Se dice mucho que los musulmanes fundamentalistas, como los talibanes, imponen la sharía. A veces, los expertos refrendan este mensaje y describen la sharía como una ley antigua del S VII. Le pregunto al lector ¿cómo imaginas la sharía? ¿Un compendio de costumbres, normas y principios? ¿Un listado de fragmentos del Corán? ¿Un código como los que pusimos de moda en la Europa continental?

Ninguna de esas imágenes se aproxima a la sharía. Porque, de hecho, no existe un consenso acerca de qué es la “sharía. Una definición de diccionario pasaría por describir la sharía como un conocimiento de origen divino que conduce a la verdadera justicia. Concretarla mucho más allá resulta difícil. El Corán es bastante impreciso en este punto.

“¿cómo imaginas la sharía? ¿Un compendio de costumbres, normas y principios? ¿Un listado de fragmentos del Corán?”

Los teólogos musulmanes no tardaron en encontrarse con el mismo dilema que habían conocido los cristianos y los judíos. Como la Biblia o la Torá, el Corán no puede cumplirse literalmente. Leídos al pie de la letra, algunos de sus pasajes se contradicen con otros. Además abundan en el texto expresiones demasiado vagas, como ocurre con la sharía.

Sorprendentemente, o quizás no tanto, en las tres religiones se observa el mismo fenómeno: las corrientes más ortodoxas o radicales exigen la lectura más literal posible y las más progresistas abogan por una interpretación simbólica del texto. En el islam, la escuela Hanabalí, representa la primera corriente más fundamentalista. Con el tiempo de ella surgirán el Wahabismo, línea religiosa oficial de Arabia Saudí; y, más adelante, el salafismo que conforma el pensamiento de Al Qaeda, Daesh, los talibanes y los fundamentalistas de nuestros días. Como máximo exponente de la moderación y la apertura, está la escuela Hanafí, mayoritaria en el mundo musulmán, aunque ningún gobierno la oficializa.

“en las tres religiones se observa el mismo fenómeno: las corrientes más ortodoxas o radicales exigen la lectura más literal posible y las más progresistas abogan por una interpretación simbólica”

Lo curioso en lo tocante a la sharía es que se invierten los papeles. Los hanafíes defienden una lectura literal: sharía es un ideal de justicia al que el ser humano puede acercarse pero sólo Alá lo conoce. De hecho, para algunos teólogos de esta y otras corrientes moderadas, creerse en conocimiento de la sharía es un pecado de asociacionismo. ¿Asociacionismo? En occidente ya no nos suena mucho, pero se trata del más grave de los pecados para las tres religiones monoteístas: asociarse a Dios. Creerse Dios o bien en posesión de sus poderes o conocimiento.

Por el contrario el hanbalismo hizo una excepción para interpretar muy imaginativamente el Corán. Básicamente acabó igualando la noción de sharía con la fiqh, derecho basado en tradiciones y costumbres a menudo anteriores a Mahoma. A veces, se traduce fiqh como “jurisprudencia”, lo que no resulta demasiado acertado, ya que la “jurisprudencia” del fiqh es un concepto distinto al de sentencias judiciales que tenemos en occidente.

sharía es un ideal de justicia al que el ser humano puede acercarse pero sólo Alá lo conoce”

Llama la atención la tendencia del hanbalismo por seleccionar como correctas las normas más crueles, incluso al coste ignorar pasajes del mismo Corán y de la Constitución de Medina, el texto jurídico más completo y específico de Mahoma. Sólo citaré los ejemplos más visibles.

La Constitución de Medina consagra un régimen de tolerancia religiosa. Los demás grupos religiosos, prescribe, deben gozar de los mismos derechos civiles y políticos que los fieles, siempre que no se rebelen al gobierno islámico. Con el tiempo será reformada por el Profeta que incluyó preceptos antisemitas. Inicialmente, los musulmanes rezaban mirando a Jerusalén, pero esto cambió a medida que Mahoma comprendió que los judíos jamás le reconocerían como el Mesías.

“La Constitución de Medina consagra un régimen de tolerancia religiosa”

El Corán deja entrever que los pueblos del Libro compartimos un mismo Dios, sólo que judíos y cristianos le han mal interpretados, somos “como burros cargados con libros”. De ahí que la convivencia sea posible.

Es verdad que el Corán prescribe cortar manos “al ladrón y a la ladrona”. Esta pena es anterior al islam. Ahora bien, los hanbilistas y sus sucesores radicales siempre se han saltado los pasajes del libro sagrado y las declaraciones legales del Profeta relativos a la Diya.

“los hanbilistas y sus sucesores radicales siempre se han saltado los pasajes del libro sagrado […] relativos a la Diya

Mahoma parte de la Qisas, la ley del talión, ojo por ojo, diente por diente. Sin embargo, aminora su rigor a través de la diya o “dinero de sangre”. El homicidio, las lesiones y daños a la propiedad podían conmutar la pena capital o física indemnizando a la familia de la víctima. Pagando por la propia vida, especialmente, cuando se trataba de delitos imprudentes.

Más o menos, la misma ignorancia, dispensan a los derechos de las mujeres. Las feministas musulmanas creen que el Corán puede inspirar la igualdad entre hombre y mujeres. Por supuesto, no desde una lectura literal, donde se consagra una visión desigual de la mujer. Pero no es menos cierto que en el contexto del S VII, Mahoma concede derechos muy importantes a las mujeres: límite de poligamia a cuatro, prohibición de que la mujer sea obligada a trabajar para que el marido cobre su sueldo, derecho de la esposa a disfrutar de la dote que su familia dio al matrimonio como bien propio, luego derecho a administrar el dinero… No hay ninguna prohibición de las mujeres para estudiar. De hecho, una cuñada de Mahoma era cirujana. Esta corriente feminista toma de estos cambios revolucionarios en el S VII, una fuente de inspiración para reivindicar sus derechos en nuestros días.

“Las feministas musulmanas creen que el Corán puede inspirar la igualdad entre hombre y mujeres”

No soy un ingenuo. Con el fanatismo es muy difícil razonar. Sea por motivos auténticamente religiosos o por su vivencia en la tradición social, parece evidente que hay y habrá tensiones entre culturas tan diferentes como las occidentales y las musulmanas cuando convivan. No soy buenista. Las utopías me dicen poco. Todas las utopías. Por eso, tampoco creo en soluciones mágicas basadas en deportaciones masivas o muros infranqueables. Me gusta mirar a las cosas como son. De ahí que, más allá de las dificultades en el camino, veo, sinceramente, en el islam potencial para ser una confesión religiosa compatible con el sistema de valores liberales. Bien lo muestran las interpretaciones más humildes de la sharía.

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