Llevo apenas 6 meses en una nueva empresa y ya me he ganado el apodo de “el Comunista”. He tratado de explicar que el poder autoritario en un gobierno central no termina de convencerme, pero que los valores humanistas de Cuba sobrepasan a la mayoría de países capitalistas. He tratado de hablar del bajo índice de malnutrición, un ejemplo a seguir para países en desarrollo, según FAO de las Naciones Unidas; es verdad que he hablado del acceso gratuito a estudios universitarios y la sanidad pública en Cuba. Y puede ser que también haya mencionado que, en cifras, para ser Cuba un país que tiene una décima parte del PIB de Estados Unidos y escasez de medicamentos debido al embargo… su esperanza de vida supera a la de los americanos, el capitalismo más rico del mundo… Así que quizás, ahora que lo pienso, si me he ganado el apodo de «el Comunista”.

Pero lo que quería decir, es que he tratado de hacer concreto lo disperso, de hablar de principios Marxistas, del federalismo y de lo que de verdad significa el anarquismo. Pero no importa, para mis nuevos compañeros soy -y probablemente siempre seré- “el comunista”.

El problema que existe hoy en día es que uno no puede decir nada anticapitalista sin que le manden a mirar a Cuba, como si de algún modo el mundo, y sus 7.000 años de historia existieran solo en un plano dicotómico de blancos y negros donde o eres comunista o eres capitalista libertario. Bajo este prisma no existen escalas de grises ni estructuras de gobierno que no sean centralizadas.

Últimamente he empezado mi labor de evangelización introduciendo el concepto del anarcosindicalismo, como la intersección de los movimientos anarquistas con los movimientos obreros que tanto han aportado a la sociedad. Pero mi objetivo con ésto no es otro que hacer entender, a todo el que esté dispuesto a escuchar, que el capitalismo no es una invención divina o una ley física del universo, es algo creado por el hombre y como tal, sujeto a falla. Que incluso “la economía” es un concepto completamente inventado. Algo que nos parece tan natural, por su constante repetición hoy en los medios, no existía antes de finales de los años 30; el término de “ la economía” se popularizó cuando el presidente estadounidense Roosevelt empezó a hablar de esa mano invisible, como manera de explicarle al público lo que hoy llamaríamos “macroeconomía”. Finales de los años 30, la época de nuestros abuelos… quién lo hubiera dicho.

Pero el problema es que este sistema capitalista está tan arraigado en el subconsciente, que en el momento que uno lo pone en duda se convierte en paria, verdugo y ejecutado. Ni Camús ni Chomsky que valgan. Claro, que quizá influye también que el mundo actual tiene un colosal déficit de atención, y nada que merezca la pena ha podido explicarse jamás en treinta segundos.

Claro que cuando alguno ha prestado atención (y de vez en cuando alguno lo hace) descartan estructuras descentralizadas como unidades de gestión. Eso si, las descartan en la comodidad de la máquina de café, en cualquier momento entre las 9 y las 5, porque disfrutan de una jornada laboral de 8h al día -y no las anteriores 16- que las uniones de trabajadores y los sindicatos consiguieron con su lucha obrera.

 

COVID

Vivimos en un mundo complejo e interconectado, “la economía” y sus divisas ya no están basadas en las reservas físicas de oro que tenga un país sino en el dólar, -dinero “fiat”- que a su vez está avalado por… nada. El gobierno americano se endeuda con “el fed” (el banco federal), al que deja a deber un interés por tomar prestado dinero, pero el Fed a su vez es el que imprime los billetes, por lo que el gobierno vuelve a pedir dinero al fed… para pagar al fed. ¿Se entiende? ¡Por supuesto que no! Capa sobre capa, han creado un sistema “tan opaco” que no solo no se sostiene, sino que los encargados de entenderlo no lo entienden. Pero pretenden entenderlo. Prueba de ello fue la visita de la Reina de Inglaterra a la London School of Economics, en Diciembre de 2008, tras la crisis de crédito que marcó a mi generación; donde la monarca preguntó a estudiantes y profesores cómo era posible que ninguno de los líderes mundiales de la economía, vieran venir la caída y la crisis. -Incluyendo al gobernador del banco de Inglaterra, que se encontraba allí en ese momento.-  ¿Cómo era posible? La respuesta fue un silencio absoluto, seguido por docenas de flashes inmortalizando aquel fracaso del capitalismo.

