“Si su hijo está con ciertas personas de cierto comportamiento, su hijo también tendrá ese comportamiento y creerá que es normal” (Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil)

Al parecer el debate fue arduo, pero por fin, a finales de junio, la Junta Escolar del Condado de León (Florida, USA) aprobó por unanimidad su «Guía escolar inclusiva LGBTQ«.

Cabría suponer, por el título, que se trata de un texto dirigido a eliminar cualquier estigma que chicas y chicos LGTBI+ puedan sufrir en la escuela. No. Nada más lejos de la realidad. Porque, entre las medidas “inclusivas” que incorpora, destaca la obligación de los centros escolares de notificar por escrito, a todas las familias, lo que consideran situaciones de riesgo en relación a menores lgtbi. Situaciones tan peliagudas como que un estudiante abiertamente homo asista a clase de educación física o vaya a una excursión nocturna junto a sus compañeros. Es decir, situación de riesgo es la que se produce cuando un chico gay o una joven lesbiana está cerca de otros menores por la noche o en el gimnasio o… o en la vida.

Como esas placas que dicen «Cuidado con el perro», la guía viene a concluir que los menores lgtbi son un peligro y, para evitar desgracias, lo mejor es alertar de su presencia a madres y padres para que tomen las medidas oportunas.

Ni que decir tiene que toda esta pedagogía va dirigida a pintar a estos niños como potenciales delincuentes sexuales que tanto podrían aprovecharse de otros como acabar contagiándoles su desviación. Aunque, en realidad, los que están en peligro son ellos y los expertos en educación denuncian que enviar este tipo de notificación equivale a colocar una diana en la espalda de un estudiante.

Una diana que se empezó a dibujar tiempo antes. Porque la guía escolar no surge de la nada. El Senado de Florida, controlado por el Partido Republicano, aprobó en marzo (22 votos a favor y 17 en contra) el proyecto de ley «Don’t Say Gay», que prohíbe a los maestros hablar sobre diversidad, orientación sexual e identidad de género en las aulas. Tras la sanción del gobernador del Estado, Ron DeSantis, la ley entró en vigor el 1 de julio de 2022 con un doble objetivo. Por un lado, «desalentar»  la visibilidad de menores LGBTIQ+, que tendrán que hacer del armario su hábitat natural. Por otro, al impedir hablar de diversidad -familiar, sexual, etc.- se pretende que chicas y chicos sientan la necesidad de dirigir sus afectos en la dirección correcta, evitando pensamientos y deseos equivocados, cuando no impuros.

Europa y, por supuesto, España, no están a salvo de políticas coercitivas en educación. Los discursos de la ultraderecha, y su manido pin parental, o las campañas de sectores ultrafeministas contra menores trans, entre otros, son buena prueba de ello y confirman que la comunidad educativa es pieza a cazar.

Para el odio hay algo infinitamente más peligroso que las manifestaciones del Día del Orgullo, más temible que el beso entre dos mujeres en «Lightyear», más alarmante que un Primer Ministro de Luxemburgo casado con un hombre. Ese algo es la escuela. Porque, si educas en libertad, es muy difícil poner cadenas más tarde. De ahí que controlar el sistema educativo sea fundamental para las y los nuevos censores de la moral pública. Un control con el que podrán reconstruir ese relato que hace de las personas LGTBI+ seres patológicos y descarriados.

No podemos permitirlo.

Si se deja de contar que la orientación sexual es diversa o si se reprime exteriorizar quién es cada cual, el retroceso en derechos humanos está servido. Sin olvidar que investigaciones como la de Trevor Project, organización sin fines de lucro que trabaja en la prevención del suicidio entre los jóvenes, han concluido que «los jóvenes LGBTQ que tenían acceso a espacios que afirmaban su orientación sexual e identidad de género, incluyendo las escuelas, presentaban menores tasas de intento de suicidio que aquellos que no».

La lgtbifobia mata. Mata en vida y mata en muerte. Dejar que triunfe no es una opción. Los ataques vendrán de casi todo el espectro político. La defensa debe venir de toda la sociedad. Porque está en juego vivir en un mundo sano y vigoroso o en uno enfermo y lleno de odio.

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Adenda 1

El nombre formal de la Ley “Don’t Say Gay” [No digas gay] es Proyecto de ley 1834 del Senado “Parental Rights in Education” (Derechos de los padres en la educación).

Adenda 2

El Gobernador DeSantis aspira a la presidencia de EEUU, para lo que debe desbancar previamente a Donald Trump.

Adenda 3

El atentado en la discoteca gay “Pulse”, en Orlando, acaeció hace casi seis años. Murieron 49 personas, lo que coloca a Florida como el estado con la segunda mayor matanza en la historia moderna de EEUU. Se teme que la nueva legislación impulse más ataques de este tipo.

Adenda 4

La ley “Don’t Say Gay”, y las guías escolares que florecerán a su amparo, elevará la presión sobre los jóvenes LGBTI+ y les enseñarán que, si quieren sobrevivir, no pueden decir quiénes son ni a quién aman.

Sobrevivir.

De vivir ni hablamos.