz de resistir lo irresistible porque tus valores son elevados y crees en algo que va más allá, va más para el bien común.

¿Qué representa el capitán y que representa Pedro, en este caso, la persona que sufre la tortura?

Para cada uno tiene que representar algo distinto. En mi caso, yo creo que el capitán representaría la inconsciencia del ser humano, lo más miserable, lo menos empático, lo ruin. Es la deshumanización. Ves que por ideales eres capaz de destruir al otro. En el caso de Pedro pues la fuerza del ser humano cuando la causa es noble.

«Yo creo que el capitán representaría la inconsciencia del ser humano, lo más miserable, lo menos empático, lo ruin»

Este ejercicio de valoración personal sobre los personajes, ¿hace que el espectador sea partícipe en la obra?

Totalmente. El espectador, para mí, casi siempre es partícipe incluso en una comedia muy sencillita. Tiene que posicionarse de alguna manera ante lo que ve o no posicionarse que, para mí, ya es posicionarse. Cuando tú te quieres quedar neutro ante algo es que ya estás eligiendo. Pero en esta obra mucho más porque se ponen sobre el tapete temas muy peliagudos en los que tú tienes que posicionarte de una manera o de otra o no posicionarte que, repito, para mí es posicionarse.

¿Cómo crees que está la actualidad teatral en nuestro país, el sector teatral cuenta con el apoyo que realmente se merece?

Con el agua al cuello. En cuanto a lo institucional, abandonada. Esto es algo que llevamos diciendo nosotros años y que los que estaban antes de nosotros también lo decían y, así, sucesivamente. Como ejemplo Francia. Esta semana falleció el actor Belmondo y le han hecho un funeral a nivel nacional y un homenaje de Estado. Aquí en España no se dan. Son símbolos, son detalles que llevan por debajo un poco de abandono institucional a la hora de apoyar un poco más, sobre todo, económicamente.

Esta es una pregunta un poco más personal y subjetiva. Si tuvieras que quedarte con una sola obra de toda la temporada madrileña anterior, ¿cuál sería?

Me quedaría con “Una noche sin Luna” dirigida por Peris-Mencheta e interpretada por Juan Diego Botto que se hizo en el Teatro Español. Es una maravilla, la mejor obra dirigida que he visto en mi vida. Primero habla de un personaje que era muy rico, que enriquecía mucho a los que estaban con él y que ha enriquecido mucho a nuestro país como es Lorca. Tanto con su poesía como con su teatro. Eso ya por sí mismo es emocionante, hablar de la figura de Lorca. Luego a través de esa figura y a través de lo que se relata en la obra pues se habla de muchos de los problemas que hay en este país. Se hace una crítica social. Se compara un poco la situación actual con la situación de hace cien años y ves que no hay excesiva diferencia. Se trata el tema del valor de la cultura, se trata el tema de las fosas comunes porque Lorca está en una fosa común y nadie sabe dónde está enterrado, no tiene una tumba. Con lo cual eso dice mucho, justo comparándolo con Belmondo, cómo se trata en España la cultura. El poeta más relevante del siglo XX no sabemos dónde está enterrado, está por ahí tirado. Luego la interpretación de Juan Digo Boto y la dirección es brutal. Todo lo que hace en esa obra Juan Diego Boto es una lección constante de interpretación porque toca muchos registros. Entonces es muy dinámica con una sola persona, se hace muy entretenida, te ríes, te emocionas… hay veces que incluso te crees que el mismo Lorca te está hablando. Es brutal.

Una pregunta que puede interesar a nuestros lectores es conocer con cuánto tiempo de antelación es necesario comprar la entrada para poder disfrutar de la obra “Pedro y el Capitán”.

Es bueno comprarlas con un par de semanitas porque la verdad que se está vendiendo bastante bien. Como ya es una obra que se había hecho pues teníamos la duda de saber si, de repente, ya la había visto todo el mundo y parece ser que no. Así que siempre es bueno un par de semanas porque está teniendo buena acogida y eso va a generar un boca a boca que va a hacer que la gente quiera venir.