El martes Mañueco fue reelegido Presidente de Castilla y León, con el apoyo de Vox. Por primera vez, el partido de Abascal entrará en un gobierno autonómico. Seguramente no será la última. Esta coalición parece llamada a replicarse en otras autonomías y quizás en España. Mientras, las izquierdas acusan al PP de aupar a la ultraderecha al poder, en lugar de tenderle un cordón sanitario como supuestamente hace el resto de la derecha europea.

Digo yo que se podría expresar preocupación por la entrada de Vox en un gobierno, sin caer en el infantilismo y la mentira. En Europa, el cordón sanitario a la ultraderecha no es la norma, sino más bien la excepción.

La ultraderecha habita los parlamentos del Viejo Continente desde hace décadas. De hecho, España es el último país donde ha mostrado fuerza electoral. Hasta 2016 los politólogos hablaban de “la excepción española”, para irrumpir en el Congreso.

“El martes Mañueco fue reelegido Presidente de Castilla y León, con el apoyo de Vox”

Al principio, su llegada a las instituciones europeas fue apenas testimonial. En varios países, los partidos de ultraderecha entraron con un único diputado. En otros, sólo obtenía diputados en asambleas territoriales o concejales en los ayuntamientos. Este fue el caso del Partido Socialista del Reich en Alemania, hasta su ilegalización en 1952.

En Dinamarca o Noruega, la ultraderecha sigue ocupando un rol marginal. Esto no impide que, para frenar su crecimiento, parte de su política migratoria se acabe proyectando en la agenda de los grandes partidos. Sin embargo, cada vez es más habitual en Europa que entre las grandes fuerzas políticas haya un grupo a la derecha del centro derecha y marginarlo, sea o no deseable, no es lo común.

La expresión “cordón sanitario” se acuñó en 2002, cuando por primera vez el Frente Nacional Francés pasó a la segunda vuelta de las presidenciales francesas por un puñado de votos. Aún en shock, todos los partidos de izquierdas y centro pidieron el voto para el Presidente Chirac, quien fue reelegido por abrumadora mayoría, frente a Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen.

“el cordón sanitario a la ultraderecha no es la norma, sino más bien la excepción”

Por entonces la ultraderecha ya se había hecho un hueco en el gobierno de Bélgica, Austria, Suiza y algunas regiones italianas. Esta tendencia se agravaría en la década pasada. Pese a su carácter izquierdista, Syriza formó una coalición de gobierno con un partido de ultraderecha, Griegos Independientes, que recibieron el Ministerio de Defensa. También en Finlandia y Suecia la ultraderecha ha logrado entrar en el ejecutivo nacional.

En la actualidad, Polonia y Hungría están gobernadas por partidos consideradas de ultraderecha. En Italia, la Liga es la primera fuerza y un pilar clave para sostener el gobierno tecnócrata de coalición. Sin embargo, aún no han conseguido hacerse con el puesto de Primer Ministro.

“el auténtico cordón sanitario se circunscribe, por ahora a Alemania”

En resumen, el auténtico cordón sanitario se circunscribe, por ahora a Alemania. ¿Y Francia? En el país galo el cordón sanitario es meramente electoral. Pensemos que, en Francia, no sólo el Presidente, sino los alcaldes, diputados y parlamentarios regionales se eligen directamente y en doble vuelta. O sea, si en las presidenciales todo el país vota al Jefe del Estado, en las parlamentarias cada circunscripción elige a un diputado. En el sistema doble vuelta, si un candidato alcanza más de la mitad de los votos, se queda con el cargo, si no, los dos candidatos más votados se enfrentarán dos semanas más tarde en unos nuevos comicios.

En la práctica esto favorece que en la Asamblea Nacional abunden las mayorías absolutas y ha dificultado mucho la llegada de partidos extremistas. Imaginemos que en España, un ciudadano de centro izquierda ha de elegir entre un candidato de Vox y uno del PP; o uno de centro derecha tiene en la segunda vuelta al PSOE y Podemos. ¿A quién votaría?

Así entendemos que, aunque en 2007 el Frente Nacional Francés se convirtió en la tercera fuerza en votos, no obtuvo ni un escaño en la Asamblea Nacional. Lo que se repitió en 2012. Sólo en 2017 se haría un hueco con 8 diputados.

