La comprensible y desmedida alarma social que la Declaración Unilateral de Independencia provocó en los sectores más cercanos (y serviles) al nacionalismo español en su expresión más exaltada hizo que las opiniones se adelantaran a los hechos a la hora de calificar a los miembros del Govern de la Generalitat que se embarcaron en una huida hacia delante sin sentido para provocar una situación de inestabilidad política en Catalunya y en España, como golpistas y delincuentes contra la Constitución, entre otras lindezas propias de quien no está acostumbrado a la desobediencia y a que le lleven la contraria.

La división entre golpistas y constitucionalistas (esta última palabra, en mi opinión, una de las que más daño ha hecho a la convivencia entre españoles y que más ha erosionado la vida política española, puesto que da a entender que la misma Constitución, que ampara que todos los partidos políticos expresen sus ideas, no es “constitucionalista”) se dio por parte de políticos, influyentes miembros de la sociedad civil y, lo que es peor, entre periodistas.

Después de que prestigiosos periódicos de ámbito nacional como El Mundo o El Confidencial publicaran el sábado 12 de Octubre, Día de la Fiesta Nacional, una filtración de la sentencia del juicio del Procés, en la que se aseguraba que los jueces encargados de dicha sentencia, con Marchena a la cabeza, habían desestimado las acusaciones de Rebelión de la Fiscalía del Estado y habían optado por los cargos de Sedición, Malversación y Desobediencia, tal y cómo la Abogacía del Estado (parece que sabiamente) propuso, la precocidad de los supuestos constitucionalistas que han pasado los últimos dos años obviando la presunción de inocencia y despreciando el papel de la Justicia Española mientras compartían intervenciones del magistrado Marchena en el juicio convertidas en memes de Twitter, ha resultado, por si había alguna duda, del todo desacertada.

Lo bueno y lo malo del papel, o de la publicación digital de las palabras de uno, es que dura mucho más que las opiniones vertidas en alto en cualquier barra de bar. Quedan a la disposición de los ciudadanos y lectores interesados docenas de artículos en ciertos medios de comunicación (casi todos), firmadas con nombre y apellidos, en los que periodistas, expertos en la materia jurídica y opinadores profesionales se aventuraban a adivinar las resoluciones del juicio más importante en los últimos treinta años en nuestro país.

Ante la (una vez seguido el juicio sin dejar lugar al dogmatismo) respuesta moderada del grupo de magistrados que debían resolver acerca de las actuaciones de los políticos independentistas y líderes de la sociedad civil como Sánchez y Cuixart, esos profesionales de la adivinación, más próximos a la sección de Horóscopos que a verdaderos analistas políticos o a periodistas habituados a cubrir la sección de Tribunales, se han arrepentido de sus loas a Marchena y a los demás jueces encargados de llevar el juicio y han sacado la artillería pesada de hipocresía y desconfianza ante el poder judicial que esperáramos quienes somos habituales de la moderación y/o reacios al desprestigio profesional por lanzar opiniones precipitadas.

Los artículos dominicales de algunos de los periodistas más respetados del país en según que ámbitos ideológicos han resultado piezas que hasta han hecho que figuras relevantes en redes sociales del mundo de la abogacía como el twittero Tsevan Rabtan se desmarquen de articulistas de medios afines directamente o, indirectamente, de articulistas que escriben en el medio en el que este jurista ha publicado varios artículos de seguimiento al juicio. Estos artículos ponen en juicio la independencia del poder judicial, asumen el intervencionismo de Sánchez y Dolores Delgado en los magistrados -Abogacía del Estado mediante- y la idoneidad de una sentencia cuanto más dura mejor en términos políticos. Una actitud que entronca, realmente, con una visión antisistema para con la democracia española y la Constitución que tanto dicen defender.

La Fiscalía del Estado, otro de los totems del -mal llamado- constitucionalismo mediático español, con el Fiscal Zaragoza a la cabeza, sería una institución cuya imagen quede dañada a nivel nacional e internacional en base a sus acusaciones de Rebelión. Sobre todo después de que llegue a la opinión pública que sin esos cargos de rebelión imputados por la Fiscalía los políticos presos hubieran podido tomar posesión de sus cargos públicos sin problema ninguno. Este último hecho puede poner en duda la imparcialidad o poca profesionalidad de los fiscales designados para llevar la causa. Un revés que la democracia española no se merece.

El análisis de daños del Procés y la sentencia para nuestro país requiere de tiempo y de visión de estado, tanto de nuestros políticos como del pueblo español y, sobre todo, del pueblo catalán. Estemos más o menos de acuerdo con lo que ha sucedido, uno de los puntos de acuerdo común debería ser que las formas han marcado, para mal, los dos últimos años por parte de unos y de otros. Que, a pesar de la publicación de la sentencia, sigamos utilizando un lenguaje de confilcto, que los CDR hayan cortado las vías de AVE una vez conocida la sentencia, que haya quién menosprecie los 13 años de cárcel a los que ha sido condenado Junqueras y ponga el foco en si van a salir los fines de semana o no dentro de tres años.

Si algo haría que la categoría del debate público alrededor del tema catalán subiera de nivel sería centrarse en debatir aspectos que tengan que ver intrínsecamente con las 500 páginas de sentencia. Esto supondría, claro, que unos y otros dejaran de opinar desde la exaltación y lo hicieran desde el rigor.

Los políticos independentistas recurrirán ante instancias internacionales y todos los que se han opuesto firmemente a cualquier tipo de concesión al independentismo deberían celebrar que Marchena haya liderado un equipo de jueces que buscaran un consenso dentro de la legalidad. Nada hubiera sido tan perjudicial para la imagen de España en el exterior como que se aceptaran a trámite presuntas irregularidades en el funcionamiento de nuestra justicia. Hay quien no ha podido entender que vivimos dentro de un marco común internacional y que no podemos imponer nuestra visión a los demás como quien aplasta un insecto.

https://www.youtube.com/watch?v=1pwrbUaa_PI

Siempre es interesante recordar el monólogo sobre la justicia que Tarantino cuela en The Hateful Eight, pero en este caso es más relevante que nunca. “La justicia impartida con emociones, siempre está en riesgo de dejar de ser justicia”.

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