El fiscal dedicado a los delitos de odio en España ha tenido la fantástica idea (nótese el sarcasmo) de proponer que, a quienes difundan “odio” en Internet, se les retire el acceso a las redes.
¿Y qué es discurso del odio? Me preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Pues, igual que en el poema, discurso del odio eres tú. O podrías serlo.
La ministra Elma Saiz dejó claro, en su cuenta de la red social X, que discurso del odio podía ser cualquier cosa. Si prestáis atención a la gráfica que compartió, me aventuro a imaginar que habrá varios detalles que os llamarán la atención:
- Apenas un 50%, en la inmensa mayoría de los casos, es discurso “agresivo explícito”.
- El segundo grupo al que se ataca es “Ninguno”, un colectivo social cuya necesidad específica de protección se me antoja complicada de defender.
- Aproximadamente la mitad del discurso del odio es “discriminatorio no agresivo” o, incluso, “Ironía o sarcasmo”.
Por ende, la radiografía del discurso del odio es peculiar. Por mucho que se haya extendido (ninguna duda tengo de ello) la definición de lo que es “agresivo explícito”, ese tipo de discurso apenas cubre un 50% de los casos. Además, el discurso del odio puede no estar dirigido a nadie en concreto, una suerte de odio generalizado que, además, es agresivo explícito casi un 40% de las veces (me encantaría ver ejemplos, deben ser desconcertantes).
“El fiscal dedicado a los delitos de odio en España propone que, a quienes difundan “odio” en Internet, se les retire el acceso a las redes”
Dejando al margen las bromas, no debemos perder de vista que en el aire ya está el globo sonda de la eliminación de la libertad de expresión. Si hay algo que todo español sabe, o debería saber, es que el PSOE ejerce de centro moral e ideológico de la política española. Es el partido político por defecto, el faro moral de todo español, el que decide lo que es admisible o inadmisible. No es el PSOE el que se adapta al sentir de la población española, sino la población española la que adapta sus sentimientos al bien absoluto que representa el socialismo patrio. Y el PSOE ya está hablando de “discurso del odio” y diciendo que es inadmisible, lo que implica que los medios de comunicación y el “sentir de las calles” irá, poco a poco, asumiendo la nueva realidad. Prohibirle a la gente conectarse a Internet va a ser, dentro de poco, democracia de la buena.
¿Cuál será el límite? De nuevo, el que decida el PSOE. Y no lo digo por animadversión hacia el partido, sino porque el PP ya ha dejado claro que va a dejar que le muevan la portería y que va a querer poner junto a sus “rivales” la primera pieza del puzle (la desaparición del anonimato en las redes). El PP ejerce, en la política española, el papel de “normalizador” de todo lo que va ocurriendo, sin ninguna iniciativa real. Así pues, el papel de los populares es hacer como que ponen un límite a los cambios que instaurará el socialismo, dejando que estos se filtren poco a poco y manteniéndolos si se da la casualidad de que gobiernan. Por ende, pierdan toda esperanza de revertir el concepto de “discurso del odio” en un futuro. La pelea es ahora o nunca.
“el PSOE ejerce de centro moral e ideológico de la política española”
Por supuesto, el problema es que nunca hay un frente común de los defensores de la libertad de expresión. El censor lo tiene claro: siempre hay un buen motivo para mantener un control más estricto, y el objetivo es llegar todo lo lejos que se pueda. Ante eso, el otro bando ofrece un abanico de posibilidades: los hay que quieren acabar con el anonimato en las redes pero que ponen el límite en que el discurso del odio no lleve a prisión; los hay que quieren que haya penas de prisión, pero solo para llamadas a la violencia explícita; los hay que dicen que no a todo, que ni discurso del odio ni penas de prisión; los hay que piensan que podrán aprovecharse ellos en el futuro y, por ende, rozan la cooperación con sus rivales y, por último, y son la inmensa mayoría, los hay que no saben ni lo que quieren.
El problema es de enfoque: el debate ya está casi superado, y no tenemos ninguna posibilidad de cambiarlo. Carecemos de la hegemonía cultural, y la inmensa mayoría de la población está sumergida en ese “PSOE State of Mind” del que no se puede salir. La posición inicial está clara: el debate es, partiendo de que existe el discurso del odio, y que ese “discurso del odio” es y será algo indeterminado, si se puede restringir a alguien el acceso a Internet por difundir esa clase de mensajes. ¿Qué clase de mensajes? Pues los que los censores autorizados elijan, siendo que su criterio se convertirá en la intuición (a posteriori, curiosamente) de todo español de bien.
“nunca hay un frente común de los defensores de la libertad de expresión”
Serán muchos los tertulianos que intentarán hacer ejercicios de pedagogía, con buena fe. Nos dirán que es el momento de abrir la discusión, que todos debemos participar, pero es mentira. El centro y la derecha caerán en la trampa y se dedicarán, mientras el PSOE legisla, a debatir sobre el sexo de los ángeles. El socialismo patrio ya no está en esa fase, y los altavoces mediáticos lo único que buscan es crear una ficción que entretenga al resto del espectro político mientras sus jefes proceden a llevar a cabo lo que tenían articulado desde el principio. Para ilustrarlo con un ejemplo, pensad en la amnistía: el centro y la derecha se han pasado meses intentando agarrarse al falso debate de las tertulias, explicando sus motivos y perdiendo el tiempo sin salir a la calle. Para cuando han salido, el votante del PSOE y sus aledaños ideológicos tenía ya tan naturalizada la amnistía que solo ha habido que tocar la tecla adecuada para que todos aplaudieran al unísono.
