La semana pasada Armenia asistió a un episodio sin precedentes en su historia. El Primer Ministro, Nikol Pashinián, acusó al Patriarca Supremo, Karekin II, de mantener una aventura con la mujer de su tío y de haber engendrado, al menos, un hijo.

Cuesta hallar un paralelismo exacto para describir la crisis social que un enfrentamiento así abre en la sociedad armenia. Tal vez…, imaginemos a Giorgia Meloni acusando a León XIV de tener líos de faldas e hijos.

“El Primer Ministro, Nikol Pashinián, acusó al Patriarca Supremo, Karekin II, de mantener una aventura con la mujer de su tío y de haber engendrado, al menos, un hijo”

Incluso ese ejemplo, en un país donde el catolicismo es dominante, se queda corto. Después de todo, Italia no tiene religión oficial. Armenia, sí: la Iglesia Apostólica Armenia.

Se trata de una iglesia ortodoxa oriental como las iglesias siríaca o copta. Pese al nombre, no debe confundirse con la iglesias cristiano ortodoxas, mayoritarias en Grecia, Rusia, Bulgaria o Serbia, entre otros. A diferencia de católicos, protestantes y ortodoxos, partidarios de la doctrina diofisista –en Cristo coexisten la naturaleza humana y divina–, las iglesias ortodoxas orientales abrazan la doctrina monofisita –Cristo reúne en una única naturaleza propia y distinta, las naturalezas humana y divina.

“Armenia tiene una religión oficial: la Iglesia Apostólica Armenia”

La Iglesia Apostólica Armenia se organiza de un modo bastante similar a la católica. Su rígida jerarquía impone a presbíteros o sacerdotes obediencia a los obispos y, en la cima, se encuentra el Patriarca Supremo, como líder espiritual y administrativo.

Si bien, entre los sacerdotes o presbíteros, los hay célibes y no célibes, el celibato es un requisito imprescindible para acceder al monacato, al obispado y ya no digamos al Patriarcado Supremo. Por tanto, si las acusaciones de Pashinián contra Karekin II fuesen ciertas, este se vería abocado a la abdicación o incluso a la destitución por parte de la Asamblea Eclesiástica Nacional.

“el celibato es un requisito imprescindible para acceder al monacato, al obispado y ya no digamos al Patriarcado Supremo”

Este sínodo reúne a obispos, monjes y sacerdotes, electos por las diferentes asambleas diocesanas. Con importantes matices, entremezcla los roles católicos de colegio cardenalicio y curia vaticana, aunque, a diferencia de los purpurados católicos, puede revocar el mandato del Supremo Patriarca.

Pero no nos quedemos en la anécdota. ¿Qué interés tiene el jefe de gobierno armenio para abrir una guerra dialéctica con el líder espiritual de su país y etnia? Podríamos apuntar en dos direcciones: Azerbaiyán y las elecciones.

“¿Qué interés tiene el jefe de gobierno armenio para abrir una guerra dialéctica con el líder espiritual de su país y etnia?”

En 2018, Pashinián lideró una serie de protestas sociales que forzaron la dimisión de Sargsián. Este histórico político conservador armenio había ejercido sucesivamente de Primer Ministro (2007-2008), Presidente de la República (2008-2018) y había vuelto a ocupar la jefatura de gobierno unos pocos días en abril de 2018.

Pese a que la presidencia armenia se concibe un cargo ceremonial, a través de su partido, Sargsián había mantenido el poder efectivo sobre el gobierno. Su retorno de la Jefatura del Estado a la presidencia del gobierno se percibió como un intento de retener el poder subrepticiamente. Las protestas forzaron su dimisión y acabaron llevando a Sargsián a la jefatura del gobierno.

“En 2018, Pashinián lideró una serie de protestas sociales que forzaron la dimisión de Sargsián”

Con sus luces y sus sombras, como cualquier mandatario, Sargsián ha intentado aplicar el mensaje reformista que voceó en su etapa de activista social. Le ha tocado gestionar dos graves crisis: el COVID-19 y el desmoronamiento del Estado armenio no reconocido de Nagorno Karavaj, ocupado por Azerbaiyán en 2023. Esto provocó un éxodo masivo de los armenios de la región hacia Armenia.

Como Primer Ministro, ha capeado el temporal con bastante habilidad. Así lo refleja el considerable apoyo que todavía mantiene entre la población. Tras la caída de Nagorno Karavaj, se esforzó por abrir negociaciones con el vecino azerí, a fin de detener la persecución de armenios, por parte de las autoridades de Azerbaiyán.

“Sargsián ha intentado aplicar el mensaje reformista que voceo en su etapa de activista social”

También comprendió que Rusia, enfrascada en su laberinto ucraniano, ya no puede proteger a Armenia. De ahí que haya iniciado un progresivo pero contundente acercamiento a la UE y a Washington. El problema, claro, es que el principal enemigo de los armenios, Turquía, es miembro de la Alianza Atlántica.

La Iglesia Armenia se ha mostrado extremadamente crítica con la gestión que Sargsián hizo de la caída de Nagorno Karavaj. Le acusaban de no haber hecho suficiente para mantener el enclave armenio, a la vez que Karekin II y sus obispos lanzan anatemas más políticos que teológicos contra las negociaciones con Azerbaiyán.

“[A Sagsián] Le ha tocado gestionar dos graves crisis: el COVID-19 y el desmoronamiento del Estado armenio no reconocido de Nagorno Karavaj”

No obstante, no es tanto en su política internacional, sino en la doméstica, donde hallamos la raíz de las desavenencias de Sargsián con la Iglesia Armenia. Su programa reformista toca cuestiones que afectan directamente a la posición de la iglesia, en asuntos como derechos LGTBI, influencia de la Iglesia en el Estado y en la educación, etc.

Además, es un hecho que, la Iglesia Armenia trata de unificar a la oposición de derechas, ahora mismo fragmentada y sin un liderazgo claro. Simultáneamente, cobija a los desafectos de la política en asociaciones cívico-religiosas, al amparo de un discurso anti-institucional y de gran fervor conservador-nacionalista.

“Tras la caída de Nagorno Karavaj, se esforzó por abrir negociaciones con el vecino azerí, a fin de detener la persecución de armenios”

El entorno de Primer Ministro cree incluso que la Iglesia Armenia podría apadrinar a alguna formación de corte derechista radical para capitalizar en peso político el desencanto popular. Aunque para ser justos, no existen evidencias de tal partido, más allá de la pura especulación.

En definitiva, el enfrentamiento entre Sargsián y Karekin II deriva de la tentativa, a menudo indisimulada, del Patriarca de liderar la oposición política conservadora. Por descontado, toda comunidad religiosa, como parte del cuerpo social, tiene derecho a intervenir en política en un sentido amplio. No obstante, es peligroso que lo haga atribuyéndose la portavocía de Dios y sustituyendo debates de oportunidad, racionalidad y conveniencia, por los de pecado contra Verdad.

“La Iglesia Armenia se ha mostrado extremadamente crítica con la gestión que Sargsián hizo de la caída de Nagorno Karavaj”

¿Ha sido torpe Sargsián con sus acusaciones públicas contra el Patriarca? Quizás, pero eso nos lo dirán los armenios. Lo que también hay que entender es que, en contra de las apariencias, no juega al ataque, sino más bien a la defensiva.