Un análisis del conflicto entre Rusia y Ucrania exige de superar los relatos partidistas del Kremlin y de la OTAN. No es que no contengan elementos de verdad, pero ambas versiones se narran desde la épica. Sea la lucha del Estado Nación por su seguridad y soberanía, sea la defensa de la democracia. La realidad es bastante prosaica y economicista.

Según el gobierno ruso, la entrada de Ucrania en la OTAN supone una intolerable amenaza para su seguridad. En concreto, se repite que desde el territorio ucraniano, los misiles (nucleares) de medio y largo tendrían a tiro Moscú en poco más de cinco minutos. En otras palabras, el sistema de defensa ruso no dispondría de tiempo para interceptarlos antes de que impactaran en el Kremlin.

“Según el gobierno ruso, la entrada de Ucrania en la OTAN supone una intolerable amenaza para su seguridad”

Este argumento ha calado entre los variopintos simpatizantes de Putin fuera de sus fronteras. Tanto los derechistas nostálgicos de un líder nacionalista, como los izquierdistas anti OTAN, afirman que el señor del Kremlin sólo defiende la seguridad y la soberanía de su país.

Lo que pasa es que este argumento de la seguridad pierde algo de fuelle si prestamos atención a un detallito: ¡la OTAN ya tiene frontera terrestre directa con Rusia!

Técnicamente desde la fundación de la Alianza Atlántica en 1949, ya hay ese contacto directo con en la pequeña frontera ruso-noruega. En 1999, la entrada de Polonia amplió esa frontera en el enclave ruso de Kaliningrado en medio del Báltico. De acuerdo, aún era una frontera menor, pero es que desde 2004, son miembros de la OTAN Estonia y Letonia, con su prolongada frontera con Rusia.

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En azul, países miembros de la OTAN.

Si la OTAN quisiera atacar Moscú, ya lo tiene a tiro desde el Báltico. De hecho, lo tiene más cerca que desde hipotéticas bases en Ucrania. Eso por no hablar de San Petersburgo, Vólgda o las bases navales árticas de Arcángel y Múrmank. Infinitamente más próximas a Noruega, Estonia y Letonia que Ucrania.

Merece la pena añadir que la frontera terrestre directa es sólo importante hasta cierto punto. La marina, los submarinos y la aviación disponen de capacidad para disparar misiles y rutas para aproximarse al rival, en especial a través del Ártico. Como ya se previó durante la Guerra Fría, Canadá, Alaska y Groenlandia serían los principales puntos de lanzamiento de armamento de destrucción masiva contra Rusia en caso de una guerra a gran escala. Lo mismo que los misiles rusos despegarían desde silos siberianos. Y es que, contra lo que digan los terraplanistas, nuestro planeta es redondo.

tensiones Rusia Occidente acentúan aislamiento KaliningradoHoy, como en la Guerra Fría, resulta altamente improbable que alguien tenga en mente desatar un Armagedón nuclear. En 2019 la Universidad de Princeton realizó un estudio analizando el escenario de un ataque ruso contra las bases de la OTAN en Europa. Entre ataque y contraataque, dentro y fuera del suelo europeo, en apenas 5 horas habría 91’5 millones de muertos. Y ese escenario me da que no le interesa a nadie.

No obstante, el fantasma de un conflicto a gran escala tiene un grandísimo valor político-propagandístico. Agita el patriotismo contra el enemigo externo en torno al líder interno. Nada hay de casual, en que EE.UU. y Rusia llevan dos décadas jugando a la hostilidad. En 2002 G.W. Bush retiró a Estados Unidos del Tratado de Misiles Antibalísticos. Cinco años más tarde, Putin anunció que el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio ya no respaldaba los intereses rusos. En 2015 Moscú salió también del Tratado de Armas Convencionales.

«En […] el escenario de un ataque ruso contra las bases de la OTAN en Europa […] en apenas 5 horas habría 91’5 millones de muertos»

Semejante hostilidad, sin embargo, no significa que estas potencias se preparen seriamente para una guerra a gran escala. Buena muestra de ello, por ejemplo, es que EE.UU. ya ha reconocido (con la boca pequeña, claro) su dependencia defensiva de satélites de alta frecuencia avanzada (AEHF en inglés). Sin embargo, no tiene entre sus prioridades modificar ese sistema. De hecho, sigue conservándolos como una pieza clave del famoso escudo antimisiles de la OTAN.

