Morralla legal, así llama el profesor Alejandro Nieto a las leyes que no pretenden ser aplicadas. Parecerá increíble, pero infinidad de normas son poco más que propaganda de partido en el BOE u otro diario oficial. A este grupo pertenece la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación.

Cuando el senado la ratifique, la ley Celaá nacerá muerta. No sólo porque nadie cree que sobreviva a un cambio de las mayorías de las Cortes. El propósito principal de la LOMLOE empieza y acaba con que las izquierdas aprueben una ley de educación que derogue definitivamente la nunca aplicada LOMCE del PP. Así, en la próxima campaña electoral, PSOE y Podemos podrán recordar a los españoles que aprobaron una nueva ley educativa y lo mucho que se perderá, si las derechas la derogan.

Redactada con prisas y poca vocación práctica, la nueva norma educativa es una colección de vaguedades, inconcreciones y proclamas de derechos o principios en vigor desde los ochenta. Apenas cinco o seis de sus artículos hacen algo y lo que hacen no es demasiado bueno… aunque tampoco es terrible.

«infinidad de normas son poco más que propaganda de partido en el BOE u otro diario oficial. A este grupo pertenece la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación»

La LOMLOE en tema de castellano de facto ni quita ni pone. Tampoco abolirá la educación concertada. Parece que pretende limitar el complemento privado de su financiación, su expansión y que ya no pueda ser tan selectiva en la admisión de su alumnado. Sobre el papel no parece un disparate, aunque cuando has leído varias veces lo mismo, el papel, por muy oficial que sea, ya no tiene mucha credibilidad.

Como profesor de la educación pública y ex estudiante de la concertada estoy harto de que algunos políticos planteen una confrontación inexistente entre ambas escuelas. Si mañana se aboliera la educación concertada, sencillamente, no habría suficientes plazas en la pública para asumir a todos sus alumnos. Parece justo que si un centro recibe financiación pública no se exceda recaudado de las familias, o que no tamice a su alumnado. Ahora bien, no es poniéndoselo peor a la concertada como se mejora la situación de la pública.

Ninguna ley educativa de este país está completa sin abordar el único y gran problema de nuestra enseñanza: ¿religión sí o no? Pues nada, religión sí pero no evaluable esta vez. Eso y los valores cívicos son lo único que debaten los políticos. Personalmente la enseñanza de una religión no me parece ni buena ni mala, siempre que no utilice el aula para difundir el fundamentalismo. Sé que muchos de mis colegas y gran parte de la población tienen una visión más estricta de la laicidad. Sin embargo, me enerva ver que ese es el único debate político real de la educación. Religión y educación por la ciudadanía son el último problema de nuestros problemas educativos, si es que es un problema.

«La LOMLOE en tema de castellano de facto ni quita ni pone. Tampoco abolirá la educación concertada»

La educación no adoctrina. Evidentemente, exige valores de tolerancia o respeto y estos cambian conforme cambia la sociedad. Pero créanme, no tenemos tiempo ni recursos para adoctrinar a los alumnos. Es más, sobre todo con los adolescentes, cualquier intento de imponer una ideología o creencias explícitamente encontrará el rebote en el sentido contrario. ¿Alguien ha contado cuántos ateos forman las escuelas del OPUS?

La LOMLOE no abolirá la educación especial, pero ahonda en su recorte de fondos. Con calculada ambigüedad, esta ley lleva al BOE lo que de facto hace tiempo que se hace por la puerta de atrás: se envían alumnos de educación especial, evidentemente no los casos más graves, a la educación ordinaria. Luego, en vez de cubrir esa plaza con otro alumno con necesidades especiales o dejarla en reserva por si este aparece en uno o dos años, se suprime la plaza. Menos plazas suponen menos financiación para esas escuelas.

No tengo nada en contra de tener en el aula a alumnos con necesidades especiales. Eso sí, tiene que venir con un profesor de apoyo, estilo Finlandia. Abandonar a un alumno con, por ejemplo, discapacidad psíquica en un aula cuya ratio ya está de por sí saturada, con profesores que no pueden estar por él como necesita, nada tiene de integración. Es discriminación embellecida de progresía.

«¿religión sí o no? Pues nada, religión sí pero no evaluable esta vez. Eso y los valores cívicos son lo único que debaten los políticos»

En mi opinión, un ideal a perseguir sería que en un mismo centro, como espacio físico, convivieran aulas con necesidades especiales y de educación ordinaria. Que en el recreo, algunas salidas u otras actividades, los alumnos vieran que la parálisis cerebral u otras discapacidades no son un día al año de conmemoración en la televisión y las redes sociales, sino seres humanos.

Me dejo para el final el principal problema: obtener el título de bachillerato con 2 asignaturas suspendidas y el de la ESO «siempre que se asuman los objetivos de etapa”. Se oficializa así una práctica: el aprobado regalado por claustro.

Muchos alumnos optan por no estudiar. Hacen la ESO en ocho años distorsionando a su clase y grupo. Cada caso de este tipo suele derivar de una situación personal compleja, frente a los que la escuela a menudo se ve impotente. No espero ver una vuelta a la edad laboral a los 14 años. No porque estuviera mal, sino porque subirían los índices de paro y ningún político quiere que el paro suba mientras manda.

«Abandonar a un alumno con, por ejemplo, discapacidad psíquica en un aula cuya ratio ya está de por sí saturada, con profesores que no pueden estar por él como necesita, nada tiene de integración. Es discriminación embellecida de progresía»

Tuve algunas esperanzas en la formación profesional alternativa a la ESO que proponía la LOMCE, pero me desengañe rápido. No se trataba de una verdadera alternativa formativa previa al grado medio, sino de una ESO para alumnos conflictivos. El currículum era el mismo. ¿A santo de qué una formación profesional debe incluir autores del siglo de oro en su temario o la revolución francesa?

Ahora bien, cuando se baja sistemáticamente el nivel de una clase, se acaba afectando al desarrollo del alumnado. Tengo alumnos de FP que se creen incapaces de memorizar unos pocos datos para un examen. Lo peor es que efectivamente lo son. No es que sus cabezas funcionen mal, pero después de cuatro –o cinco años- se han sacado la ESO sin estudiar. Ergo, no han desarrollado esa facultad y la tienen atrofiada.

¿Cabía esperar otra cosa? Hemos demonizando la memoria y el esfuerzo bajo el mantra pseudopegagógico de la diversidad y el aprender a aprender. Bueno, empezamos por convertir la pedagogía en una carrera facilona y luego pedimos a sus titulados, quienes tal vez no estudiaron nunca, que diseñaran plantes y estrategias de estudio para nuestros estudiantes. Si a eso le añadimos el narcisismo patológico de nuestra clase política por presumir en Europa del número de titulados superiores que producimos ¿qué podía salir mal?

«se han sacado la ESO sin estudiar. Ergo, no han desarrollado esa facultad y la tienen atrofiada»

Ni la LOMLOE ni la ley que apruebe el PP cuando vuelva al poder harán nada por la calidad educativa. Tan poca atención presta el día a día de la escuela a estos cambios legislativos que cada nueva ley implica como mucho un cambio de nombres. Una verdadera ley de educación y no sólo del sistema educativo, debe tener en cuenta las diferentes realidades escolares y familiares de España. Coordinar el aula con programas de refuerzo impartidos por personal cualificado, atender debidamente a los alumnos con problemas de conducta o riesgo de exclusión, bajar las ratios de las aulas y garantizar la conexión a internet para todos los centros y sus alumnos harían mucho más por nuestra educación que la ley Celaá o la que se apedille como el próximo ministro de educación.

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