Las crisis y las emergencias generan angustia en el ser humano de una forma casi natural. Médicos y enfermeros/as saben de sobra lo que significa lidiar con la ansiedad y los miedos que generan las situaciones extremas y que, en gran medida, no podemos controlar como la actual alarma sanitaria generada por el COVID-19.

Personal sanitario que afirma no disponer de los medios de protección adecuados para hacer frente a esta pandemia, enfermos y potenciales enfermos angustiados por la cantidad de sobre información, a veces explotada para seguir haciendo caja, a los que no se les ofrece otra alternativa que el pánico y la angustia.

«Los psicólogos debemos tener un papel central en la actual alarma sanitaria. No solo para los enfermos y los familiares de los enfermos, sino también para médicos y enfermeros, celadores, personal de limpieza, etc»

Los psicólogos debemos tener un papel central en la actual alarma sanitaria. No solo para los enfermos y los familiares de los enfermos, sino también para médicos y enfermeros, celadores, personal de limpieza, etc. Hay suficientes datos hasta el momento que nos permiten afirmar que después de una crisis sanitaria de este tipo, el desarrollo de Trastorno de Estrés Post Traumático se dispara en el personal sanitario; y creo que no podemos permitirnos como sociedad exponer constantemente a médicos y enfermeros a este nivel de estrés sin otra herramienta que la capacidad de afrontamiento que cada uno lleve de serie.

El personal sanitario no sólo está desprotegido a nivel biológico, sino también psicológico. No es de recibo que el primer y más importante frente de batalla también asuma los costes en salud mental que le puede ocasionar esta crisis sanitaria. Es urgente ampliar el cuerpo de psicólogos en hospitales y centros habilitados para el COVID-19.  Y lo es por una cuestión obvia: la salud no es sólo física, sino también psicológica y social (Organización Mundial de la Salud dixit). Por tanto, si afirmamos defender las tesis de la OMS en cuanto a la aplicación de criterios de actuación en esta pandemia, debemos entonces asegurar y preservar la salud psicológica de nuestra población en general, y de médicos, enfermeros, enfermos y familiares en particular.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, debe hacer un esfuerzo mayor en materia de salud mental en la población sanitaria. El riesgo de que nuestro sistema colapse es también debido a este riesgo real y cierto de colapso psicológico del personal sanitario. Huelga decir, por otra parte, que los psicólogos no somos una profesión entregada al voluntariado: estamos cansados de que se dé por hecho que nuestro trabajo tiene que ser gratis, estamos cansados de que se confunda el altruismo con la explotación laboral.

«Muchos psicólogos tenemos también formación en emergencias, y el tiempo invertido tiene que ser un valor a ponderar también desde el punto de vista económico»

Muchos psicólogos tenemos también formación en emergencias, y el tiempo invertido tiene que ser un valor a ponderar también desde el punto de vista económico. La sociedad española necesita una inversión mayor en salud mental, y en este momento de crisis sanitaria, es una prioridad absoluta para todos y todas que los psicólogos formemos también parte activa y visible de esta batalla. El derecho a la salud es un derecho humano, y la salud mental también forma parte de este derecho. Defendamos los derechos humanos en su integridad; defendamos la salud mental como garantía, también, de salud.

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