Desde hace una semana, este acrónimo de tres letras se ha hecho bastante famoso, aunque no precisamente popular. «PAC» son las siglas de Política Agraria Común. Se trata de todas las normas y proyectos que, desde 1962, Bruselas desarrolla a nivel agrícola y ganadero.

“«PAC» son las siglas de Política Agraria Común.”

Las políticas agrícolas, por tanto, anteceden a la fundación formal de la moderna Unión Europea, establecida por el Tratado de Maastricht (1992) y configurada por el Tratado de Lisboa (2009). Estas empezaron a gestarse en la época de la Comunidad Económica Europea, pero, como todo lo relativo a la integración europea, la PAC experimentó una gran transformación con la aparición de la UE. No obstante, siempre ha mantenido los mismos dos grandes objetivos:

  • Sostenibilidad del sector agrícola y ganadero.
  • Soberanía alimentaria.

En pocas palabras, la PAC ha perseguido que Europa sea capaz de abastecerse de alimentos, sin depender de importaciones extracomunitarias. Esto requiere por tanto de alcanzar unos mínimos de cantidad producida.

“la PAC ha perseguido que Europa sea capaz de abastecerse de alimentos”

La noción de sostenibilidad entronca con la prevención de la sobrexplotación de los recursos. En principio, esta previsión no deja de integrar implícitamente la soberanía alimentaria. Si sobrexplotamos los recursos sin darles tiempo a que se regeneren parece evidente que la soberanía alimentaría se perderá.

Desde los años 90, sin embargo, la PAC ha experimentado las siguientes reformas en 1992, 2003, 2009 y 2013. Mediante estas sucesivas reformas, se han tratado de corregir algunos de los defectos históricos de la PAC, como que la sean los grandes propietarios de tierras, quienes reciban casi el 80% de las ayudas. Esto se consiguió desligando las ayudas de la productividad cuantitativa.

“La noción de sostenibilidad entronca con la prevención de la sobrexplotación de los recursos”

Aunque esto debería haber beneficiado a los pequeños agricultores, la burocratización de las ayudas y el peso de Agenda Ecológica ha terminado por enfurecer al campo, tanto al de pequeños como al de grandes productores. Claro está, los primeros se llevan la peor parte.

Junto a estas grandes reformas legales, hemos de tener en cuanta que la PAC se concreta en una serie de Planes Estratégicos de duración determinada. El actual se inició en 2023 y se ha previsto su conclusión para 2027. Precisamente, ahora se está preparando el siguiente Plan Estratégico. Por eso, además de por la inminencia de las elecciones al Parlamento Europeo este junio, agricultores y ganaderos tratan de presionar las autoridades para modificar algunos aspectos de la PAC.

“la PAC se concreta en una serie de Planes Estratégicos […] El actual concluye 2027. Precisamente, ahora se está preparando el siguiente”

En concreto, los agricultores ven como un agravio comparativo las políticas de la Agenda Verde que limitan el uso de pesticidas, de transgénicos, de ciertos combustibles en maquinaria e inclusive del número de cultivos, mientras se permite a la importación de alimentos desde países donde no rigen estas restricciones. ¿Acaso no hay un coste añadido del importador? Bueno, en realidad sí, pero se trata de un arancel relativamente modesto.

Decimos “relativamente modesto”, porque mientras los pequeños agricultores de esos países tampoco pueden costearse la exportación de productos a Europa, las grandes compañías sí pueden comprar el producto a granel por un precio injusto. Sus recursos les permiten pagar los gastos aduaneros y gravámenes extras de esos productos y, pese a ello, venderlos a un precio más barato que el producto local en los supermercados europeos.

“la Agenda Verde que limitan el uso de pesticidas, de transgénicos, de ciertos combustibles […], mientras se permite a la importación de alimentos desde países donde no rigen estas restricciones”

No olvidemos que el uso de determinados pesticidas o transgénicos facilita la resistencia de las plantaciones a la sequía, el frío o las plagas. En contraste, la agricultura ecológica es mucho más sensible a todos estos fenómenos, de modo que una plaga o una helada causa daños mucho más sustanciales en la producción.

El abastecimiento de nuestro mercado únicamente con productos ecológicos dispararía los previos o directamente nos llevaría al desabastecimiento cada vez que las inclemencias de la naturaleza echaran a perder una cosecha.

“el uso de determinados pesticidas o transgénicos facilita la resistencia de las plantaciones a la sequía, el frío o las plagas”

Gran parte de los supuestos éxitos que los países de la UE exhibimos en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero se deben a la deslocalización industrial y de la producción. Sin ánimo de caer en críticas simplistas, esto es hacerse trampas al solitario. Por no hablar de que producir fuera e importar, implica una contaminación adicional en términos de transporte.

Sin embargo, la sensibilidad ecologista de buena parte del electorado europeo mantiene la persistencia de la clase política en adoptar medidas ecologistas o, al menos, que lo parezcan. De ahí que no sólo a escala comunitaria, sino también Estatal, la pretensión de presentarse como ecologista prolifere junto a toneladas de legislación cuya efectividad medioambiental resulta cuestionable.

“de los supuestos éxitos de la UE en reducción de emisiones de gases de efecto invernadero se deben a la deslocalización industrial y de la producción”

Muchas veces se ha repetido que una política ecológica integral exige cambios drásticos en nuestra vida cotidiana. Aquí empiezan los problemas para quien intenta cuadrar el círculo: ganarse las simpatías del votante ecologista, pero sin adoptar medidas que causen irritación en amplias capas del electorado.

En ese sentido, a los agricultores les ha tocado pagar el pato. Han sufrido la mayor severidad, a menudo en cuestiones absurdas, como la cantidad de material producido o el uso de determinados pesticidas, a expensas de saber que esto no impactará en el precio del carrito de la compra. Lo que no se produce en Europa se importa desde otros países con normas más flexibles y fin del problema ¿no?

“a los agricultores les ha tocado pagar el pato”

El campo y la vida agrícola no son mera jardinería. Alimentar a un continente no es algo que deba ponerse en riesgo. Ya hemos visto cuán cara nos puede salir nuestra dependencia de otros países en la obtención de ciertos recursos. Pero mientras el gas natural o el petróleo no se pueden producir donde uno quiera, la comida sí. Europa no puede renunciar a la soberanía alimentaria ni cargar sobre las espaldas de sus campos y villas rurales un peso desproporcionado de responsabilidad ecológica.