Antes de ayer, la Defensora del Pueblo de Ucrania publicó un informe donde denunciaba numerosas agresiones sexuales a mujeres, hombres y niños por parte de soldados rusos. Aunque nos conmocione, la noticia nos sorprende poco. En escenarios bélicos las agresiones sexuales se incorporan al infierno cotidiano de las víctimas.

En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, con Alemania ya rendida y ocupada, las potencias aliadas celebraron la Conferencia de Potsdam. Esta ha pasado a la historia como foro donde se acordó la ocupación conjunta de Alemania y Austria y donde la URSS se comprometió a declarar la guerra al Japón, que aún no se había rendido. Sin embargo, en una de sus sesiones, el Presidente Truman puso sobre la mesa el problema de las violaciones a mujeres alemanas.

“la Defensora del Pueblo de Ucrania publicó un informe donde denunciaba numerosas agresiones sexuales a mujeres, hombres y niños por parte de soldados rusos”

Truman había llegado a la Casa Blanca apenas un mes después de jurar como Vicepresidente de EE.UU., cuando su predecesor, Franklin Delano Roosevelt falleció por un aneurisma. Advenedizo e inexperto, se le señaló como responsable de varios errores clave frente a Moscú. Convertirse en el único ser humano hasta la fecha que ha ordenado dos bombardeos nucleares no ha contribuido a mejorar su retrato en la posteridad. Sin embargo, a su manera, hizo gala de valores.

Tal vez, el Departamento de Defensa no le informó debidamente, pero lo cierto es que no sólo las mujeres alemanas estaban siendo violadas. Desde el desembarco en Francia se estaban produciendo estos episodios. No hablamos de un hecho aislado, como, por ejemplo, en 2016 cuando varios soldados franceses fueron investigados por abusar sexualmente de niños en la República Centroafricana donde participaban en una misión de paz. El caso, por cierto, se zanjó de una forma sospechosamente rara: absueltos por un juez, pero sancionados disciplinariamente por sus mandos. En todo caso, aquí hablaríamos de un grupo aislado. Hablaríamos de que en el ejército francés hay criminales, como los hay entre profesores, farmacéuticos, médicos etc.

“¿Cómo vamos a negarle a soldados que han arriesgado sus vidas y hecho a pie miles de kilómetros que se divierta con una mujer? dijo Stalin”

En la Europa de postguerra la violación contó con la complicidad de los mandos, quienes no sólo hacían la vista gorda, sino que en muchos casos mostraban simpatías por esta conducta, en los casos británico, norteamericano y francés. En los países ocupados por los soviéticos, la cosa fue más allá, hasta el extremo de que los penales de mujeres de Budapest, Viena o Königsberg y otras consta que los soldados rusos podían pedir tanda para violar a las detenidas.

De hecho, cuando Truman planteó la cuestión, encontró una actitud pasiva por parte del Primer Ministro inglés, Mr. Atlee, y a un Stalin contrariado quien le espetó: “¿Cómo vamos a negarle a soldados que han arriesgado sus vidas y hecho a pie miles de kilómetros que se divierta con una mujer?”.

El Presidente estadounidense no insistió en el asunto. Si bien, más tarde impulsó medidas para frenar estas conductas criminales entre sus tropas.

“A nivel internacional sólo existe una condena por crímenes de guerra consistentes en agresión sexual: la masacre de Nankín.”

La anécdota de Potsdam nos refleja con cuanta facilidad se ha normalizado la violencia sexual en contextos bélicos. A nivel internacional sólo existe una condena por crímenes de guerra consistentes en agresión sexual: la masacre de Nankín.

En 1928 la ciudad china se convirtió en la sede del gobierno republicano del Kuomintang, partido nacionalista. Nueve años después, el ejército japonés ocupó la ciudad en diciembre de 1937. Durante aproximadamente dos meses, la ciudad conoció un horror sin precedentes. Se estima que entre 200.000 y 300.000 civiles fueron asesinados en una campaña de matanzas y saqueos sistematizados para aterrorizar a los chinos dentro y fuera de Nankín. Además, se incitó a los soldados japones a violar a las mujeres chinas, contabilizadas más de 20.000 mujeres violadas.

“entre 200.000 y 300.000 civiles fueron asesinados […] dentro y fuera de Nankín […] y más de 20.000 mujeres violadas”

En los Juicios de Tokio, el general, Iwane Matsui, y los tenientes generales Kesago Nakajima, Heisuke Yanagawa y Hisao Tani fueron expresamente condenados por alentar y/o permitir las violaciones además de las matanzas. Como decíamos, se trata de la única condena expresa por agresión sexual en tiempos de guerra de un tribunal internacional.

¿Por qué? No cuestionaré la importancia de esos factores culturales genéricamente denominados “patriarcado”. Sin embargo, lo cierto es que no sólo las violaciones quedan invisibilizadas cuando se juzgan delitos de guerra. El hecho de que la mayoría de estos terminen en asesinato suele centrar las investigaciones en determinar el número e identidad de las víctimas mortales. La inercia conduce al segundo plano las propias experiencias de los asesinaos anteriores a su muerte y a las víctimas supervivientes que, sobre todo, se convierten en testigos.

“En los Juicios de Tokio, el general, Iwane Matsui, y los tenientes generales Kesago Nakajima, Heisuke Yanagawa y Hisao Tani fueron expresamente condenados por alentar y/o permitir las violaciones además de las matanzas”

En la actualidad se trabaja precisamente en tomar conciencia de la importancia de visibilizar en los documentos oficiales de denuncia y de condena los crímenes contra la libertad sexual en tiempos de guerra. Cuanta más atención les prestamos, más descubrimos acerca de la faceta tétrica del ser humano. Si bien las víctimas en su amplísima mayoría son mujeres, también encontramos agresiones pedófilas y homosexuales. Las víctimas de estas últimas suelen sentir una mayor vergüenza a denunciar.

Ya hemos visto que Stalin veía en la violación una recompensa para sus soldados. A menudo, se considera una forma de castigar a mujeres, baste con recordar la alocución del general Queipo De Llano durante la Guerra Civil española:

“Estas comunistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.

A menudo se degrada a la mujer por partida doble, ya que la violación se convierte en un instrumento para humillar al marido, hermano o padre. Especialmente, en culturas tradicionales, se recalca así el fracaso de los hombres de tal grupo étnico o pueblo para proteger a sus mujeres, obligándoseles a menudo a presenciar las agresiones. Esto puede llegar a extremos grotescos, como cuando el coronel Gadafi repartió viagra entre sus tropas para aumentar “su poder de violación” cuando marchaban contra la región rebelde de la Cirenaica en 2011.

“Si bien las víctimas en su amplísima mayoría son mujeres, también encontramos agresiones pedófilas y homosexuales”

Pero incluso estos horres pueden superarse. En la guerra de Yugoslavia o en el genocidio de Ruanda se documenta una modalidad especialmente sádica de crimen en que se obliga a un hijo a violar a su madre.

Los crímenes de guerra contra la libertad sexual son ya un hecho en Ucrania. No sólo sus instituciones las denuncian. La cuestión está más bien en determinar su número y la responsabilidad de los mandos del gobierno ruso.