Esta semana me han llamado facha por criticar la propuesta demagógica de Pedro Sánchez de subir el sueldo a los diputados y senadores el 0,25%, como Rajoy sube las pensiones, cuando él, que no es ni lo uno ni lo otro, se ha puesto un salario como Secretario General del PSOE de 102.000€ brutos anuales (según la página web del propio Partido Socialista). Incluso, aunque la medida la afectara, no hace falta ser doctor en economía para comprender que no es lo mismo que te suban un 2,25% una pensión de viudedad de 500€ al mes, que una nómina de 4.500€.

Esta semana me han llamado facha por participar desde septiembre en Ahora Plataforma y haber sido elegida, estos días, para ser la delegada territorial de la plataforma en Madrid. Consideran que es de fachas defender la unidad de España, la inconstitucionalidad del cupo vasco, la laicidad del Estado, la necesidad de una norma educativa común, la reforma del sistema electoral que beneficia minorías regionalistas, estar en contra de los privilegios de los nacionalismos…

Esta semana me han llamado facha por criticar el papelón de todos los partidos políticos en el debate en el Congreso de los Diputados sobre la Prisión Permanente Revisable, fundamentalmente del sobre actuado portavoz del PSOE que ofendió a propios y extraños, pero también del diputado del PP que señalaba a las familias en la tribuna de invitados e instaba a los socialistas a mirar a los ojos de las víctimas antes de votar. O el viraje de postura de Ciudadanos, radicalmente en contra hace unos meses hasta el punto de firmar con el PSOE su derogación inmediata y rotundamente a favor, ahora, sin más explicación que el calor de las encuestas. Sin olvidarnos de que, aunque hayan estado más callados que en misa, fue el PNV el que nos llevó a tener que hablar sobre esto en el Congreso, en lugar de esperar a la resolución por parte del Tribunal Constitucional del recurso interpuesto por los socialistas, porque tienen sus propias servidumbres con el mundo Bildu/etarra.

Esta semana me han llamado facha por criticar el escaso nivel técnico y político del discurso de la portavoz del PSOE en el Congreso, Margarita Robles, en el debate sobre las pensiones. Para empezar, me parece mal el mero hecho de debatir sobre las pensiones en sede parlamentaria cuando se creó el pacto de Toledo por dos enemigos acérrimos, Felipe González y José María Aznar, precisamente para despolitizar el debate sobre las pensiones. Pero si lo vas a hacer lo mínimo es tener propuestas modernas, creíbles, documentadas, con su memoria económica… Y no dos generalidades: derogar la Reforma Laboral, anclar la revisión de las pensiones al IPC, nuevamente.

Esta semana me han llamado facha por defender la actuación de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en el barrio madrileño de Lavapiés frente a los actos de vandalismo que se producen a raíz de la muerte a causa de un infarto de un ciudadano senegalés en plena calle. Desde el Ayuntamiento de Madrid, a través de su alcaldesa, Manuela Carmena, se vertió la duda sobre las causas en que se produjo este desgraciado fallecimiento y desde la “izquierda auténtica ideal de la muerte” que representa Garzón, se llamó a la rebelión por una supuesta brutalidad policial que nunca existió.

Esta semana me han llamado facha por criticar conductas en la Comunidad Valenciana que recuerdan mucho al secesionismo catalán, con voluntades excluyentes o supremacistas apoyadas en la lengua, que debería ser un valor cultural que sumara pero que se usa para dividir. Antes también me lo habían llamado por criticar la postura de los socialistas baleares, expulsando médicos del sistema público de salud por no hablar catalán, con lo que han generado una situación de escasez de profesionales sanitarios en las islas que está poniendo en riesgo a su población.

Esta semana me han llamado facha por poner de manifiesto que la supuesta Escuela de Gobierno socialista, crisol de unidad, cuna del renacimiento del PSOE, ha sido un fiasco del tamaño de la Catedral de Sevilla. Escasez de público solo eclipsada por la estampida de históricos, barones, presidentes autonómicos, referentes, viejas glorias, nuevas glorias y demás golpistas y fachas que formaron parte de la malvada Gestora. Y es que difícilmente puede aglutinar el que antes fue disolvente, es decir, que Pedro Sánchez que atacó ferozmente a todo el que no pensaba como él para volver a su sillón de Ferraz, ahora no puede pretender que los que fueron insultados y ahora están siendo laminados, ninguneados, perseguidos y hasta expulsados, acudan a un evento creado a más gloria del amado líder.

Esta semana me han llamado facha por tantas cosas que la palabra ha dejado de tener significado para mí. De hecho, si no me lo llaman al menos una vez al día siento que algo estoy haciendo mal. No olvidemos que, según la Real Academia Española, facha es sinónimo de fascista, de ideología política reaccionaria y que es algo muy serio que trajo mucho sufrimiento a España y a Europa entera, durante el siglo pasado, para que ahora vayamos a banalizarlo usándolo siempre que algo no nos gusta.

1 Comentario

  1. Tan sólo apuntar que los que te llaman «facha», le hacen la ola a otra ideología que causó también sufrimiento en España y mucho más en Europa. Sobre todo la del Este.

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