Dicen que por un clavo se perdió un reino. La expresión viene a recordar la importancia de los detalles, pues descuidarlos suele ser causa de grandes males.

En noviembre de 2020 conocíamos que habría una «estrategia única de vacunación», diseñada «por un grupo de expertos multidisciplinar en el que se incluyen expertos de las Comunidades Autónomas, del Consejo Interterritorial o de bioética».

Parecía que el Ministerio se había puesto las pilas, que las Autonomías, aún las más díscolas, habían entendido la necesidad de ir todos a una y que los expertos eran de verdad competentes para orquestar una vacunación masiva.

Hoy sabemos que, más allá de la falta de vacunas, la estrategia deja mucho que desear. La eficiencia está en los detalles y, sinceramente, los estrategas no han sido muy detallistas.

Por ejemplo:

 

1.- Dos dosis, dos

Se necesitan dos dosis para asegurar la eficacia de las vacunas actuales. Es lo que dicen las investigaciones y las guías oficiales. Por eso es lógico reservar una segunda inyección para cada persona a la que se ha puesto la primera. No podemos ignorar esa premisa, dado que no poner en tiempo y forma la segunda, por lo que sabemos, puede tener efectos indeseables, como fracaso en la inmunización o aumento de mutaciones resistentes a la vacuna. Esa previsión debería haber sido común en toda España. No lo ha sido. El resultado es que un número indeterminado de compatriotas pueden completar la vacunación fuera de plazo. Jugar a la ruleta rusa con la eficacia vacunal, cuando el envite son vidas, tiene difícil justificación.

 

2.- Una de jeringuillas

Las dosis a administrar de cada modelo de vacuna (0.03 o 0.05 ml) se sabían. Como se sabe que, para cualquier inyección, según el volumen y vía, hay que usar un tipo u otro de jeringa.

A primeros de enero se difundía la guía para la VACUNACIÓN COVID-19. En ella, Sanidad reconoce, a pie de página, que “es posible obtener 6 dosis cuando las dosis individuales se preparan con jeringas sin espacio muerto”. Con material adecuado, 6 vacunas por vial en vez de 5. En enero. Semanas después de programar la estrategia de vacunación. Estrategia que debería haber incluido, con precisión, el mejor aprovechamiento de los viales. Estrategia que debería incluir instrucciones para aprovisionarse del material necesario para ese buen aprovechamiento.

El tipo de jeringuilla a usar no puede ser una nota a pie de página. Los protocolos deben incluir todo y no limitarse a decir, como a Lázaro, descongela y anda.

 

3.- Otra de jeringuillas

Nuestro país es un gran productor de este artículo. Tenemos una factoría en Huesca que ha producido más de 500 millones de unidades, pero España apenas le ha comprado un 5%, marchando las demás a países que hicieron antes y mejor sus deberes.

Antes de noviembre de 2020, Gran Bretaña había comprado 65 millones de unidades, Estados Unidos 330 millones, Canadá 105 millones, etc.

La imprevisión ha llevado a situaciones tristes, como ver a las Comunidades ¡en enero! a la caza y captura de las jeringas, y a situaciones ridículas, con el consejero andaluz diciendo que el déficit de jeringuillas correctas hacía que quedase «un culillo» que no se aprovechaba. Teniendo en cuenta que el culillo supone vacunar a un 15% más de población, más que culillo es culazo. Con perdón.

 

4.- Las sobras

Cuestión de matemáticas. De cada vial, según la jeringuilla que se use, es posible sacar 5 o 6 dosis. Si en una residencia se van a vacunar 33 mayores, se haga la cuenta que se haga, sobra vacuna. Pero no se contempló qué hacer con las dosis sobrantes. Que no se deberían tirar. ¿Qué hacer entonces? ¿A quién citar para administrar lo sobrante? No se pensó. Es más, sospecho que se pensó en desechar y que más de un culillo y de dos se habrán ido por el desagüe.

Tenemos unas vacunas muy especiales en cuanto a producción y distribución. Cuestan dinero y, sobre todo, son necesarias. ¿Cuántas se habrán perdido?

 

5.- Los aprovechados

Unos porque «sobraban dosis y se iban a tirar», cosa que es verdad, otros porque «yo entro dentro del protocolo, no he hecho nada malo», el caso es que muchas y muchos españoles -cientos y cientos- han recibido una primera dosis cuando no correspondía. Mal por su parte. Peor por quien tenía la responsabilidad de elaborar guías estrictas, prevenir que se saltasen las reglas y estipular los lógicos correctivos. Y peor aún por los iluminados que dicen que no hay que ponerles la segunda dosis. De hecho, en varias Comunidades no se ha puesto. Debe de parecerles que hemos desperdiciado pocas y pretenden desperdiciar más. Poniendo de paso en riesgo a la sociedad, porque la vacunación incompleta puede generar resistencias, como se ha dicho. Se les puede poner una multa o que hagan trabajos comunitarios. Pero sumar a su pecado un segundo error solo sirve para hacer daño a todos.

 

6.- La escasez

Las vacunas escasean. La Unión Europea no ha sabido amarrar bien los compromisos y las farmacéuticas se venden, sin pudor, a don dinero. Pero hay un detalle que indica que España podría haber recibido menos dosis de vacunas que otros países. Es la conclusión ante la información del telediario de TVE1 (27-1-21) según la cual España ha administrado las dos dosis de vacuna al 0,26% de la población, frente al 0,37% de Italia o al 0,34% de Francia. Se podría pensar que tenemos las vacunas, pero no se han puesto. Idea poco realista cuando, en paralelo, hasta 10 Comunidades anuncian que peligra la vacunación por no tener suministro. Europa ha fallado y las farmacéuticas hacen lo que quieren. Pero, puesto que todos comenzamos al unísono, las diferencias entre España e Italia o Francia no las explica Europa.

 

Dos apuntes más.

Primero: en las actuales circunstancias sanitarias, la obligación de políticos, asesores y demás gallifantes es hacerlo bien. Mejor dicho, es buscar lo perfecto. Lo que no parece ser un estándar de trabajo para ellos.

Segundo: como médico estoy habituado a la revisión de historias clínicas. Cuando ocurre un evento curioso o adverso, un accidente quirúrgico o la muerte de una paciente, se revisa su historia. A posteriori, sí. Para tratar de identificar fallos y corregirlos de cara al futuro. Al Ministerio se le pidió esta revisión hace meses. Pero ni se hizo ni hay perspectivas de que se haga. No cuando los dirigentes políticos, de todas las ideologías, se dedican a explicar lo bien que lo han hecho; lo bien que lo hacen. Y lo bien que se adapta su cuerpo al sillón oficial.

En febrero, con la entrada de nuevas vacunas, ¿se hará bien o se volverá a tropezar en las mismas piedras?

 

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