Así pasa, que la deuda de Estados Unidos superará pronto los niveles de la segunda guerra mundial y superará su producto interior bruto, según Forbes, Bloomberg etc. CNBC por su lado, publicaba (pre-COVID) que si sumamos todas las formas de gobierno (local, estatal, federal y las cargas y otras promesas económicas), la deuda de Estados Unidos no es que sobrepase su PIB, sino que ronda el 2.000%.

Por tanto no ha de sorprendernos que economistas de todo el mundo predigan ya la mayor recesión que hemos visto en tiempos modernos, y de algún modo, la caída de el sistema capitalista y la divisa más poderosa de la tierra. Debido a la relación entre el PIB y el desempleo, sostiene Forbes, esta caída está siendo acelerada por la pandemia del COVID-19, que no hace más que exacerbar los problemas de desigualdad creados por el capitalismo. En palabras de Forbes, “las proyecciones del PIB de Estados Unidos oscilan, según quien las haga, entre simplemente pesimistas y colapso económico absoluto, por lo que la verdad debe hallarse en algún punto intermedio.»

Y es que son nuestras asunciones, y las mentiras que nos han repetido desde muy jóvenes las que nos dicen que los mercados los mueve una “mano invisible” que regula la oferta y la demanda, y que el capitalismo laissez-faire no necesita gobiernos intervencionistas ni ser regulado jamás… hasta que les conviene.

“Porque obviamente no funciona. El crecimiento sin límites es imposible en un planeta cuyos recursos son limitados“

Porque obviamente no funciona. El crecimiento sin límites es imposible en un planeta cuyos recursos son limitados, (está claro que no podemos continuar consumiendo más agua, quemando más combustibles fósiles y generando cada vez más CO2 sin encontrarnos con los límites de lo físicamente posible en el planeta,) y el capitalismo que han inventado unos cuantos, los que no quieren ser regulados, son los mismos que tras la crisis de 2008 pidieron rescates para los bancos, porque son “demasiado grandes para caer”. Cuando hasta el ultra capitalista y multi billonario Ray Dalio, fundador del mayor fondo de inversión del mundo “Bridgewater Associates” dice estar preocupado, y aboga por una reforma total del capitalismo, «antes de que haya una revolución” es momento de planteárselo.

“ […] y a continuación piden dinero público para pagar a los negocios y particulares asegurados en sus aseguradoras, porque ellos, no van a pagar. Una vez más, beneficios privados, rescates públicos”

Y es que hoy, en cuanto un virus como el COVID-19, de limitada mortalidad, (en términos epidemiológicos) hace tambalear el sistema entero… volvemos a sufrir rescates a bancos privados, aerolíneas y otras empresas millonarias… Por segunda vez en apenas 10 años. Claro que por suerte esta vez, algunos países están rescatando hasta a los ciudadanos. Lo que sea por detener la revolución. Pero los capitalistas no quieren pagar. Tanto es así que Charles Chamness, el presidente y CEO de la Asociación Nacional de Mutuas de Seguros, en Estados Unidos, ya ha dicho que «las pandemia son, simplemente riesgos no asegurables, se expanden demasiado, son demasiado severos, y son impredecibles para la industria de seguros”, y a continuación pide dinero público para pagar a los negocios y particulares asegurados en sus aseguradoras, porque ellos, no van a pagar. Una vez más, beneficios privados, rescates públicos.

Entonces… ¿Dónde está la mano invisible del mercado? ¿No deberían entonces caer todas estas empresas? Y he aquí la primera regla del capitalismo libertario. Su empresa sí, mi querido lector, la mía también, pero las suyas no. Las suyas son muy grandes para caer, lo que nos ha dado ya el lema anglosajón “Too Big to Fail” repetido sin límites en prensa y televisión. Y es que si hay algo que le guste más al capitalismo que la privatización de beneficios es el rescate con fondos públicos. ¡Cómo son de socialistas éstos capitalistas cuando les interesa!

Por eso en tiempos de COVID, a los socialistas nos hace especial gracia cuando vemos que gobiernos capitalistas ordenan a sus empresas la manufactura de productos -véase, máscaras- como en tiempos de guerra, interviniendo artificialmente «la oferta», dado el incremento de la “demanda”. Es decir, probando una vez más, que esa «mano invisible» es en efecto invisible, inaudible, afásica e inexistente.