¿Por qué? Pues porque el riesgo de guerra a gran escala es muy bajo y, en cambio, los contratos a la industria de defensa se han convertido para EE.UU. en una vía indirecta para desplazar ingentes cantidades de dinero público al sector privado, sin acudir a las subvenciones y esquivando molestos controles nacionales e internacionales de competencia desleal en el mercado. De modo que ante todo es prioritario alimentarla, luego ya la irán actualizando. Siempre lo acaban haciendo.

 «el riesgo de guerra a gran escala es muy bajo»

¿Y Rusia? ¿Si no es por seguridad cuál es el problema de Rusia en Ucrania? Cuando la URSS se derrumbaba, Gorbachov tuvo una idea bastante interesante: que la URSS dejara de ser un país y se convirtiera en una organización internacional como la UE. Si el fallido golpe de Estado de 1991 no hubiese precipitado su salida del poder, muy probablemente Bielorrusia y Ucrania habrían firmado ese tratado internacional.

Como Presidente ruso, Boris Yeltsin estuvo más preocupado por desembarazarse de Gorbachov que por mantener de algún modo relaciones estrechas con los países del antiguo Pacto de Varsovia. Bien es verdad que eso no habría sido fácil, Estonia, Letonia y Lituania, como Hungría y la República Checoslovaca, sencillamente, no querían saber nada de Rusia, a la que veían como la nación que los había tiranizado casi medio siglo. Las perspectivas en Rumanía y Bulgaria tampoco eran muchos mejores. Aunque sin duda una vía diplomática más activa en su mano izquierda habría sido mejor que la inacción de Yeltsin.

Lugares que no existen – Transnistria – FronterasSu sucesor Putin optó desde el primer momento (2000) por la mano de hierro. En Moldavia redobló la presión sobre el frágil gobierno de Chisinau, mediante el lobby político ex soviético. Al mismo tiempo, apoyó descaradamente a la región rebelde de Transnistria.

Estrechó lazos con Lukashenko y reforzó la posición naval rusa en Sebastopol, ciudad que, pese a estar en Crimea, conservaba un status político especial. Casi era territorio ruso.

En el Cáucaso reprimió brutalmente a los chechenos con la excusa de combatir el terrorismo. En 2011, ocupó militarmente Osetia del Sur y Abjasia, que se habían independizado unilateralmente de Georgia.

Volviendo a Ucrania, este país le dio un disgusto en 2005. En medio de unas elecciones polémicas por partida triple, llegó a la Presidencia de Ucrania, Yúshchenko, primer líder del país partidario de alejarse de Moscú y aproximarse a la UE. Durante la campaña electoral lo habían estado envenenando y casi de milagro no lo matan. Quién intentó asesinarle nunca se ha demostrado, pero todo apunta al servicio secreto ruso.Reconocimiento internacional de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur  - Wikipedia, la enciclopedia libre

La guerra del gas bloqueó todos los intentos de Yúschenko para acercarse a la UE, haciendo que los ucranianos pasaran frío, literalmente. En paralelo, se incentivaron las tensiones entre la población étnicamente ucraniana y los ucranianos-rusos. En esto Putin contó con la ayuda entusiasta de sus supuestos enemigos: la ultraderecha ucraniana.

Tras el duro desgaste sufrido por Yúschenko, en 2010, la presidencia volvió a manos de un destacado pro-ruso, Yanukovich. En 2013 las protestas de la plaza Midán, pidiendo la libertad de Ucrania para tratar con la UE, terminaron con forzando a Yanukovich a abandonar el país entre acusaciones de fraude electoral, una fuerte crisis económica y acusado de perseguir políticamente a miembros de la anterior administración, como la ex Primera Ministra, Yulia Timoshenko. Desde entonces Yanukovich reside en Rusia.

La respuesta de Moscú no se hizo esperar. Un año después el gobierno autónomo de Crimea, pro-ruso, proclamó unilateralmente su independencia. Rusia reconoció a Crimea como Estado independiente y ocupó militarmente la península. Dos días después se celebró un referéndum de adhesión a Rusia que se ganó por el 80% de los votos.

La cortina de humo de PutinAdemás de Crimea, las regiones de Lugansk y Donetsk, también étnicamente de mayoría rusa, proclamaron su independencia. Se estima que desde 2014 reciben ayuda militar rusa contra el ejército ucraniano. Esta consiste tanto en ayuda material, como seguramente de soldados.

En los últimos años muchos padres y viudas de soldados rusos han recibido una carta que informa que su hijo o esposo falleció en un accidente durante unas maniobras. No se permiten autopsias y a menudo el cadáver no es entregado. Y es que muchos de tales «accidentes» seguramente sean en realidad bajas de guerra en Lugansk y Donetsk, donde Rusia niega oficialmente cualquier despliegue militar.

