La viruela del mono (VdM) no es un problema nuevo. El virus se identificó en primates en 1958, diagnosticándose el primer caso en humanos en la República Democrática del Congo, en 1970. Desde entonces se han constatado brotes en las regiones central y occidental de África. Brotes cada vez más frecuentes e intensos, posiblemente en relación con el cese de la vacunación contra la viruela declarado en 1980. Ergo, sí no es una infección nueva, ¿qué ha cambiado? Pues que ha llegado al primer mundo y se esparce por él, sin prisa, pero sin pausa, con un ritmo y unas pautas diferentes de lo esperado.

En esta nueva crisis parece que España tiene el triste honor de ser el país con el mayor número de casos por habitante. En concreto, a 30 de julio de 2022, España tenía algo más de 90 casos por millón de habitantes. Lejos de Alemania con 36, Francia con 27 o USA con 14 casos/millón.

Además, y con apenas 24 h de diferencia, a finales de julio se producían las dos primeras muertes por la VdM en nuestro país, en Alicante y en Córdoba. Hasta este momento, con muertes solo en tierras africanas, el interés global había sido menor. Ahora, la presencia de cuatro cadáveres fuera de África (hay uno más en Brasil y otro en Perú), aún siendo un número pequeño, ha activado las luces de emergencia.

Así las cosas, los servicios sanitarios nacionales e internacionales han lanzado alarmas, dado instrucciones al personal sanitario y se han aplicado a revisar y actualizar el papel de la vacuna de la viruela humana en el control de otros tipos de viruela. Todo en la buena dirección hasta que la Organización Mundial de la Salud, cuadrando el círculo, ha hablado por boca de su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Que ha pedido que los gais reduzcamos nuestros contactos sexuales para no esparcir la enfermedad. “Para los hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH), esto también significa, por el momento, reducir el número de parejas sexuales e intercambiar información con cualquier nueva relación para poder contactar con ellas, en caso de aparición de síntomas, para que puedan aislarse”, ha explicado en una rueda de prensa que circuló a la
velocidad del rayo por todo el planeta.

A estas alturas de la vida no sorprende que aquello relacionado con los «desviados», como mucha gente sigue considerándonos a los homosexuales, despierte mayor interés y morbo que otras informaciones. Las declaraciones del Sr. Adhanom Ghebreyesus han aparecido en todos los medios. Radios, periódicos, televisiones y, por supuesto, redes sociales se han hecho eco de unas palabras que han trasladado a la población un cuadro macro sanitario que apunta, con precisión, hacia los responsables de lo que está sucediendo: los hombres que tienen sexo con otros hombres. Lo que muchos han interpretado entendiendo que si eres heterosexual estricto estás fuera de peligro. Una idea falsa, pero creíble tras estos mensajes y con la homofobia estructural que padecemos.

Otras informaciones -mucho más aburridas- no han tenido el mismo éxito. Por ejemplo, las recomendaciones del ministerio de Sanidad, disponibles en su página web, que deberían ser de conocimiento público y recordatorio casi diario, pero que se publicitan de un modo casi marginal.

La población ha entendido, a la primera, que los HSH son difusores de la infección, pero no les ha quedado tan claro que todos somos susceptibles de enfermar y que la VdM se puede contraer en las circunstancias más cotidianas de la vida. Lo que no es asunto menor.

No basta con que los sanitarios conozcamos las acciones a seguir, no basta con proponer la baja laboral o hacer recomendaciones en la consulta. Las personas han de ser conscientes de la necesidad, personal, de evitar contagios en toda situación. En toda. No sólo en relaciones sexuales. No solo en relaciones sexuales entre hombres. También hay que prevenir en mercados, en transportes públicos, en fiestas, festejos, conciertos y en cualquier momento en que una persona con lesiones por VdM se encuentre en nuestro círculo de influencia. Porque la transmisión se produce mediante contacto estrecho (no necesariamente sexual) con lesiones y costras de la piel, fluidos corporales, gotas respiratorias gruesas y material contaminado (sillas, ropa de cama, toallas, juguetes sexuales…), de una persona infectada y, sí, también puede transmitirse a través del semen y los fluidos vaginales.

Dicho de otra forma, cualquiera puede contagiarse, independientemente de su edad, género u orientación sexual. Las declaraciones de las autoridades sanitarias en relación a los HSH son, por ello, doblemente deplorables. Deplorables porque vuelve a estigmatizar a los gais y nos hace responsables de la expansión de una enfermedad que tiene diversas formas de propagarse. Deplorables porque, al trasladar la idea de que la VdM es propia de un colectivo concreto, se da falsa seguridad al resto de los individuos. ¿Cómo me voy a infectar si no soy gay? es la reflexión que inducen, en gran parte de la población, las afirmaciones y los silencios de los responsables sanitarios.

La ignorancia vuelve débiles a las sociedades, a las personas. La comunicación, como ha sucedido aquí, no puede basarse en el estigma. No si queremos que la prevención de cualquier tipo de dolencia sea no sólo eficaz, sino también respetuosa con la salud general y los derechos de todos.
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Las Recomendaciones de Sanidad ante casos no hospitalizados incluyen:

— Permanecer aislado en una habitación o área separada de otros convivientes hasta que todas las lesiones hayan desaparecido, especialmente si las personas presentan lesiones extensas o con secreciones o síntomas respiratorios.

— Evitar el contacto físico y las relaciones sexuales, homosexuales o heterosexuales, hasta que las lesiones hayan desaparecido.

— Siguiendo el principio de precaución, la OMS recomienda el uso de preservativo en las relaciones sexuales, heterosexuales u homosexuales, durante las primeras 12 semanas tras finalizar el aislamiento.

— Usar mascarilla quirúrgica… etc.