Y así pasa, que esta brutal combinación de deuda (tan bestial, que se debe dinero en cantidades que no existen), sumada a la inmensa -y creciente- brecha salarial, las recesiones de 2008 y a la que estamos empezando a descubrir en 2020, están creando una inestabilidad y un clima de lucha de clases que mi generación nunca había vivido. Este clima engendra un caldo de cultivo para los ultranacionalismos occidentales que están deseando despertar de su letargo y genera la polarización más extrema que esta sociedad ha visto. Una polarización que abre la puerta a formas de supremacía como la xenofobia o el racismo, tanto a nivel institucional como civil.

“[…] cuando la familia media (blanca) en Boston y alrededores tiene un patrimonio de $247.500 dólares, la familia media (negra) tiene $8“

Y es que el COVID ha hecho algo por nosotros, los escépticos del capitalismo, y es dejar en evidencia un problema de distribución de la riqueza que no es nuevo, pero que cada vez más, se ve expuesto. Ha demostrado que cuando la familia media (blanca) en Boston y alrededores tiene un patrimonio de $247.500 dólares, la familia media (negra) tiene $8. No, $8 no es un error, como creía el Boston Globe. Es todo lo que la familia media negra posee en la zona. Y es que cuando vives en una sociedad con esta desigualdad de hereditaria índole y miles de familias no reciben su salario un mes o dos, unos se ven más afectados que otros, y entonces una cerilla como George Floyd convierte ciudades enteras en polvorines y nos devuelve a los tiempos de los “Panteras Negras”, y con derecho. El problema no son unos cuantos policías, sino el racismo de un sistema económico expansivo, imperialista y discriminatorio. Éstos son los problemas sistémicos con los que Estados Unidos se proclama líder del capitalismo mundial mientras sus ciudadanos sufren, y arrastran traumas intergeneracionales, perpetuando hasta hoy los roles de ambos, opresores y oprimidos.

El COVID también ha demostrado que los salarios de los trabajadores no reflejan las necesidades de la sociedad, basándose en la oferta y la demanda; ya que durante la pandemia, la sociedad literalmente habría muerto si los reponedores no se hubieran jugado la vida para mantener las estanterías del supermercado llenas; Pero el capitalismo valora su salario en… el salario mínimo interprofesional, sin vacaciones pagadas ni seguro médico; o como diría Marx, lo mínimo, mínimo, mínimo para que vuelvan a trabajar el día siguiente. Y no más. Y es que estos trabajadores que literalmente nutren a la ciudadanía, bajo el anarcocapitalismo de Estados Unidos apenas pueden alimentar a sus familias. Mano invisible con dedo acusador, si acaso.

“¿Es el capitalismo el mejor sistema que hemos inventado hasta la fecha? Quizá. ¿Deberíamos por ello dejar de buscar? Rotundamente no. De ser así habríamos parado en el feudalismo.”

 

El Capitalismo

¿Es el capitalismo el mejor sistema que hemos inventado hasta la fecha? Quizá. ¿Deberíamos por ello dejar de buscar? Rotundamente no. De ser así habríamos parado en el feudalismo, al que a su vez no habríamos llegado, ya que también habríamos parado en el modelo de producción esclavista anterior. La única alternativa es el progreso. A menudo me pregunto cómo civilizaciones lejanas futuras juzgarán a la nuestra…. y me temo que poco les importe el IBEX35 y NASDAQ, sino que nos midan en términos como la compasión y la empatía.

Así que en tiempos como éstos debemos preguntarnos cuáles son los retos más importantes a los que nos enfrentaremos en los próximos años, así como qué podemos hacer hoy para garantizar el bienestar de la mayoría de las personas de la tierra. Pero soy de la opinión de que para desmontar el capitalismo y volver a construir encima, debemos desenmascarar algunas de las mentiras que actúan como cimientos.

El capitalismo se cuelga la medalla del comercio o los mercados, pero éstos existían miles de años antes, desde que los humanos necesitaron acceso a algo que el producto de su trabajo individual no podía proveer, el resultado fue el comercio. Si acaso, los mercados y el comercio organizado son signos de civilización, no una invención del capitalismo.

