Ha llegado la Selectividad y, con ello, muchos alumnos nuevos entrarán en la universidad. Me apetece compartir, como antiguo estudiante, mis impresiones sobre los errores que veo en la concepción actual de la universidad pública y mi consejo para quien vaya a elegir ahora qué grado cursar.

Lo principal que tengo que decir es que tener un grado universitario ya no es algo que te distinga de los demás. Hay mucho boomer, especialmente mucho político boomer, preguntándose cómo es posible que su hijo (o los hijos de sus votantes, que le quitan el sueño por las noches, qué duda cabe de ello) “tenga carrera” y no encuentre trabajo. Si fuese algo observador, se daría cuenta de que, hoy en día, tener un grado universitario no es nada raro. Ya no llama la atención, pero tampoco debe creerse el lector que es algo particular de España: en casi todos los países, especialmente los asiáticos, tener estudios superiores es la norma y no la excepción.

«Te estoy proponiendo que seas realista y asumas que no hay nada especial en tener un grado.»

En definitiva, tener formación universitaria no te garantiza nada. Quien te diga que eres especial por tener un grado de la rama de Ciencias Sociales y Jurídicas se olvida de que, en el curso 2018/2019, hubo otras 95000 personas que también se graduaron contigo en España. Noventa y cinco mil personas a las que hay que encontrarles un puesto de trabajo cualificado en un país en el que crear una empresa es un infierno. No cuesta imaginar, entonces, por qué un graduado en Derecho cobra menos de 2000 euros brutos al mes al cuarto año de terminar la carrera. Aunque si lo veis mal, en Traducción e Interpretación van por los 1700 euros brutos al mes.

¿Me estás proponiendo que no estudie un grado? No. Te estoy proponiendo que seas realista y asumas que no hay nada especial en tener un grado. Cuatro de cada mil personas en España obtienen estudios universitarios cada año. Es un dato brutal, pero es posible que incluso me quede corto. Puedes verlo desde una perspectiva romántica o asumir que necesitas elegir una formación que satisfaga una demanda real en el mercado. Y no lo digo de forma retórica: realmente tienes las dos opciones. Si te apetece ser de los que digan que “no encuentran trabajo de lo suyo” dentro de diez años, sigue lo que te diga tu corazón.

Si, por el contrario, quieres que te vaya bien, asume ya que la universidad ya no es algo especial. La Selectividad la aprueba todo el mundo y en mi universidad, estudiando Matemáticas, se vanagloriaban de que cada año aprobaba un mayor porcentaje de los alumnos. El sistema quiere que te sientas bien y apruebes, está pensado precisamente para aumentar tu satisfacción momentánea al entregarte el título que tanto ansías. Si le echas años, te sacarás la carrera que tú quieras. Cualquiera puede. Por mucho que nos digan lo contrario, el sector público funciona como una empresa, satisfaciendo los deseos de sus ciudadanos. ¿Queremos que todo el mundo tenga una carrera? ¡Faltaría más! Ya os digo yo que, cuando entréis en la universidad, veréis a auténticos zoquetes en vuestra clase; si persisten, igual tardan un año o dos más, pero serán graduados igual que vosotros. La universidad saca graduados por encima de sus posibilidades.

«El sistema quiere que te sientas bien y apruebes, está pensado precisamente para aumentar tu satisfacción momentánea al entregarte el título que tanto ansías»

“Es que hay carreras muy difíciles, que requieren gran habilidad y dotes naturales”. Que no os cuenten películas. Yo tengo una de esas supuestas carreras, Matemáticas, y no es cierto. El formato de examen y las facilidades que te ponen hacen que, tarde o temprano, le cojas el tranquillo al examen y apruebes. El resto son cuentos. Suena duro, pero no escuches lo que te diga un boomer sobre la universidad. Hazme caso a mí, que me fui de allí hace menos de tres años. Si quieres, puedes.

Coge la carrera más difícil y con más salidas que encuentres en la rama que te guste. Olvídate de que es imposible sacarla: es mentira. Escoge el proyecto más ambicioso y me darás las gracias en el futuro. Cualquier otra opción te llevará al fracaso; excepto si tu padre es rico y te puede colocar. Entonces, elige lo que quieras. El mundo era tuyo antes de que nacieras, no te hace falta conquistarlo.

Gracias por leer este intento de evitar un futuro lleno de personas resentidas.