La semana pasada el debate político en torno al catalán empeoró un poco más. Mientras Pablo Casado pedía un 155CE para hacer cumplir la sentencia del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Catalunya que exige un 25% de horas en castellano en las aulas, el secretario de política lingüística de la Generalitat, Francesc Xavier Vila, conminó a los catalanes a darse de baja de Netflix, si no incluía más contenido en catalán.

La cuestión lingüística en Cataluña se viene degradando a pasos agigantados desde hace dos décadas. Sin duda, la controversia se ha agravado con el auge del independentismo. Pero sus raíces son algo más antiguas.

“La cuestión lingüística en Cataluña se viene degradando a pasos agigantados”

A principios de los ochenta, el consenso social en Cataluña era salvar el catalán. Tras cuarenta años desterrado de la prensa, las escuelas y huérfano de academias, el idioma se encontraba en una situación precaria. Reducido a la oralidad de las zonas rurales, su extinción parecía segura.

La inmersión lingüística en los siguientes 20 años fue un rotundo éxito filológico. Y eso que la llegada del catalán al sistema educativo fue gradual y pausada. Si no lo tengo malentendido, hasta mediados de los ochenta, sólo el 25% (precisamente) de las horas eran en catalán.

“A principios de los ochenta, el consenso social en Cataluña era salvar el catalán”

Sin embargo, la convicción general de que el trato recibido por el catalán durante la dictadura había sido injusto hizo que la sociedad fuese por delante de las leyes. Muchos adultos se interesaron por aprender la lengua. La Generalitat incentivó este proceso no con sanciones, sino con becas y subvenciones que apoyaran acción social.

A principios de los noventa, sin embargo, el frente idiomático se abre en la política. La derecha española rompe definitivamente con las corrientes defensoras del particularismo catalán y vasco, encabezadas entre otros por el ponente constitucional Herrero De Miñón. El ataque a los nacionalismos de ambos territorios pasa a ser una de sus más características señas de identidad. En los mítines la gente grita aquello de “¡Pujol enano, habla en castellano!”.

“A principios de los noventa, el frente idiomático se abre en la política”

En paralelo, el nacionalismo catalán empieza con sus propias estupideces. El discurso cohesionador en torno a la lengua local se rompe. Ya no es un mérito colectivo, sino un “favor” que se ha hecho a los castellanohablantes.

Como graduado en filología, poco me gusta ver el aprendizaje de un idioma como “hacer un favor”. Pero si estas tenemos, vale la pena preguntarse ¿quién le hizo el favor a quién? Después de todo, cuando se inició la inmersión lingüística, el catalán era una lengua minoritaria y apenas oral. En ningún lado estaba escrito que las instituciones autonómicas catalanas no pudieran tener el castellano como lengua preferente.

“El discurso cohesionador en torno a la lengua local se rompe”

Algunos consellers del govern y el propio Pujol declararon públicamente que preferían inmigración marroquí, porque esta se “catalanizaría”. En cambio, los latinoamericanos españolizarían Cataluña. El debate sobre el castellano es una verdadera lengua en Cataluña acaba de inaugurarse.

Los pronósticos del pujolismo se vieron defraudados. En Catalunya las comunidades migrantes suelen conservar la lengua de su país de origen y mayoritariamente han aprendido a hablar castellano, no catalán. Mi ciudad, Santa Coloma de Gramenet, da muestras de este fenómeno en ciertos barrios donde uno puede encontrar tiendas rotuladas en urdú y chino.

“El debate sobre el castellano es una verdadera lengua en Cataluña acaba de inaugurarse”

De hecho, cuando leí el famoso artículo de Torra en que calificaba a los “españoles de bestias taradas”, más que indignado me quedé sencillamente ojiplático. Según el anterior President de la Generalitat, migrantes españoles son los únicos que no abandonan su lengua y cultura por el catalán. ¿Cuántos barrios de población migrante ha visitado? ¿Ninguno?

