Han recibido muchos nombres. Clásicos son los de morería, judería, aljama… Ha habido, y hay, zonas donde las personas viven marginadas por motivos raciales o culturales. Hay zonas donde van a vivir, aun por un momento, quienes tienen una orientación sexual diferente a la tradicionalmente aceptada. Y hay zonas, unipersonales, pequeñas, íntimas, donde esconderse del mundo para no ser heridos y a las que muchos llaman El Armario. Unas y otras son lo mismo. Guetos.

Hace un tiempo, la publicación Sixth Tone, dedicada a noticias sobre los nuevos movimientos en China, se cuestionaba si la ciudad de Chengdu, la cosmopolita capital de la provincia de Sichuan, estaba a la altura de su reputación como lugar de moda gay. Con independencia de consideraciones culturales o filosóficas, el primer matrimonio entre homosexuales chinos con gran cobertura mediática tuvo lugar en Chengdu en 2010. Fue sólo una ceremonia simbólica entre dos hombres, dado que no hay base legal para estas uniones, pero fue.

En un país que reprime a la comunidad LGBTIQ, la ciudad se ha vuelto un lugar donde puedes tomar de la mano a la persona que amas sin temor a ser agredido.

Entre la cría de osos pandas y los espectáculos de drag queen, la urbe homosexual ha ido creciendo a medida que la era digital traía aplicaciones de contactos, sistemas de mensajería y, con ellos, la migración de gais, lesbianas o trans hacia sus barriadas.

Lejos del resplandor administrativo de Beijing, la ciudad ha pasado a ser apodada Gaydu por los millennials chinos y es un oasis dentro del desierto de la diversidad en China. Aunque no espere el visitante encontrar banderas arco iris o desfiles del Orgullo gay. Incluso los bares y clubes de ambiente son invisibles para los no locales. Lo que quieren decir sus moradores cuando hablan de «paraíso» es que los gays en Chengdu son tolerados y no se les agrede. Nada más.

Generalmente la tolerancia, en sentido amplio, no suele ser norma, de modo que buscar o crear espacios de libertad ha sido un continuo en la historia del colectivo LGTBIQ. Espacios de homosociabilidad son ciudades, como Brighton en Inglaterra o Ciudad del Cabo en Sudáfrica; barrios, como El Castro de San Francisco o Chueca en Madrid; locales como las tabernas y salas de baile del Pigalle parisino o como L’Étui o El Eco en el México de los años 50.

Encontrar esos refugios urbanos, donde aliar reconocimiento, seguridad y anonimato, ha sido esencial. Porque, pese a las leyes y la educación social, las agresiones a personas LGBTIQ siguen siendo una realidad actual y violenta.

Tan violenta como la sucedida en el Monte Tossal de Alicante el pasado febrero. «Maricones, hijos de puta, iros de aquí, os vamos a matar», les gritaron. Eran tres amigos gais. Intentaron huir al escuchar las amenazas. Uno no pudo. Caído en el suelo, le agredieron ferozmente. Le rompieron el tabique nasal, el pómulo y el fémur. Los agresores eran 16 jóvenes, muchos menores de edad. Y así se vuelve la vista a los guetos. Que pueden ser una carga, pero también un rincón donde no tener miedo a que te rompan las piernas.

Ojalá no hicieran falta. Ojalá fuesen descartables. Pero el odio no ha retrocedido tanto como debiera. Físicos o mentales, muchos precisan de esos guetos para vivir o, al menos, para sobrevivir. Sin embargo, nunca serán la solución y la verdadera vida depende de que seamos capaces de borrar sus fronteras y hacerlos desaparecer.

Los gays chinos afirman que Chengdu tiene muchos chicos guapos, pero, al igual que su reputación de paraíso gay, eso definitivamente está en el ojo del espectador.

Porque entre cárcel, paraíso y gueto la diferencia puede ser imperceptible.

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In Memorian

Vivía en Letonia y era gay. Normunds Kindzulis, un trabajador sanitario de 29 años, fallecía el pasado 28 de abril a causa de las quemaduras que sufrió en el 85 por ciento de su cuerpo cinco días antes. Había recibido amenazas de muerte de tinte homófobo y, para evitarlas, se había trasladado desde Riga, la capital, a la ciudad de Tukums. Pero seguía siendo visible. Por eso en Tukums también fue atacado repetidamente.

Cuentan que le empaparon la ropa con combustible y le prendieron fuego. Sin embargo la policía -que rechazó inicialmente investigar la agresión- no ha descartado la hipotésis de un suicidio (¡?) provocado por las amenazas que recibió.

Suicidio, homicidio, asesinato y, siempre, homofobia.

Letonia es miembro de la Unión Europea. En 2006 modificó su Constitución para prohibir el matrimonio igualitario y es otro lugar donde, si sales del gueto, puedes morir.

Pero hay que salir y ni matándonos nos pararán.

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