Sin duda una de las revelaciones de este último año en el mundo del cine ha sido el cortometraje de animación «Roberto», el primer trabajo de la directora Carmen Córdoba. Aplaudido por la crítica y reconocido en multitud de festivales, «Roberto» se puede considerar un soplo de aire fresco en el siempre complicado y competitivo mundo del cine de animación.
Hemos querido conocer más de cerca a Carmen y nos cuente como surge «Roberto» y como llega una ingeniera informática a ser considerada una de las grandes promesas de la animación española…

 

Cómo llega Carmen Córdoba al mundo de la animación, porque tu eres ingeniera informática…

Dando una vuelta muy grande para terminar en el sitio en el que debería haber empezado… Dibujo y cuento historias desde que recuerdo, y mis padres guardan cómics breves que hacía ya con 5 años. También me fascina el cine desde siempre, pero a medida que fui creciendo las opciones educativas que percibía parecían estar muy lejos de esas aspiraciones. Llegué a matricularme en Comunicación Audiovisual y cursar los 2 primeros años, pero estaba muy enfocado a televisión y radio y sentí que tampoco era lo que buscaba. Así que decidí estudiar Informática porque siempre he sido buena en ciencias, y relegué mi parte artística a mi tiempo libre. Más adelante llegué a hacer un máster generalista en 3D que me sirvió para tomar contacto con la animación y también para comprender lo costosa que es.

A parte de algunos trabajos freelance, con el tiempo comprendí que hacer proyectos de animación no era posible de esta forma y, con la idea originaria de “Roberto” en un cajón, al poco de cumplir los 30 comencé a preguntarme si no valdría la pena intentar dedicarme a lo que de verdad me apasiona…

Así que con el apoyo de mi familia, decidí dejarlo todo atrás (mi carrera profesional, mi piso recién comprado en Madrid, mis amigos y mi propia familia) y lanzarme a perseguir mis sueños, comenzando la aventura que ha supuesto “Roberto” para mí, para el equipo y para mi familia. Muchas vidas han cambiado a raíz de aquella decisión.

«Cuando terminé de ver Toy Story I, supe que eso era lo que quería hacer algún día. Fue mi momento de revelación.»

¿Tienes algún referente en el mundo de la animación? ¿Alguna película que te guste especialmente?

Mi principal referente es Daniel Martínez Lara. No sólo como profesional sino también como profesor y como amigo. La primera cosa que hice cuando decidir dar este giro profesional fue formarme. Además de varios cursos de guion, el plato fuerte fue estudiar el curso MAN (Modelado, Animación y Narrativa) en su escuela de Barcelona Pepe School Land. Como Daniel sabía que yo tenía un proyecto de cortometraje entre manos, durante la cena de fin de curso me ofreció soporte y la posibilidad de quedarme en la zona de coworking de la escuela para desarrollar el corto. Era una oferta que no podía rechazar, así que lo que iba a ser una estancia temporal en Barcelona de un año ha acabado convirtiéndose en casi 10 años ya.

Respecto a películas de animación, hay muchas que me gustan, me inspiran o me emocionan, pero si he de escoger una me quedo con Toy Story 1. Cuando terminé de verla en el cine, supe que eso era lo que quería hacer algún día. Fue mi momento de revelación.

Los profesionales españoles de animación tienen un alto reconocimiento internacional… ¿A que crees que se debe?

Aunque a los españoles nos cuesta vernos con buenos ojos, lo cierto es que España siempre ha sido un país de gran talento creativo y artístico, y nuestro carácter apasionado completa un cóctel perfecto. Desde luego mi experiencia en “Roberto” ha sido extraordinaria y no dejo de sorprenderme de lo bien que hemos funcionado como equipo siendo la primera vez que trabajábamos juntos, y de lo bonito que ha sido ver cómo todos hemos hecho nuestro el proyecto y hemos dado lo mejor de nosotros mismos. El talento solo no basta, pero en España tenemos también mucha actitud, ganas de aprender y pasión por lo que hacemos. Ahora que estoy conociendo a muchos profesionales del sector veo que es algo generalizado y contagioso, y deberíamos aprovecharlo.

«Roberto es una persona real que me cambio dos veces la vida: la segunda fue cuando decidí embarcarnos en la peripecia de hacer este corto, y la primera fue a nivel personal gracias a un encuentro fortuito»

¿Como surge la idea de Roberto?

La historia ha cambiado muchísimo durante los primeros años en los que trabajamos el guion pero, además del título, del “Roberto” original ha quedado el mensaje que yo quería transmitir.

Roberto es una persona real que me cambio dos veces la vida: la segunda fue cuando decidí embarcarnos (a mí, a mi familia y al resto del equipo) en la peripecia de hacer este corto, y la primera fue a nivel personal gracias a un encuentro fortuito.

