Sonidos denominación de origen
Café Central, mayo de 2018.

Letra de Fronteras, del álbum Oriente, 20171

Fronteras
A cada minuto de 2016 veinte personas tuvieron que huir de sus hogares.

Pintadas al azar
España recibió 25.845 solicitudes de asilo en 2017.

El tiempo
En la actualidad se estiman 67.644.00 refugiados en los cinco continentes.

Las volverá a borrar

1) Datos de ACCEM y ACNUR.

Tocar al rededor de varios países me ha enseñado algo. Si conoces a dos personas de tu edad, y el problema de una de ellas sentirse realizada y el problema de la otra es tener que comer, te das cuenta de que las fronteras que creamos entre nosotros son las causantes del dolor humano.

¿Cuál es tu responsabilidad como artista?

Intento usar la música como un arma para mover un poco las conciencias. Sensibilizar a la gente para salgan de sus cáscaras.

Cáscaras

Últimamente, en mis tímpanos retumban mucho cuatro palabras: «¿Conoces a Antonio Lizana?». Amigos, músicos, madres, sombrereras… suelen acompañar su pregunta de cantidad de elogios como humilde, sencillo, espontáneo o bondadoso. Ante tanta casualidad es mejor apelar a la sincronicidad, ¿qué es lo que está pasando? Algo ha conseguido atrapar la música de Antonio, ha captado la necesidad de un momento muy concreto: «Queremos fiesta, sí. Pero, además, queremos conciencia». Su obra (y él mismo) es un lienzo dibujado por reflexiones cargadas de humanismo y atención al cuerpo, ideas muy necesarias y candentes que azuzan a nuestra coraza a aflojarse.

Ahora que ha comenzado lo inevitable, es hora de poner en palabras las beatíficas noches de sonido denominación de origen. Es la nueva generación de músicos, ¡Madrid, buenas noches!

El cante del saxofón

Antonio Lizana
Fotografía de Rocío Periago

El chico del ritmo, Shayan Fathi apura su cafetito. La conversación se tornaba impaciente: «¡Vamos Antonio!», los cuatro integrantes suben y una cimitarra de sonidos corta el hilo de conversaciones . El batería es destinado a ondular la maleabilidad del tejido sonoro. Mientras tanto, estalla pólvora cargada en un saxo (ése saxo) que no se conforma con cantar una nota simultánea: Ba-¡Pi! Y desgarra dos. Cómo no va a haber comenzado la velada, Antonio Lizana Group está bailando su propio A Love Supreme frigio ante nuestros tímpanos.

Hendidas las costuras de la noche suena una música muy mediterránea. Aparece un oasis melódico, La semilla, en medio de un desierto -plas, plas, plas- estruendoso. En sus propias palabras: «También meto ritmos de Oriente Medio, de Marruecos… veo mi música de forma más personal, más que algo que puedas meter en una cajita de ‘flamenco-jazz’.


La Semilla

Nuestro saxofonista y cantaor tiene el mérito de haber aunado dos públicos: los adeptos de la música improvisada y los seguidores del flamenco. Ver a un club jazzístico de referencia europea como el Café Central dando palmas es la perfecta cristalización de la madurez de esta semilla.

Un bajo fender jazz rojo cereza sostiene el vendaval de opacos acordes que ejecuta Jesús Caparrós. Se ha suspendido el tempo. Subimos a dunas, desde las cuales no se avistan senderos transitados, y bailamos en la cima. Qué sinergia, ¡qué groove! El bajista y el chico del ritmo golpeaban desde su telequinesia tan cultivada.

Tras la cadencia, sin parar, el cuarteto erige uno tangos flamencos llamados Tú Déjalo Estar, un arco de herradura a través del cual nos asomamos a la tendencia que está recorriendo esta nueva generación de músicos nacionales: gusto en la organicidad de la música improvisada, búsqueda del fecundo acervo de la música negra y el jazz, e inspiración en las sonoridades tradicionales propias (los palos flamencos, el repertorio antiguo o las reminiscencias árabes). Tanto en biología como en arte, la mezcla genética resulta siempre exuberante; se engendran sonidos de ojos verdes con la piel tostada.


Tú Déjalo Estar

En este tema del segundo disco (De Viento, 2017) percibimos algo especialmente atractivo: el trueque fluido entre el palo del tango flamenco y el ritmo swing. Recuerda al fascinante intercambio de latin y swing al que juega la composición de 1942, original de Dizzy Gillespie, A Night in Tunisia. Aquí , más bien al estilo A Night in Cadiz, el resultado causa la misma sorpresa y es reconocido por los traviesos tacones que siguen el compás.


A Night in Tunisia

En el transcurso de innumerables compases aún se perciben motas en la noche gaditana. Antes del alba cadenciosa, los astros bailan ahora dirigidos por las teclas de Daniel García Diego. Los invitados se miran, los dedos del músico se entrelazan y brotan sonoridades que bien recuerdan a pasajes modernistas como el Doctor Gradus ad Parnassum de Debussy. Esa es la maravilla de la improvisación: guardamos melodías dentro de cajones de nuestra esencia y luego, por autorregulación, el organismo sabe cómo devolvérnoslas para ejecutarlas entre tecla y tecla. Ilustración de Álvaro Alvarado: Antonio Lizana en el Café Central 1/5/2018


Doctor Gradus ad Parnassum

Y sucedidas las notas precisas llega el momento de afirmar: «LO tienen». Antonio Lizana y Daniel García son los maestros de una ceremonia chamánica sostenida por la aguda atención de los testigos. Un intercambio entre saxo y piano suscita ese encuentro primigenio que nos convierte a todos los presentes en miembros de una tribu. Surgen ideas que resuenan en nuestra íntima naturaleza, una sed grupal de concentración sin esfuerzo se inyecta en ese momento elevando la estancia a un Bufff exhausto, penetrante, hasta que rompe el aplauso.