“La expresión “cordón sanitario” se acuñó en 2002, cuando por primera vez el Frente Nacional Francés pasó a la segunda vuelta de las presidenciales”

Sólo en Alemania ha existido la viabilidad regional y nacional de que la derecha (CDU) pactara gobiernos de coalición con Alternativa por Alemania. La negativa de Merkel ha resultado capital para este cerco, aunque es incierto si su partido se mantendrá en esta línea. Además, el mérito es compartido con los partidos de izquierdas y liberal que han facilitado coaliciones de gobierno no excluyentes con el centro derecha.

¿Entonces por qué el señor Tusk, presidente del PP europeo, ha protestado por el pacto con Vox? Pues aún a riesgo de ser malpensado, creo que se debe a una cuestión personal. Como hemos dicho la ultraderecha es diversa y a menudo peleada. No hay un único grupo de ultraderacha en el Europarlamento, sino diversos. Vox, concretamente, forma grupo con la ultradercha polaca que mantiene fuera del poder al centro derecha de Tusk en Polonia desde hace una década.

A diferencia del caso alemán, en España, la izquierda pide, pero no entrega. Se le afea al PP que pacte con Vox, a la vez que se niega cualquier pacto de legislatura o coalición de gobierno que le posibilite salir de la oposición. Ya que se ponen podrían pedirle al votante de centro derecha que se quede en casa cuando haya elecciones.

“en España, la izquierda pide, pero no entrega”

Ahí reside nuestro problema. Estamos demasiado polarizados y por los discursos políticos son una caricatura de la realidad. En España parece inviable tener un debate serio sobre el extremismo político. Todo se reduce a señalar al otro como fanático peligroso. Términos como nazi, fascista, totalitario, dictador o estalinista, que siempre deberían utilizarse con prudencia, se han convertido en una muletilla más del politiqueo.

Basta con recordar que sólo la semana pasada un diputado de Vox comparó al Ministro de Exteriores con Goebbels y al Presidente Sánchez con Hitler. En las cortes castellanoleonesas, el último representante de Unidas Podemos aseguraba que si Vox pudiera fusilaría a rivales políticos.

“¿Entonces por qué el señor Tusk, presidente del PP europeo, ha protestado por el pacto con Vox?”

Luego está esa tendencia española a los complejos imaginarios. Según parece somos el primer país de Europa que abre las puertas de la ultraderecha a un gobierno. Porque nuestros vecinos han tendido un cordón sanitario contra la ultraderecha. Si sólo fuese verdad… Pero ya hemos visto que no.

Tampoco estaría mal saber por qué calificamos a Vox o a cualquier otro partido de “ultraderecha”. Los partidos que agrupamos bajo esta etiqueta tienen posiciones muy diferentes en cuestiones como política económica, reformas institucionales, integración europea, derechos LGTBI, derechos de la mujer, comercio internacional… Eso sin mencionar que suelen cambiar fácilmente de opinión. ¿Entonces por qué agruparlos como “ultraderecha”? ¿No será esta palabra más que un insulto vacío utilizado con arbitrariedad?

“Tampoco estaría mal saber por qué calificamos a Vox o a cualquier otro partido de ultraderecha”

Seguramente exista una palabra más amable. Algunos partidos de ultraderecha prefieren el término “altright”. Este anglicismo deriva de Alternative Right (derecha alternativa). En todo caso, si algo permite hablar de esta categoría es su populismo xenófobo.

Todos los problemas de nuestras sociedades derivan de los migrantes y desaparecerán con la adecuada política de migración. Esto no implica sólo cerrar fronteras, sino aumentar las deportaciones y restringir el acceso a la nacionalidad. Este populismo sería el común denominador de la ultraderecha en nuestros días.

Como cualquier movimiento populista, el discurso antimigratorio de la ultraderecha se basa en mentiras y medias verdades exageradas. No es que la inmigración no genere desafíos y problemas, pero cuesta pensar que eliminándola se resuelvan todos los problemas de la población.

“Como cualquier movimiento populista, el discurso antimigratorio de la ultraderecha se basa en mentiras y medias verdades exageradas”

No sólo el populismo derechista inventa enemigos. La izquierda populista nunca deja de hablar de élites económicos, del IBEX35, de la banca… Afirma que basta con subir los impuestos a los ricos para resolver. También este discurso simplifica la realidad de una manera aberrante y basa la solución de todos nuestros desafíos entorno a la destrucción de un enemigo. Sin embargo, el populismo de derechas no señala a unos enemigos mucho más concretos, mucho más humanos, visibles a pie de calle. Por eso su peligro es, al menos potencialmente, superior.