Percibes que has tocado fondo político cuando ya ni tan siquiera pides a tus presuntos representantes que cumplan sus promesas o tengan en cuenta el bien común. Algo muy chungo sucede, cuando lo único para lo que te quedan fuerzas es para rogarles que no insulten tu escasa inteligencia. La épica contienda en Madrid entre el Madurito Sanchestein y la madrasta de marca blanca del cuento, nos transmite un sopor difícilmente superable. El hedor a cerrado y la falta de propuestas anuncia más escepticismo y menos esperanza. Que el argumento fundamental de unos sea expulsar a la Presidenta y de los otros ganar gracias al miedo a un mayo rojo, encarnado por el señor que abrió de par en par las puertas de la universidad pública a la banca, es una falta el respeto al sufrido contribuyente.

«Percibes que has tocado fondo político cuando ya ni tan siquiera pides a tus presuntos representantes que cumplan sus promesas o tengan en cuenta el bien común»

Más de cien mil muertos o la ruina e incertidumbre de muchos conciudadanos no parece un argumento de peso para que nuestros políticos maduren. Ellos siguen a lo suyo; con sus tertulias, entrevistas y comidas de trabajo. Acuden a sus asesores con una fe similar a la del senado romano cuando consultaba cada decisión a los arúspices etruscos. Estos adivinos leían las entrañas del animal sacrificado y pronosticaban el futuro, de acuerdo al tamaño y aspecto de la casquería. Las crónicas nos advierten de que el día que murió César no se encontró el corazón en dos bueyes sometidos a este rito. Hoy en día, las encuestas y seguimientos en redes sociales han sustituido a las entrañas de los animales. Aunque su capacidad predictiva no sea mucho mayor, los políticos las siguen a rajatabla. Su obediencia se asemeja a la del niño de colegio de pago con gafas el día de la Primera Comunión. Todo parece tan prefabricado y artificial que solo falta que los trasladen a los debates en camiones de Amazon.

Baudelaire, tomó prestada de una tienda de flores parisina el título para su libro Los paraísos artificiales, en el que, un tanto pasado de rosca, animaba al personal a embriagarse sin tregua a fin de no sentir “la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo”. A nuestros representantes les sucede que se embriagan una y otra vez con su política de andar por casa, para no percibir la política de verdad: esa que implica mancharse con los problemas reales de sus representados. Es más sencillo vivir en una burbuja tejida por los medios de comunicación, convenientemente regados con los euros que no llegarán a nuestros investigadores, autónomos o familias vulnerables. No hay problema. La tele lo cura todo. Y si no, ahí tienes tu cuenta del tuiter para que grites lo que quieras, mientras vas al super a comprar pasta, tomate frito y salchichas.

«Somos unos desagradecidos, que no apreciamos sus denodados esfuerzos por ofrecernos sus mensajes masticaditos para que no se nos inflamen las meninges»

No resulta extraño que nos desprecien. Ellos están muy por encima de la turba. No los entendemos. Somos unos desagradecidos, que no apreciamos sus denodados esfuerzos por ofrecernos sus mensajes masticaditos para que no se nos inflamen las meninges. Mientras que unos intentan convencerte de que solo queda dar una COZ, para otros se trata de elegir a un candidato soso y serio, cuando sabemos que, en realidad, quien se presenta es su jefe. Los hay que te piden que optes por los jedis, en vez de irte con los siths y otros que directamente tachan de criminales o fachas a quién no piensa como ellos. Parece que en los últimos meses el número de fachosos se ha incrementado mucho en España. Dentro de poco necesitarán toneladas de lejía. Me temo que como la limpieza sea a las 8 de la mañana, no acuda nadie.

Los expertos nos dicen que la política española se está polarizando. No coincido con este interesado diagnóstico. Yo creo que más bien se está idiotizando. Como todo el mundo sabe, idiota en la antigua Grecia era el ciudadano egoísta que no se ocupaba de los asuntos públicos. Curiosamente, en latín, pasa a ser una persona corriente y tardíamente adquiere el significado de ignorante o sin educación. Nuestros políticos están consiguiendo que el ciudadano participe menos (ultimas elecciones regionales catalanas), además de esforzarse en sofocar su curiosidad intelectual por cualquier medio. Como dice Javier Cercas, “la verdad crea hombres libres, pero la mentira crea esclavos”. Yo añadiría que, en las últimas décadas, los Gobiernos se han conjurado para que la cultura sea un bien escaso con el fin de hacer coincidir ciudadanía y garrulismo. La falta de exigencia escolar, el denostar el esfuerzo y la permisibilidad para que el duopolio televisivo emitiera cada vez productos más baratos y rentables, se han mostrado como eficaces vías para tratar de ir logrando una sociedad de idiotas. Desgraciadamente para ellos, aun no lo han conseguido, pero en eso están.

«Las instituciones que han garantizado uno de los mejores periodos de la historia de España, se nos están diluyendo entre los dedos»

Las instituciones que han garantizado uno de los mejores periodos de la historia de España, se nos están diluyendo entre los dedos. El insulto a la inteligencia ciudadana viene acompañado de la demolición de las bases que han regido nuestra convivencia. Evidentemente, son perfectibles. La cuestión es que se pretende que sean sustituidas por un régimen en el que solucionas tus problemas llamando por teléfono a la persona adecuada. La sistemática erosión del poder judicial, la mordaza al legislativo mediante estados de alarma sucesivos, la desidia ante los problemas que arrastran los servicios públicos, la arbitrariedad en la distribución de fondos o la inexistencia de España en la esfera internacional son ingredientes de un puchero, cuya marmita parece Made in… Pongan ustedes el país. Como decía Billy Wilder, recordando a su maestro Lubitsch, “a diferencia de otros directores que dicen que dos y dos son cuatro, Lubitsch dice dos y dos…Y eso es todo. El público saca sus propias conclusiones”.

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