Antonio Lizana
Ilustración de Álvaro Alvarado: Antonio Lizana en el Café Central 1/5/2018

Embriaguez colectiva. Volvemos a tocar la tierra con los pies. No puede parar de sonar, como un mantra en mi cabeza: la música es portadora de belleza.

Es simple. Antonio tiene los pómulos enrojecidos y la frente brillante. Mira a su tribu con cariño.

Las letras de Lizana son una red que atrapa quimeras y consigue domarlas para volverlas realidades durante sus conciertos. En sus versos se trasluce su filosofía:

En la actualidad creo que la gente está hipnotizada por las voces de su cabeza, es decir, aquello que no hiciste como hubieras deseado o las cosas que tienes por hacer. Cuando la mente toma el control solo existe el pasado distorsionado y un futuro ilusorio, deja de haber presente. Ahí se generan las depresiones y el estrés. No tenemos atención a lo que sucede ahora, que es lo único que existe.

La música es un ancla al presente. Especialmente la música creativa, que te hace estar despierto a ese momento que está pasando AHORA. Un poder transformador que ya se conoce en la cultura Nawal o en la India; sonidos que anulan el flujo de pensamientos. Entras en el bucle de la música. Ideas que se traslucen en bulerías terapéuticas como Déjate Sentir, que ahora la banda comienza a hacer sonar tras el mantra inicial, el cante a la vida: «Déjate sentir, no seas una marioneta de los que esperan de ti. No pierdas otro día, quizá sólo tengas esta vida». Se dispara el saxofón en arabescos sobre las brillantes síncopas del bajo, el batería y el piano. ¡Es tremendo! Golpean secamente a contratiempo mientras suenan las palmas de Nieves Lizana, ay, querida hermanita. Parece que los mini-sándwiches de aguacate y salmón de la mesa de enfrente se hallan impasibles ante tanta contundencia rítmica. No menos perplejos quedan los comensales, que ahora le han cogido el gustico a las palmas.


Déjate Sentir

Antonio se expresa en una de las improvisaciones más agudas de la noche. Una mezcla de rápidas ráfagas de bop, saltos melódicos y trinos de música árabe que resuenan en amigos que no pueden contenerse: «¡Ole, Antonio! Es una continua estimulación. Tantas variaciones, cambios rítmicos y partes engendran un sutil lenguaje entre músicos. Las miradas y los ojos sonríen en un milagro que es la comunicación, asemántica pero cargada de significado, de los sonidos. ¡Parí-pi-ro-rá Po-po-rá! Se hizo la complicidad.

Antonio Lizana
Fotografía de Rocío Periago

Jóvenes sonidos susurran nuestros oídos

En el intermedio las copas entrechocan y cantan alegres grillos con sombrero. En el reservado se trafica con verbos y sorpresas: «Daniel García Diego tocará con su trío el 29 de mayo en Bogui Jazz», «Quiero una ensalada de queso azul», «aquí hay una escena bestial, de lo más interesante en Europa. Tenemos que hacer que se conozca». La retina cree ver una única vela que alumbra la sala, pero a ojos cerrados los diálogos desprenden candela.

Es incontestable, algo se fragua. Nuevas ideas han nacido de los artesanos de nuestro pasado musical: Jorge Pardo, Chano Domínguez, Pedro Iturralde o Carles Benavent. Detrás de esta nueva generación incipiente y heredera hay un leitmotiv que no para de resonar, Madrid es el sitio. Barrios como Huertas (el de las letras), Chueca, Malasaña, Bilbao se han vuelto el nuevo Greenwich Village español, artístico y fértil.

Reflets dans le saxophone

Antonio Lizana
Fotografía de Rocío Periago</

Tenemos muchas voces en nuestra cabeza, y cuando estamos en el escenario hay que callarlas. Existen genios de generosidad infinita como Camarón, Coltrane o Paco de Lucía. Pero en el momento presente del escenario soy yo, y no puedo estar tocando y pidiendo perdón por no ser ellos. Es necesario callar las voces de la cabeza allí arriba. Nos autoexigimos demasiado y eso capa nuestra capacidad de expresión. Como músico creo que tengo la responsabilidad de entregar mi mejor energía al público.

En Fronteras, el impactante single de Oriente (2017), el quejío sin palabras suena en el registro más agudo y sollozante del saxofón soprano de Liazana. Ecos, cada vez más sonoros e internacionales, que han retumbado en ciudades lugares como Salzburgo, Múnich, Nueva York o Lima.


En Fronteras

No queda otra opción que seguir tocando hasta el fin, las salidas están colapsadas y esto cada vez preocupa menos. El camarero prepara la mesa donde cenarán los músicos mientras se escucha Volar. La escena es un cuadro naturalista, absolutamente hogareño y cálido: familia, comida rica, amigos, palmas y miradas cruzadas; la gris cabellera de Jorge Pardo se pasea por la sala. Ya lo dice Antonio: «Estáis aquí por un motivo cósmico. Antes de que nacierais estaba escrito que estaríais aquí esta noche. Estaba cerrado, cerrado». ¿Por qué resonamos con esas palabras exactas? Inmersos en la hechicería de las sincronicidades y abandonados al baile, nos dejamos ascender.


Volar

Volá, volá, volá, quieren los sueños en la madrugá…


Airegría