Hoy en día, casi todo parece metafórico. Diría que nos esforzamos en encontrar mensajes ocultos en todo lo que vemos, oímos o hacemos, como si el misticismo fuese parte de la naturaleza humana. No obstante, cuando encontramos verdaderas declaraciones de intenciones o enseñanzas importantes en los acontecimientos cotidianos, nos cuesta extraer una moraleja clara. Permitidme que me esfuerce en separar el grano de la paja a través de dos noticias relacionadas con los animales.

La primera es el rescate, por parte de alguien bautizado como equipo A, de los animales atrapados por el avance imparable del volcán de la Palma. Como recordaréis, si es que habéis dedicado algo de tiempo a ver las noticias, la UME estaba desarrollando todo un dispositivo, que involucraba la utilización de drones, para poder rescatar a los perros; todo ese esfuerzo interminable resultó innecesario. Es, posiblemente, la metáfora más fina y perfecta del efecto de la burocracia en un país.

Vivimos bombardeados con mensajes sobre lo importante de la presencia del Estado en todos los ámbitos de la sociedad. Sin el Estado, no habría escuelas, ni hospitales, ni carreteras, ni pensiones, ni seguridad. La justificación del expolio al ciudadano (es difícil describir el sistema impositivo español con otro sustantivo) está en la enorme cartera de servicios que se nos ofrecen. La esencia del argumento está en que la colaboración ciudadana no sería suficiente para poder organizar todo lo que los burócratas nos ofrecen de manera centralizada. Puede parecer, a quien haya estudiado algo de historia, una idea algo difícil de sostener, toda vez que hemos visto experiencias históricas donde no era necesaria una injerencia tan profunda para conseguir buenos resultados, pero a la mayoría de españoles le sirve.

“la UME estaba desarrollando todo un dispositivo, que involucraba la utilización de drones”

Haciendo una analogía con otro ejemplo paradigmático, el de las carreteras, a la participación de la UME en el rescate de los perros se le puede afear lo mismo que a los que deciden asfaltar el terreno: excesivo coste y un estudio de las condiciones largo, tedioso y mal ejecutado. La UME tiene que coordinarse con el Cabildo, los técnicos tiene que ir a reconocer el terreno, se tienen que evaluar los materiales existentes en el mismo, el previsible avance de las coladas y el número de personas que movilizar para la operación. Para cuando has terminado de dejar contento a todo el mundo y rellenar el papeleo, los perros ya no están.

Creo que no somos conscientes del armatoste burocrático que tenemos sobre nuestros hombros en este país, pero en esta noticia tenemos un ejemplo majestuoso. Los técnicos que inspeccionaron las inmediaciones procedían del resto de España, y había que desplazarlos en ferris y aviones. El rescate se iba a hacer uno por uno, perro a perro, considerando que, para más inri, se necesitaba un proceso de aclimatación de los animales a la presencia de los drones. Como era preciso el permiso del Cabildo, los operarios, en lugar de acelerar el proceso de rescatar a los animales, estuvieron ocupados en hacer las suficientes simulaciones como para lograr el visto bueno de sus superiores en cuanto a la seguridad de quienes participarían en la operación.

Mientras tanto, el pueblo canario, sin necesidad de un equipamiento adecuado, aclimatación, drones que cuestan decenas de miles de euros, ensayos y certificaciones de sostenibilidad energética, respeto al medio ambiente y perspectiva de género, ha acabado rescatando a los perros por sí mismo. Eso sí, reconozco que tiene muchísima menos magia. La pancarta de los rescatadores es bastante fea, cosa que demuestra que no cuentan con un equipo de marketing adecuado; y nos han privado de lo más bonito de todas estas historias, es decir, de la rueda de prensa en la que los políticos y los burócratas se echan flores los unos a los otros, repartiéndose loas como si de una genialidad inconmensurable se tratara.

“Para cuando has terminado de dejar contento a todo el mundo y rellenar el papeleo, los perros ya no están”

Lo que pretendo decir no es que el Estado no sea necesario, ni que sea una mala idea tener cuidado a la hora de poner en riesgo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de España. Todos nos merecemos unas buenas condiciones laborales, pero creo que eso no exime a lo público de reconocer que es extremadamente lento y tedioso. Los trámites a nivel estatal son simplemente insufribles, y eso cualquier español lo sabe. Hay documentos que, si no los entregas cien veces a lo largo de la vida, no los entregas ninguna. Cada vez que hay que visitar a Papá Estado, el español medio tiembla: sabe que le quedan, mínimo, un par de idas y venidas más, hasta conseguir el mineral precioso, escondido en una cueva del Perú y trabajado por monjes tibetanos, que le permitirá, al fin, lograr el permiso para encender un fuego en medio del campo. O para poner un puesto de limonada en la calle. O para que su abuela pueda vender cuatro melones de su huertecito a las personas que pasen por allí.

Por si esto fuese poco, los animales siguen aportando noticias sobre las que reflexionar. El gobierno nacional ha considerado conveniente exigir completar un curso a los futuros dueños de un animal de compañía, lo cual no deja de ser gracioso, porque convierte el tener un perro en algo mucho más complicado, por ejemplo, que votar en unas elecciones. Puede que vosotros no lo veáis igual, pero me parece irrisorio que el Estado sea más exigente conmigo a la hora de tener un perro que a la hora de inmiscuirme en la decisión acerca de la política energética del Reino de España. Si unimos este trámite burocrático nuevo a la maravillosa idea de adelantar la edad de ejercer el derecho de voto a los dieciséis años, sale un cóctel explosivo: se puede dar la circunstancia en la que una persona no sea apta para cuidar de un perro, pero sí para decidir quién debe ser el presidente del gobierno.

“Cada vez que hay que visitar a Papá Estado, el español medio tiembla”

Tranquilos, que no nos vamos a despedir sin abrir el melón del debate más peligroso sobre este tema. ¿Qué curso hay que hacer para ser padre? ¿Acaso es más fácil cuidar a un hijo que a un perro? ¿Tenemos más preocupación sobre el futuro de los animales de compañía que sobre el futuro de los niños, jóvenes, adultos y ancianos del mañana? Al menos, eso parece. Tenemos el consuelo de que, con la situación económica actual y lo que parece esperarnos en los próximos años, el problema de los malos padres será bastante testimonial.

En todo caso, ambas noticias me parece que desvelan algo muy interesante: la voracidad del Estado, en lo que al control se refiere, no tiene límites. Las ayudas económicas a la Palma tardan y son insuficientes, pero no se escatima en recursos para hacer una pantomima de rescate efectista con última tecnología; de la misma manera, la formación de nuestros niños y jóvenes cada vez es más deficiente, regalándoles los títulos como si de una tómbola se tratase, y haciéndoles más complicado y exigente tener un perro que sacarse la ESO. Pero no os preocupéis, que los hombres y mujeres del mañana siempre tendrán a los políticos, ávidos de comprarles su voto por un sueldo pírrico y unas cuantas promesas vacías.