Cualquier postura que no sea asumir que nunca podremos definir nosotros lo que es discurso del odio y, por ende, no habrá jamás un debate sobre su configuración es engañar a la gente. O te opones frontalmente al pack completo o lo aceptas entero. Ya estamos en el punto en el que hay documentos elaborados por instituciones oficiales en los que el concepto de discurso del odio se extiende a ironía o sarcasmo dirigidos hacia ningún colectivo en específico. Ya hemos pasado la fase en la que debatimos sobre ideas. Ese tren nos ha pasado de largo y es una oportunidad perdida. Intentar volver atrás es un error. Enroquémonos en la posición actual y frenemos el ímpetu censor que se nos viene encima.
“El centro y la derecha caerán en la trampa y se dedicarán, mientras el PSOE legisla, a debatir sobre el sexo de los ángeles”
Llegar tarde es una tragedia, sí, pero aún peor es colaborar con un esperpento, y en eso está la derecha hegemónica de nuestro país. El PP tiene la esperanza de que el gol que les van a meter cuente la mitad, y seguir conservando su discurso pusilánime mientras deja caer cualquier resquicio de conservadurismo que quede. Su fe es la del jugador de ajedrez que sacrifica todas sus piezas buenas en medio de la ensoñación de que el otro jugador sea lo suficientemente malo como para poder hacerle jaque mate con dos peones; el 23 de julio debería haberles explicado algo, pero nada han sacado del tortazo que se llevaron.
¿Y qué hace VOX? Pues lo que puede, con aciertos y errores. La realidad es que VOX, sin la ayuda del PP (y sin la inestimable colaboración que hubiese venido de Ciudadanos) no puede crear un mensaje análogo al de la izquierda. Se han sumergido en una batalla cultural interesante, consiguiendo que muchos temas entren en el debate público, pero el gran partido de la derecha no les ha echado una mano cuando la necesitaban, lo que ha conllevado que estemos en una situación de polos asimétricos: el PSOE tiene dominado el discurso de izquierdas, y es visto como la izquierda moderada, mientras VOX abandera el discurso conservador sin poder quitarse el sambenito del extremismo. Y lo peor es que el PP, a diferencia de lo que sabe hacer el PSOE con cualquier cosa que le sale a su izquierda (o de lo que ha hecho con el independentismo), no ha tenido ni la más remota idea de cómo “integrar” parte de las ideas de VOX en un partido conservador con mejor imagen. Esa es la realidad, y ahora es cuando nos damos cuenta de lo útil que hubiese sido tener algún contrapeso ideológico realista.
“El PP tiene la esperanza de que el gol que les van a meter cuente la mitad, y seguir conservando su discurso pusilánime”
El PSOE ganará el debate sobre el discurso del odio porque sabe dónde apoyarse. ¿Será “discurso de odio” llamar a destrozar las carpas de VOX, o a tirarles piedras cuando van a dar un mitin? No lo será. ¿Será “discurso del odio” acusar a la Iglesia de favorecer la pederastia? No lo será. ¿Será “discurso del odio” llamar a la alerta, o montar manifestaciones violentas y multitudinarias, cada vez que la izquierda pierda el poder? No lo será. ¿Será “discurso del odio” reivindicar el gulag para los adversarios políticos “capitalistas” e “imperialistas”? No lo será. Pero sí que destilará odio cualquiera que diga que no está conforme con las ideas del colectivo LGTBIQ+, que le disgusta la inmigración ilegal o que apoya el franquismo. Y habrá consenso sobre eso exactamente igual que lo hay sobre cualquier otro tema en el que las zarpas del “PSOE State of Mind” han entrado de lleno.
Para entendernos, la hegemonía cultural es ese “algo” que te hace pensar con cuidado las palabras que decir en una conversación casual. Todos sabemos la perorata que hay que soltar para quedar bien cuando surge el tema, en una comida, sobre la inmigración ilegal o el feminismo. Es más, somos conscientes de que “yo no soy de derechas, pero” es una fórmula obligada si eres de izquierdas o de centro pero no te acaba de cuadrar toda la película que te cuentan. La derecha solo puede existir en un estado de enorme exaltación; la izquierda es, sin estridencias; se siente orgullosa de sí misma y el ignorante político sabe que es la opción fácil. El derechista promedio es pasivo. Sí, el votante de VOX o de Alvise son muy vehementes, pero eso no es lo que hace falta para que haya equilibrio en España; lo que haría falta es que el votante del PP se vuelva activa y orgullosamente derechista. No es tarea fácil, pero sí necesaria, porque España exige contrapesos.
“La derecha solo puede existir en un estado de enorme exaltación; la izquierda es, sin estridencias; se siente orgullosa de sí misma y el ignorante político sabe que es la opción fácil”
Mientras tanto, me preparo para la época en la que escribir esta clase de textos, sin rendir pleitesía a nadie, se convertirá en signo de colaboracionismo con el fascismo (sean cuales sean las consecuencias, que dudo que cristalicen demasiado deprisa). Porque sí, creedme: el concepto de “fascismo” se va a ir extendiendo, poco a poco. Así que, amigos míos, tarde o temprano todos seremos fascistas. Intentad llevarlo lo mejor que podáis, porque no vamos a ir a mejor.