El capitalismo asume que el ser humano es vago y holgazán, que la pobreza es culpa del individuo y muestra de una falta en su carácter y  trata de convencernos de que una red de seguridad mínima como la Renta Básica Universal, que apenas cubre las necesidades básicas de las personas más necesitadas, es desmerecida y “hace más vagas a las personas”. Irónicamente este capitalismo considera que las fluctuaciones en bolsa que generan millones en un sólo día y generan cero valor para la sociedad son honrosas y merecidas.

De este modo el capitalismo vitorea y premia obscenos beneficios corporativos mientras aplica salarios punitivos a las personas que más valor proveen a la sociedad, (profesores, personal sanitario…) mientras ignora y desmerece a todo el que no genere un rédito económico, (los que cuidan de nuestros mayores, enfermos o niños, amos y amas de casa etc.)

El capitalismo habla de Adam Smith, su oferta y su demanda, y como ésta regularía el coste de bienes y servicios. Prueba de este error son los réditos millonarios de los billonarios (y pronto trillonarios) y cómo se comparan a los del personal no en vano llamado “esencial” en tiempos de crisis. ¿En tiempos de pandemias y recesiones, dónde están las bajadas de sueldo de banqueros y gestores y las subidas de reponedores, cuidadores, enfermeros y cajeros de supermercado que literalmente se juegan la vida para mantener vivos a los primeros?

El capitalismo nos ha convencido de que la mejor manera de medir el bienestar de un país es en términos económicos agregados, es decir el PIB, que por supuesto, también es una invención reciente. Si bien el sumarlo todo en principio parece lógico, Estados Unidos nos demuestra que cuando el 1% tiene más que el 95% de abajo sumado; y el top 0.01% ha multiplicado su riqueza más de 10 veces desde 1980, en términos agregados el país es rico, pero su gente es pobre. Si añadimos la falta de seguros sociales, acceso a la sanidad o educación superior, brecha salarial, racial, además de su deuda, déficit y un largo etcétera, creo que lo que debemos realmente preguntarnos es en qué medida Estados Unidos es un país pobre, y que vara de medir utiliza el capitalismo para engañarnos. Aunque claro, siempre existen los capitalistas que creen que la plutocracia es deseable y sana, como detallaba la polémica carta de Citigroup a sus máximos inversores, antes de la crisis de 2008. Creo que para el lector con capacidad de discernimiento moral, la confesión por escrito de los dueños de Citibank genera más sentimiento anti-capitalista que «El Manifiesto Comunista” y “El Capital” juntos.

Pero del mismo modo, el lector se sorprenderá entonces al oír, que ya en 1968 Robert Kennedy, entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, dijera en aquel discurso en la Universidad de Kansas:

 “[El PIB] cuenta los cerrojos que ponemos en nuestras puertas y las cárceles para las personas que los rompen, cuenta como positiva la destrucción de nuestros árboles y la pérdida de nuestras maravillas naturales en una expansión caótica. Cuenta el Napalm producido y las cabezas nucleares, y los coches blindados de la policía que detienen las revueltas en las ciudades […]»

Pero no tiene en cuenta la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación o lo risueño de su infancia. No incluye la belleza de nuestra poesía, ni la fortaleza de nuestros matrimonios, la inteligencia de nuestro debate público o la integridad de nuestros oficiales electos. El PIB no mide nuestra inteligencia ni nuestro coraje, nuestra sabiduría o nuestro aprendizaje, ni mide nuestra devoción por nuestro país… Por acortar, [el PIB] mide todo, excepto lo que hace que vivir la vida tenga sentido.”

Palabras directas al corazón, para desenmascarar una métrica falaz como es el PIB, que el capitalismo utiliza como piedra angular para sus métricas del ego.

A la vez, algo que sorprenderá al ciudadano que se detenga a pensar en ello es la ineptitud del capitalismo a la hora de generar puestos de trabajo, -España está siempre entre los índices de desempleo juvenil más altos de Europa con Grecia e Italia-. ¿Cómo es posible que haya desempleo? Nuestro país y prácticamente cualquier otro país capitalista del mundo tiene escasez de vivienda pública, escasez de trabajadores sociales, aulas superpobladas y los distintos cuerpos del estado -bomberos, sanidad pública etc- están siempre cortos de recursos… ¿Cómo es posible? Trabajo por hacer, hay mucho.