Allá por el año 2000 yo tenía veintipocos años y muchos complejos con mi aspecto físico. En las salas de espera de un hospital madrileño, coincidí varias veces con un muchacho que padecía obesidad mórbida y que claramente estaba bajo medicación psiquiátrica. Todos en la sala lo mirábamos de reojo, con rechazo pero también con curiosidad morbosa. Uno de esos días en que yo estaba lanzándole miradas furtivas llenas de prejuicios que nacían de mi propia frustración, me di cuenta de que le conocía. Reconocí a Roberto, el hermano mayor de la que fue mi mejor amiga de la infancia. ¿Qué le habría pasado para acabar en ese estado físico y mental? Recordé sus duras circunstancias familiares, lo tímido y extraordinariamente bondadoso que era, lo hermoso por dentro y por fuera que había sido… y ese momento supuso un verdadero punto de inflexión en mi forma de ver la vida en adelante.

Pensé que ahí había una historia que quizá pudiera hacer por alguien algo parecido a lo que aquella revelación había hecho por mí. Dibujé un pequeño cómic para fijar la idea, y lo guarde en un cajón con la firme convicción de que algún día lo convertiría en un corto de animación.

¿Cuanto tiempo has tardado en que viera la luz?

Dejé mi trabajo en 2012 para iniciar mi formación previa al proyecto hasta septiembre de 2013, cuando podemos decir que empecé a trabajar a tiempo completo en “Roberto”. Y aunque mi previsión inicial fue de un par de años, el corto se terminó en junio de 2020, casi 7 años después.

Es el precio que he pagado por meterme en una aventura con plena inconsciencia de lo que ésta implicaba, sin información y teniendo que aprender cada paso sobre la marcha a base de prueba y error. No ha sido un camino de rosas y, sobre todo durante los primeros años, a menudo me he preguntado si tenía sentido lo que estaba haciendo y si no debería abandonar.

Ahora que hemos alcanzado la meta la respuesta es clara. He aprendido muchísimas cosas, he crecido y aprendido mucho de mí misma y he visto crecer también al resto del equipo. Todo eso hace que el viaje haya merecido la pena con creces.


Tu primer trabajo “Roberto” ha tenido un gran recorrido en festivales más de 70 premios y más de 180 selecciones en festivales nacionales e internacionales… … ¿a qué crees que se debe su buena acogida?

Desde el principio mi apuesta fue el guion. Me gusta el cine que me emociona, me hace reflexionar y me deja poso, y así es también el cine que quiero hacer. Para mí el resto de elementos deben arropar la historia, pero el fin último es mover al espectador.

La historia de “Roberto” es muy personal y me toca mucho, así que la sensibilidad y el respeto por el tema que trata fueron los axiomas que establecí desde el primer momento. Y también el impacto emocional, porque quería golpear al espectador del mismo modo que reconocer a aquel muchacho llamado Roberto me impactó a mí.

Todos los elementos visuales y sonoros se han trabajado para que potencien la emoción de la historia, pero ha sido cada miembro del equipo quien se ha comprometido con el proyecto y ha empujado la calidad de su trabajo hasta el máximo, consiguiendo una pieza muy mimada. Para mí como directora ha sido increíble vivirlo.

Aunque el contacto con el público debido a la pandemia está siendo muy reducido, lo que nos están haciendo llegar es que hemos conseguido transmitir un mensaje luminoso que les emociona. Creo que esa es la razón de la increíble acogida que está teniendo “Roberto”. Estoy muy agradecida y muy feliz.

«Desde el principio mi apuesta fue el guion. Me gusta el cine que me emociona, me hace reflexionar y me deja poso, y así es también el cine que quiero hacer»

Si tuvieras que definir “Roberto” con una palabra…

Luz

¿Estas involucrada en algún proyecto en este momento?

Paradójicamente me encuentro en el momento más creativo e inspirador de toda mi vida, y al mismo tiempo en el momento en que dispongo de menos tiempo. Hace dos años (en plena producción de “Roberto”) di a luz a mis mellizos, pero me pueden las ganas de hacer cosas y gracias al apoyo de mi familia voy encontrando la forma de sacar el tiempo.

Actualmente estoy terminando la preproducción de un nuevo cortometraje, esta vez en animación tradicional, titulado “Amarradas” que explora la maternidad, el proceso de independencia de los hijos y el consiguiente proceso de aprendizaje de los padres para dejarlos encontrar su propio camino. Espero comenzar la producción a finales de este año.

A más largo plazo trabajo como directora de un proyecto de largometraje de animación tradicional que actualmente está en fase de desarrollo. Es una historia maravillosa escrita por Irene Rodríguez y Marisa Simón-Moore, y producida por Nico Matji que acaba de recibir la ayuda a desarrollo de la Comunidad de Madrid.

Pide un deseo profesional…

El más sencillo y difícil al mismo tiempo: poder seguir haciendo proyectos que me hagan feliz.

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