«muchos de tales «accidentes» seguramente sean en realidad bajas de guerra en Lugansk y Donetsk»

¿Por qué no se anexionado Rusia Lugansk y Donetsk como Crimea? Porque no puede. Y no me refiero al aspecto militar. Ahí apenas encontraría obstáculos. Lo que ocurre es que cuando se anexionó Crimea, Rusia se comprometió a pagar las pensiones de los jubilados crimeos. Lugansk y Donetsk son regiones demasiado poblados e integrarlas en Rusia haría saltar por los aires el sistema de pensiones del país.

Después del zarismo, la URSS y las dos décadas de Putin, poco puede sorprender que los países de Europa del Este sólo se mantengan en la esfera de Rusia cuando se ven subyugados por la fuerza. A la mínima que pueden, el resentimiento histórico contra la superpotencia les hace mirar hacia Washington y Bruselas.

«¿Por qué no se anexionado Rusia Lugansk y Donetsk como Crimea? Porque haría saltar por los aires el sistema de pensiones del país»

¿Qué creen en el Kremlin que ocurrirá si un día cae el régimen de Lukashenko en Bielorrusia? Aunque por proximidad cultural y geográfica, lo más lógico es que Bielorrusia desee mantener buenas relaciones con su elefantiásico vecino, probablemente los bielorrusos tarde en perdonar a Moscú haber sostenido a su dictador.

No es que Putin sea el único líder de una superpotencia que trata a países más débiles como protectorados coloniales. De hecho, lo que le ha ocurrido a Rusia en el Este de Europa a medida que han ido cayendo los gobiernos sino títeres, fuertemente influenciados por Moscú, es lo que ocurre en muchos países Latinoamericanos cuya política exterior se imbuye de un poderoso sentimiento antiestadounidense, por el trato que ese país les ha dispensado.

¿Cuál es realmente el temor de Putin? Perder Ucrania, ya no en el sentido político ni militar, sino desgajándola definitivamente de la esfera económica rusa en favor de la europea supone un duro golpe para su ya maltrecha económica. Pues, aunque las macrocifras rusas parecen envidiables, por ejemplo, el país tiene un vasto superávit, este no ha hecho nada más que caer los últimos cinco años. Y su balanza de pagos anual empeora desde hace siete años que presenta datos peores que los del anterior.

«¿Cuál es realmente el temor de Putin?»

Hasta ahora Putin siempre ha salvado su elección como Presidente por márgenes que no permiten albergar dudas sobre su rotunda victoria. Sin duda, esto de encarcelar a algunos candidatos de la oposición le ha facilitado un poco las cosas, pero no nos engañemos, su popularidad persona era incuestionable. Sin embargo, esto podría estar cambiando. Hace pocos meses Rusia celebró unas elecciones legislativas. Por supuesto estaban trucadas y la oposición nunca podría haberlas ganado, pero la participación fue catastrófica. Por primera vez desde su segundo año en el Kremlin, su popularidad entre los rusos dista de ser unánime.

El enemigo externo, el orgullo nacional, la supuesta amenaza a la soberanía siempre ayudan en esto. También el miedo a la guerra tiende a reavivar el amor al líder. Ahora bien, necesitará algún éxito.

Ni es sus sueños más húmedos puede Putin imaginarse echando a la OTAN de Rumanía y Bulgaria, como ha pedido su ministro de Exteriores. Probablemente, logre un acuerdo acerca de los misiles que se puedan instalar en Ucrania. Ahí nadie estaría en contra, ni la propia OTAN.

«Ni es sus sueños más húmedos puede Putin imaginarse echando a la OTAN de Rumanía y Bulgaria»

Otro éxito al alcance de su mano sería arrancar al gobierno de Kiev un compromiso de garantizar ciertos derechos a la población ruso-ucraniana. Algo que, por cierto, no estaría mal, ya que es población viene sufriendo el odio étnico de sus vecinos y sus políticos. A Putin una jugada así le permitiría presentarse como un protector de los rusos más allá de sus fronteras.

Tal vez, el mejor de los mejores escenarios posibles, sería lograr un reconocimiento bilateral de la situación problemática de Donetsk y Lugansk, creando un órgano de observación conjunto entre Moscú y Kiev similar al que existe entre Moldavia y Rusia sobre Transnistria. Cualquier de estos escenarios, al menos en el interior permitiría a Putin mantener su imagen de gigante político y padre de la patria.