«Madrid, 23 de junio de 1834

Bajo el aguacero, que ha transformado el suelo arcilloso en un fangal, un perro famélico juega con la cabeza de una niña. La lluvia cae inclemente sobre las casucas, las barracas y los tejares miserables que parecen a punto de derrumbarse con cada ráfaga de viento. El Cerrillo del Rastro, no lejos del Matadero de Madrid, se inunda siempre que llueve.

Para llegar a este barrio pobre y olvidado, hay que bajar una rampa abrupta y salvar continuas cortaduras de terreno que forman barrancos aquí y allá. El agua golpeacon fuerza en los tejados de hojalata, de paja, de ramas,penetra en las viviendas, crea charcos en la arena y cascadas en los taludes. No es extraño que nadie repare en elperro, en el gruñido juguetón con el que zarandea lacabeza que mantiene sujeta con los colmillos clavados en la mejilla.»

(La bestia, de Carmen Mola)

 

Se falló el Premio Planeta 2021 y se armó, una vez más, el revuelo. Yo me imagino a una cuadrilla de escritores desamparados esperando el fallo del jurado como perros sarnosos dispuestos a atacar. PUM. Pistoletazo de salida. Tenemos ganadores. Que empiece la caza de brujas. Año tras año las misma historia.

Pero lo de este año, lectores míos, lo de este año roza ya la desfachatez. ¿La roza? No. La invade.

Si esto fuese un video en este punto yo estaría ya gritando un BASTA YA literario, pero no lo es y debo conformarme con el uso de mayúsculas.

Carmen Mola se alza con el galardón y se descubre, ¡Oh, sorpresa!, que tras el seudónimo se “esconden” tres hombres. No uno ni dos, no, TRES. ¿Será posible?

Y ahí va la pregunta del millón: ¿Y por qué no?

Si las mujeres que escribían no se hubiesen podido esconder tras un seudónimo no hubiera existido la literatura femenina tal y como la conocemos. Vamos a nombrar aquí a las hermanas Brontë para situarnos. O a Fernán Caballero que lejos estaba de ser un varón.

Vale, sé lo que me vas a decir, que la situación no es la misma. Y estoy de acuerdo. Pero… Ahora viene mi gran pero de toda esta historia.

A nada que te guste la novela negra española y sigas a sus muchos autores y autoras verás que en España escribir novela negra bajo seudónimo femenino es casi una locura. Nuestras escritoras se quejan, y con toda la razón, de la brecha de género existente entre mujeres y hombres literatos. La literatura española es rancia. Ellas lo tienen mucho más difícil. Las discrimina a la hora de reconocer sus méritos.

Los festivales y premios de novela negra sobrevuelan continuamente la península para nominar autoras y premiar autores. No te hagas ilusiones, me dan ganas de decirles. Es más, tenemos autores mediocres, en su acepción DRAE de “calidad media”, que triunfan y reciben apoyo mediático de sus editoriales por encima de mujeres que se quedan en un éxito difuminado de segunda clase. En este país al novela negra es como el soberano, cosa de hombres.

Y entonces llega Carmen Mola y triunfa. Todos nos enganchamos a su escritura. Pero, oh, oh, es un hombre. No, peor aún, son tres hombres. Y ahí se desata la furia de perros sarnosos que año tras año buscan la carnaza del ganador del premio mejor dotado del mundo, quién sabe si porque ellos están lejos de alcanzarlo, y un falso feminismo invade España, una vez más. Y ahí donde los perros ven una usurpación yo veo un homenaje, una declaración de intenciones. ¿Qué hombre se escondería bajo una apariencia de mujer para candidatarse a ser alto cargo directivo sabiendo que lo eligen a ellos?, ¿qué hombre se escondería bajo un seudónimo de mujer para penetrar en el retrógrado mundo de la novela negra española? La respuesta es Carmen Mola.

Y no olvidemos, queridos lectores, que hablamos de tres autores consolidados antes del nacimiento de Carmen Mola. No os dejéis engañar con el discurso de “se disfrazan de mujer para triunfar”, que Díaz, Martinez y Mercero venía ya triunfados de casa.

Hoy sale a la venta “La bestia” de Carmen Mola, y yo, leyendo esos primeros párrafos estoy desenado tenerlo en mis manos. Le voy a dar una oportunidad al QUÉ antes de criticarlo. Leer antes de opinar. Algo que en este país está cada vez menos de moda. He dicho.