Con la campaña contra el Estatut de 2006, su posterior recurso de inconstitucionalidad y el procés, se redobló el empeño en señalar al castellano como un problema para el catalán y, por el otro lado, al catalán como un problema para la unidad de España.

“se redobló el empeño en señalar al castellano como un problema para el catalán y, por el otro lado, al catalán como un problema para la unidad de España”

En mi opinión, el discurso condescendiente, ese “te hacemos el favor de enseñarte catalán” hirió a la inmersión lingüística mucho antes de que la cuestionara ninguna resolución judicial. Eso y la hipocresía de algunos de sus más acérrimos defensores que enviaban a sus hijos a la escuela alemana, al liceo francés o escuelas anglófilas, todas ellas prohibitivamente privadas.

No obstante, no son las mezquindades políticas los auténticos verdugos de la inmersión lingüística, sino la falta de recursos. Esto se entrevé en los argumentos de los catalanistas para mantener el statu quo:

“no son las mezquindades políticas los auténticos verdugos de la inmersión lingüística, sino la falta de recursos”

-En Cataluña hay consenso social en la inmersión lingüística. Apenas 89 familias exigieron el cambio al castellano y las derivó a la privada.

La inmersión lingüística no es un problema porque en las aulas profesores y alumnos emplean el castellano más de lo que deberían si respetaran la inmersión.

Respecto a la primera afirmación, ciertamente, sólo un puñado de familias han insistido hasta el final en el tema del castellano. Quizás sea porque sus convicciones en este asunto se encuentras más acentuadas. Quizás sea porque disponen de recursos. Pelearse con la administración es bastante caro.

“sólo un puñado de familias han insistido hasta el final en el tema del castellano”

Sea como sea, no creo que un tercio del parlamento autonómico se declare contrario a la inmersión o que en 2017 el partido ganador de las elecciones fuese contrario a la misma, si el consenso social en torno a ella fuese tan sólido. Seguramente, sea porque el castellano en la práctica se emplea mucho más en el aula de lo que marca la inmersión lingüística que las familias tampoco ven necesidad de gastar tiempo y energías en luchas contra inmersión.

Ahora, vuelve a dejarme ojiplático con cuánta frecuencia se utiliza este argumento en defensa de la inmersión lingüística. Espero que esa lógica política no se imponga en otros ámbitos, porque podríamos empezar a oír cosas como “mire usted, los impuestos y cotizaciones no son un problema, por más que se suban, no ve que la gente trabaja en negro”; o “vamos a dejar de poner multas por exceso de velocidad, así nadie se quejará de los límites”.

“un tercio del parlamento autonómico se declara contrario a la inmersión lingüística”

¿Alguien se ha preguntado porque el castellano se acaba imponiendo en las aulas? Me permite añadir: en las aulas de ciertos barrios y ciudades. Muchos catalanistas ven al único culpable en el profesorado, poco comprometido con la defensa del idioma.

Igual aquí no soy imparcial, pero me da que el problema es otro: los profesores somos seres humanos. El aprendizaje de catalán para alumnos migrantes en secundaria es deficiente. Además, en la escuela pública se pueden alcanzar ratios de 50% de población extranjera.

“¿Alguien se ha preguntado porque el castellano se acaba imponiendo en las aulas?”

Si muchos de sus alumnos, incluso la mayoría, no aprenden catalán, ¿qué ha de hacer el profesor? La ESO es una etapa complicadilla. No es infrecuente que el alumnado tenga escaso interés por el estudio ni que en los grupos haya sujetos disruptivos. ¿Tanto sorprende que el profesorado al fin se rinda y priorice una comunicación fluida?

Tal vez, la judicialización del problema aún pueda servir como punto de partida para un nuevo comienzo. Tal vez, sirva para establecer una normativa más clara. Quizás os sorprenda pero la inmersión lingüística como tal no se precisa en ninguna ley o reglamento. Tal vez, ambas comunidades lingüísticas puedan empezar a entender los miedos y agravios que siente la otra. Entonces los puentes del diálogo y la cohesión volverán a tenderse. Pero lo dudo mucho…