Lo que hay es una redistribución de los recursos que no permite que las personas que más valor generan a la sociedad se beneficien, los millonarios se hacen billionarios, los billonarios trillonarios y «la brecha” sigue aumentando.

Pero la escasez de trabajo que sufrimos es por diseño. Y es que el capitalismo como sistema económico, requiere que sus miembros trabajen para sobrevivir pero de manera consistente prueba que bajo este sistema no hay empleos para todos. Lo que hay es una redistribución de los recursos que no permite que las personas que más valor generan a la sociedad se beneficien, los millonarios se hacen billionarios, los billonarios trillonarios y «la brecha” sigue aumentando. Los ricos cada vez son mucho más ricos, y los pobres un poco más pobres. Y ésto no ocurre como falla del sistema, sino que ocurre por diseño. Porque el capitalismo no es un sistema que tenga como objetivo cubrir necesidades de los habitantes sino generar beneficios corporativos; todo lo demás es un subproducto. “La curva Laffer” como representación gráfica del efecto goteo de la economía neoclásica no funciona. Pero el capitalismo a veces olvida que las economías, los países y las civilizaciones, no son construidas por el político y su burocracia, o las grandes corporaciones y sus beneficios privados (en España, las grandes empresas no suponen ni el 1% del tejido empresarial, como reporta Eurostat año tras año), sino que estas estructuras sociales fueron construidas y se mantienen gracias a pequeñas empresas, obreros, artesanos y autónomos. Y por ello, considero de lo más natural pensar que debemos ser nosotros quienes controlemos los medios de producción, y quienes privaticemos nuestro propio beneficio.

Adam Smith quizá se equivocara, -a finales de 1700 no se cuestionaba que una persona pudiera llegar a ser el primer trillonario de la tierra– pero los teóricos capitalistas “laissez-faire»  de hoy mienten. Mienten cuando dicen que el gobierno tiene que regular menos, porque “el libre mercado se regula solo”. Pero aún de manera más flagrante, mienten cuando dicen que «no desean un gobierno intervencionista», porque en cuanto les conviene, ruegan rescates a bancos, aseguradoras, aerolíneas y grandes conglomerados privados, como hemos visto -especialmente en España, pero también a nivel global- en 2008 y de nuevo en 2020.

Irónicamente, en las conversaciones que he tenido con americanos anarcocapitalistas, están de acuerdo conmigo en este punto, y en palabras suyas, las empresas que necesitan rescates públicos, bajo valores puros capitalistas, debería dejar de existir, porque han fallado en su objetivo de generar beneficio para sus accionistas mientras sortean obstáculos. Por lo menos estamos de acuerdo en algo.

“Todas estas entidades, privadas, que han seguido dado beneficios, privados, piden ayudas, esta vez públicas, para cubrir agujeros en las dos crisis que ha habido en apenas 10 años. Así son de socialistas con sus pérdidas, no tanto con sus beneficios”

Todas estas entidades, privadas, que han seguido dado beneficios, privados, piden ayudas, esta vez públicas, para cubrir agujeros en las dos crisis que ha habido en apenas 10 años. Así son de socialistas con sus pérdidas, no tanto con sus beneficios. Así es como “se autorregulan” sus mercados; pagando nosotros por sus pérdidas y cobrando ellos ellos «nuestros beneficios”. Que corresponden sino a todos, al menos a sus trabajadores. “Pero mira Cuba!” exclaman, como único argumento cuando uno resalta cualquiera de estos puntos. Y es que hoy en día se debate poco, y esos 30 segundos del café prueban no ser suficientes para desmontar décadas de mentiras.

Todo este problema viene definido por el “Too Big to Fail”. Tendrá que perdonarme mi querido lector, pero considero de sentido común que si un banco (como fue Bankia en su momento) es tan grande que no puede caer, es demasiado grande para existir, en primer lugar. O dicho de otro modo, si una entidad privada se convierte en inmune ante mala praxis, no podemos permitir que ésta opere, y hay que detenerla desde un principio. ¿Poder sin responsabilidad? Ni en sus mejores sueños, libertario. Va a ser que al final, sí que soy un poco comunista.

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